Muerte en el servicio militar
El viernes 27 se nos comunicó por teléfono que mi ahijado, Antonio Fonollosa, que estaba haciendo el servicio militar, había muerto a las 13.45 horas. La versión oficial fue que estaba haciendo guardia y se le disparó el fusil. A nuestro lógico dolor se le sumó un enorme desconsuelo por varios detalles. Fuimos nosotros quienes tuvimos que hacer innumerables gestiones para saber cuándo llegaría el cadáver. Luego se nos notificó que no podíamos verle por estar "enlatado como una sardina" (textual). Ante nuestra insistencia, destaparon la mirilla de la caja de zinc y pudimos ver un bulto enmomiado cubierto de serrín. Ante eso, exigimos que acondicionaran el cadáver, para lo que se nos requirieron innumerables gestiones en el juzgado de guardia, capitanía y pompas fúnebres. Unos minutos antes del entierro -y tras ser presionados en contra-, accedieron a quitarle la venda de la cara para que le viéramos.Es inadmisible que a una familia sumida en el dolor por haber visto marchar a un hijo lleno de vida y que le sea devuelto como una simple mercancía haya sufrido esas molestias añadidas. Hoy, todavía no hemos recibido las pertenencias del chico, no hemos visto más que un certificado de defunción y carecemos de un informe del forense. /


























































