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López Bravo, un pilar del Opus Dei en el franquismo

Responsable de dos carteras ministeriales durante el franquismo (1962-1973), Gregorio López Bravo fue, junto a Laureano López Rodó, uno de los máximos exponentes de la etapa tecnocrática del régimen anterior, que se extiende desde el plan de estabilización hasta la crisis política abierta por el nombramiento de Carrero Blanco como presidente del Gobierno. Su llegada al Gobierno para ocupar el ministerio de Industria, en 1962, se produce en el momento en que España inicia su mayor despegue económico; su cese como ministro de Asuntos Exteriores, en 1973, coincide también con el final de esa etapa de desarrollismo, bruscamente quebrada por la crisis energética.Su biografía de ministro abarca asimismo el tiempo en que el integrismo católico, impulsado por el Opus Dei, -organización de la que fue un pilar destacado-, dominó la política española, tras desplazar de las áreas del poder a los sectores falangistas y a los pertenecientes a la Asociación Nacional Católica de Propagandistas. A tono con la crisis de las ideologías que profesaban sus compañeros de Gabinete, López Bravo se confesaba partidario de la política de hechos, a la vez que "políticamente independiente" y "un liberal reprimido".

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Nació en Madrid el 19 de diciembre de 1923. Perteneciente a una familia modesta -su padre era funcionario de Hacienda, y su madre, maestra- Terminó la carrera de ingeniero naval en 1947 y marchó a Estados Unidos, donde realizó prácticas de dirección de empresas. A su regreso inició sus actividades profesionales en la Empresa Naval de Sestao (Vizcaya), la más importante constructora del momento. Pasó después a los astilleros de Matagorda (Cádiz). En 1956 fue nombrado director de la Naval de Sestao. Esta conexión con el sector le llevaría, años más tarde, a impulsar una industria naval, rayana en el gigantismo, cuyos efectos negativos llegan hasta la reconversión actualmente en marcha.

En 1959 se inició en la vida pública, al ocupar el cargo de director de Comercio Exterior. Un año después, pasa a la dirección general del Instituto Español de Moneda Extranjera (IEME).

El 10 de julio de 1962 fue nombrado ministro de Industria por el general Franco, cargo que ocupó durante siete años.

Cuando en octubre de 1969 estalló el escándalo Matesa, López Bravo se vio salpicado por el mismo, al igual que todo el equipo tecnocrático del Gobierno, que, lejos de perder el control de la situación, se alzó con el poder absoluto en el siguiente gabinete. López Bravo dejó la cartera de Industria para ocupar la de Asuntos Exteriores, en sustitución de Fernando María Castiella.

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Quizá la actividad más espectacular de su trabajo diplomático fue la potenciación de las relaciones con los países del Este, sin modificar ni un ápice los compromisis españoles con Washington. En este sentido fue clave su escala técnica en el aeropuerto de Moscú, donde mantuvo un encuentro con el dirigente soviético Kovaliev. Estableció relaciones plenas con China. Renovó, en agosto de 1970, los acuerdos con Washington. Ese mismo año firmó el Acuerdo Preferencial con el Mercado Común, todavía en vigor. Cesó en 1973.

Tras la muerte de Franco fue designado presidente de la Comisión de Leyes Fundamentales de las Cortes y figuró en la tema del Consejo del Reino, en la que se eligió a Adolfo Suárez como presidente del Gobierno. Fue elegido diputado por Madrid en las elecciones de 1977, dentro de la alineación de los siete magníficos presentada por Alianza Popular, de la que se separó posteriormente para dedicarse a la la actividad empresarial. Ha sido presidente de Sniace y consejero del Banco Español de Crédito, Acerinox, Petroliber, Unión de Explosivos Río Tinto y Motor Ibérica.

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