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Tribuna:

Guerra

Es la guerra. El país se estremece con los ecos del combate: un entrechocar de cotilleos, un zafarrancho monegasco, un salpicón de sangre azul. Está en juego el trono de la prensa principesca. Hola, la emperatriz del ramo, ruge y enseña los colmillos. La revista, la aventurera usurpadora, ataca con la ferocidad propia de los muy jóvenes y muy ambiciosos. Es una revolución en toda regla.

La revista ofrece un portentoso mimetismo con el Hola: el formato, los tipos, los gramos del papel, los satinados. Pero aún es mas asombroso el contenido: las dos publicaciones se persiguen, se copian, se repiten. Carmina Ordoñez habla de Paquirri en una y otra, la Pantoja llora desconsoladamente por dos veces, la princesa Carolina pasea doblemente a su retoño, y la entrevista Preysler/Iglesias se anuncia en ambas portadas, aunque sea una exclusiva de Hola.

Los VIPS, los finos y los guapos, habitantes este imperio de papel, están destrozaditos de zozobra. Pobres. Ellos, que están acostumbrados a un mundo etéreo y terso en el que lo revolucionario es siempre malo y desde luego una horterada, no saben qué actitud tomar ahora ante tal trastorno de valores. La batalla es a muerte, eso está claro, y los dos semanarios disparan ofertas millonarias y enfados colosales. Terrible tesitura, la de nuestros finos oficiales. ¿Con quien quedarse? ¿Aceptaré el astronómico contrato de colaboración que me ofrecen los unos arrostrando la enemistad eterna de los otros? ¿Venderé una entrevista mia a éstos sabiendo que, si lo hago, aquellos no volverán a sacarme en su revista? ¿Y si escojo mal? ¿Y si doy mi apoyo al perdedor? Es un delicadísimo conflicto moral y pecuniario. No caben posturas intermedias: o están con la vieja emperatriz o están con la joven agresora. Y cuando todo acabe con la muerte de alguna de las dos, la vencida arrastrará en su caída a aquellos que la apoyaron, los mas por falta de intuición estratégica, algunos quizá por ser leales. Utilizando simples leyes de estadística, se puede deducir que en poco tiempo van a desaparecer M estrellato algo así como la mitad de nuestros VIPS.

Las grandes convulsiones de la Historia son así.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 13 de octubre de 1984