El Atlético salió del laberinto al final
Aquello había sido todo un laberinto blanquiazul. Los aventureros rojiblancos estaban extenuados de tanto pretender encontrar la salida, el hueco, por el que introducir el balón, pero sus esfuerzos se antojaban definitivamente vanos. Ni por la derecha ni por la izquierda Ni por arriba ni por abajo. Hugo Sánchez y sus compañeros no sólo no habían podido dar esquinazo a Cartagena y los suyos, sino que incluso se habían dado de narices contra ellos, prestos a interponer se por las buenas o por las malas Ruiz, una vez, hasta se había llevado por delante a Espinosa al errar el destino de su cabezazo presuntamente rematador. Y el reloj ya marcaba la hora. Fue entonces cuando el inadvertido Morán advirtió un resquicio para impulsar el esférico.Entró o no entró. Traspasó o no traspasó la raya. La repetición de la jugada en los videomarcadores del estadio pareció responder que sí, que la pelota había encontrado una salida, un hueco, en el laberinto para rebasar sus límites prohibidos. Los jugadores del Hércules no estuvieron, por supuesto, de acuerdo. Tenían enamorada a la novia del punto positivo y sus inesperadas calabazas les soliviantaron. Espinosa, que había acumulado méritos y más méritos con sus reiteradas intervenciones certeras, no se resistió a acertar una vez más, pero no para despejar el balón, sino para derribar a Pedraza. El feo fútbol practicado culminaba, pues, en el feo espectáculo de


























































