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Tribuna:INVERSIONESGESTIÓN

Ganar por cuenta ajena

Las sociedades de gestión pueden ayudar a quienes desean mejorar su patrimonio

Desde que Banif comenzó sus actividades en 1962 ha llovido mucho. Aquella iniciativa suponía introducir en España uno de los usos y costumbres más extendidos entre los inversores de los países anglosajones: las sociedades de gestión de patrimonios. En estos momentos, la aparición real de las exigencias fiscales pone más en 11 candelero a estas entidades, que ofrecen algo más que una administración tradicional.

Las sociedades de gestión de patrimonios no se encuentran reguladas por ninguna disposición legal aunque se prevé que la futura ley de inversiones colectivas introduzca una serie de controles por parte de las autoridades monetarias, especialmente en lo que respecta a la obligación de entregar regularmente informes sobre la formación de sus carteras de valores.Este hecho tiene gran importancia de cara a los inversores por una sencilla razón: la garantía que poseen estas entidades se basa en el grado de profesionalidad de sus responsables y donde la actividad desarrollada a lo largo de muchos años sirve como única referencia.Las sociedades de gestión de patrimonios son, en definitiva, unas entidades que cuentan con expertos en los mercados de capitales y del dinero -especialmente en bolsa- y con otros especialistas en el tratamiento fiscal de las inversiones y del patrimonio. Algunos de sus clientes desean convertirse en propietarios de una cartera de inversiones (es decir, un conjunto de títulos de renta fija o variable). Otros, por el contrario, ya la poseen y quieren que estos expertos se ocupen de todo lo rela cionado con su mejoramiento.Una buena parte de esta cliente la está formada por profesionales liberales que durante los últimos años han estado comprando valo res para desgravar su declaración de la renta. Con el paso de los años, el volumen de títulos y su colocación dispersa entre distintas entidades bancarias convierten su seguimiento, cuando no su administración, en una difícil tarea, agravada en muchos casos por el desconocimiento de los mercados de valores y por la falta de tiempo para ocuparse de este asunto.Sanear es rentable

En otros casos, los clientes han recibido esa cartera a través de una herencia, pero el resultado es el mismo. Aparece aquí una de las primeras funciones de las sociedades de gestión: reordenar carteras preexistentes, a las que muy a menudo es necesario sanear para obtener el máximo partido posible.

El caso es que, tanto en unos casos como en otros, los responsables de la sociedad de gestión lo primero que piden al cliente es que éste les señale cuáles son los objetivos que pretende con su futura cartera. Aquí las posibilidades oscilan entre una posición absolutamente conservadora, que consistiría en formar un patrimonio mobiliario a base de invertir exclusivamente en valores de renta fija (del Tesoro, para mayor seguridad), hasta, al otro extremo de la calle, la actitud más audaz, que estaría basada en la exclusiva inversión en valores de renta variable y, por si fuera poco, limitada a aquellos que registren la mayor volatilidad.

Otras diferencias de objetivos se derivan de'que unos inversores pretenden capitalizar todas las plusvalías y otros, por el contrario, desean retirar los recursos generados año tras año.

La experiencia de estos profesionales, sin embargo, como reconoce Fernando Iriondo, director general de Pas, gestora que funciona desde 1970, es que los clientes suelen tender hacia actitudes conservadoras. "Quien quiere dirigir su inversión hacia las operaciones especulativas de alto riesgo, termina siendo él mismo quien opera en la bolsa. Nosotros, en definitiva, siempre seríamos más cautos, puesto que estamos manejando dinero ajeno", comenta.

Precisamente ésta es una de las características de las sociedades de gestión: siempre actúan por cuenta ajena, es decir, no asumen riesgos y, al mismo tiempo, tampoco aseguran ningún tipo de rentabilidad. Es el cliente, a la hora de diseñar los objetivos económicofiscales de su cartera quien elige. La gestora procurará ajustarse lo más posible a esa meta.

Hasta hace unos años, situar la rentabilidad de una cartera por encima del índice general de la bolsa servía como punto de referencia para valorar la bondad de la gestión. Pero eso es agua pasada. En la actualidad, donde un patrimonio-tipo está compuesto por un tercio de valores de renta fija, otro tercio de renta variable y otro tercio en activos monetarios, los profesionales se guían por la evolución del índice de precios al consumo y, cada vez con mayor frecuencia, por los tipos medios de las emisiones en renta fija.Por otra parte, la forma de ope rar es muy sencilla: el inversor se dirige a una de estas sociedades las más importantes son Banif, Urquijo Gestión de Patrimonios (del grupo del Banco Hispano Americano), Gesbancaya (del gru po Banco de Vizcaya), Pas y Safei (independientes y regidas por pro fesionales ligados a bolsa)- y después de fijar sus objetivos (se confecciona un presupuesto anual de necesidades de tesorería por parte del inversor), debe instrumentar esta operativa a través de un poder notarial para que la sociedad pueda comprar y vender valores en nombre del cliente.

Éste, por su parte, elige libremente el banco depositario de los valores (es aconsejable que sea solamente en una entidad, para simplificar la gestión). La gestora le informa periódicamente sobre la evolución del patrimonio y, al mismo tiempo, suele realizar un control paralelo de la cuenta bancaria.

A la hora de fijar los objetivos del cliente, uno de los criterios que cada vez se tienen más en cuenta son sus necesidades fiscales. Los responsables de las sociedades de gestión tienen muy en cuenta la situación particular de cada ahorradorpara, de esta forma, diseñar un plan personal de inversiones, que en buena medida varía incluso en razón de la edad del inversor. La la declaración de la renta del cliente suele estar contemplada en casi todas las sociedades.

Los expertos subrayan que comienza a ser rentable acudir a una gestora desde el momento en que se cuente con un patrimonio mobiliario mínimo de tres millones de pesetas, límite, por otra parte, para que algunas acepten asumir su gestión: no hay que olvidar que estas entidades cobran por sus servicios, lógicamente.

Las tarifas oscilan de unas a otras, pero, en líneas generales, se sitúan en torno al 1 % anual del patrimonio invertido y otro 3% anual sobre el incremento obtenido. Otras cobran una cantidad fija al año.

El caso es que los clientes de estas sociedades comienzan una relación puramente profesional con los responsables que, con el paso de los años, suele terminar en algo más profundo. El especialista llega a convertise en una especie de conJesor económico, al que se consulta todo: desde un testamento al asesoramiento sobre bienes inmuebles, un aspecto que dificilmente acomete este tipo de sociedades. El secreto profesional -uno de los más valiosos activos de las gestoras- incide en esa imagen.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 8 de julio de 1984