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Reportaje:

Policías de barrio, con pistolas anticuadas y sin transmisores-receptores, caminan 15 kilómetros en San Blas

Unos 550 policías municipales tomaron parte ayer, la mayoría patrullando a pie los barrios madrileños más inseguros, en la primera jornada de actividad de la denominada policía de barrio. Es la segunda ocasión en que el Ayuntamiento de Madrid pone en marcha este servicio de ayuda al ciudadano y de prevención y represión de la delincuencia menor. La experiencia impulsada en 1981 por José Barrionuevo y Rafael Vera, entonces responsables de la Policía Municipal madrileña, apenas duró seis meses y sus resultados no fueron satisfactorios. Este segundo intento promovido por el actual equipo de gobierno municipal, responde al deterioro de la seguridad ciudadana registrado durante los últimos meses.

A las siete de la mañana de ayer, Pedro, de 45 años, y Ramón, de 38, ya estaban en la agrupación de Policía Municipal del distrito de San Blas. La mañana del primer lunes de abril iba a ser especial para ellos. Por primera vez iban a actuar como verdaderos policías de a pie por un bardo que ya habían pateado en numerosas ocasiones para poner multas de tráfico, realizar informes de convivencia o buena conducta y repartir notificaciones municipales. Otros 10 agentes, entre ellos tres mujeres, estaban en la misma situación por la mañana. Por la tarde seis parejas tornarían su relevo.Siete horas y media después, Pedro y Ramón, dos hombres de mediana altura, gruesos, aspecto bonachón y más de tres lustros en el cuerpo, habían caminado unos 15 kilómetros por rutas de San Blas previamente establecidas por sus superiores en función de estudios sobre la inseguridad ciudadana. Habían recorrido tres veces la calle Amposta, donde son frecuentes los robos y atracos a tiendas. Habían dado varias vueltas por una galería comercial y por un par de ambulatorios del barrio, lugares favoritos de los practicantes del tirón al bolso de señora. Circularon también por el parque de San Blas, escenario de bisnis o negocios de drogas y, de asaltos a punta de navaja. En fin, se habían dejado ver.

Caminando despacio, deteniéndose al observar una conducta sospechosa o preguntando a un comerciante si todo estaba en orden, los policías municipales-de-barrio intentaron parecerse lo más posible a los bobbies británicos de las películas, el modelo clásico de agentes próximos al ciudadano. "El público", decían, "ha respondido bien, nos ha alentado a seguir así".

Robo de un coche

A media mañana los agentes fueron interpelados por un señor que denunció el robo durante la noche anterior del coche de su hija, un Seat 600, matrícula M-520.658. El vehículo había desaparecido de la calle de San Mariano. Los policías municipales tomaron nota en sus cuadernos y prometieron que estarían atentos. Dos horas después, frente a la comisaría de San Blas, el denunciante volvió a abordar a los agentes. Había buscado a pie el automóvil por el distrito y lo había encontrado al final de la avenida de Aragón. Dentro todo estaba revuelto, pero no faltaba ni un papel. En cambio, el ladrón se había olvidado unas llaves.Salvo ese incidente y algunas escapadas de vendedores ambulantes al divisar la pareja de azules, la mañana de ayer fue tranquila en las calles de San Blas patrulladas por los dos policías. La actividad delictiva en esa zona es más intensa a últimas horas de la tarde y primeras de la noche, cuando traficantes y consumidores de droga dura están ya bien despiertos. Pero la vigilancia entonces, según el modelo de policía de barrio impulsado por el ayuntamiento, corresponde a otra pareja de la agrupación de Policía Municipal de San Blas, que cubre el turno desde las tres de la tarde hasta las once de la noche.

Una anticuada pistola Llama del 9 corto, una porra y un callejero constituía toda la dotación material de los policías de barrio que en la mañana de ayer patrullaron por el corazón de San Blas. No llevaban equipos portátiles de transmisión y recepción porque la Policía Municipal madrileña no cuenta aún con un número suficiente de ellos. Los contactos con la superioridad se hicieron personalmente: cuatro veces a lo largo de la mañana, en puntos y horas prefijados, los agentes dieron el parte de sin novedad a un sargento.

Hace un año los dos agentes empezaron a trabajar juntos en la agrupación de San Blas. Entonces eran más carteros que otra cosa, pero un día persiguieron a pie a un joven atracador que acababa de llevarse unas 15.000 pesetas de una mercería de la calle de Arcos de Jalón. El joven, que esgrimía una pistola, se les escapó. Poco después fue detenido por la Policía Nacional, que descubrió que el arma era simulada.

Con toda probabilidad ahora, en su calidad de patrulleros de a pie, esas situaciones se producirán a diario, Y los dos policías, muy serios, afirman que "no nos haremos los ciegos a los delitos que se produzcan ante nuestros ojos porque nuestra misión en esos casos es intervenir de forma inmediata, aunque, eso sí, evitaremos al máximo el uso de las armas de fuego". Los policías de barrio piensan que apretar el gatillo "puede ser peligroso para terceros".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de abril de 1984

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