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Mitterrand celebra en el Reino Unido los 80 años de la 'entente cordiale'

La reina Isabel II de Inglaterra y el presidente de la República Francesa, François Mitterrand, celebrarán durante tres días en el Reino Unido el 80º cumpleaños de la llamada entente cordiale entre ambos países.Es un viaje de Estado protocolario, pero la primera ministra británica, Margaret Thatcher, también participará en las solemnidades, y aunque los problemas bilaterales, comunitarios e internacionales quedarán prácticamente congelados hasta la cumbre franco-británica de finales de noviembre en París, conviene resaltar que Mitterrand se entrevistó anteayer con el presidente argentino, Raúl Alfonsín, de visita oficial en París, y ahora el presidente francés, que apostó por Thatcher en la guerra de las Malvinas, va a entrevistarse con la primera ministra británica.

La entente cordiale se resume en una serie de convenciones firmadas en 1904 por británicos y franceses para matasellar su acercamiento casi en vísperas de la primera guerra mundial. Los dos países coloniales por excelencia de aquella época reajustaron las fronteras, y, del mismo modo que Francia dio carta blanca al Reino Unido en Egipto, Londres dejaba las manos libres a París para actuar en Marruecos. Desde entonces, franceses y británicos analizan sus relaciones a través del filtro que proporciona la fórmula histórica de la entente cordiale.

En esta ocasión, el presidente François Mitterrand, que fue recibido ayer con todos los honores por la reina Isabel II en la estación Victoria, verá cómo ágapes, festejos y solemnidades rellenarán los espacios más sustanciales de los tres días de su visita de Estado.

Mitterrand pronunciará un discurso ante las dos Cámaras del Parlamento del Reino Unido para "rendir homenaje a la democracia británica y al papel ejemplar que ha desarrollado el Reino Unido en la historia de la democracia". El aire que va a presidir la celebración de la entente cordiale lo hizo perceptible ayer el portavoz del palacio del Elíseo al manifestar que Francia y Reino Unido han estado la una al lado del otro siempre que se ha tratado de seguridad, de lucha por la paz, de búsqueda de equilibrios mundiales, o de defender sus concepciones semejantes de la democracia.

Por lo demás, franceses y británicos se encuentran en un momento en el que sus relaciones son mucho mejores de lo que podían imaginar quienes creían que el izquierdismo del socialista Mitterrand y el derechismo de la conservadora Thatcher no podían por menos de colisionar violentamente. Sus opciones atlánticas, y en favor de la implantación de los euromisiles norteamericanos contra la URSS, son más o menos idénticas. La presidencia francesa comunitaria no dejó descontentos a los británicos, y los asuntos bilaterales evolucionan satisfactoriamente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 24 de octubre de 1984