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Se celebran los XIV Juegos Olímpicos de Invierno en Sarajevo

Una empresa arriesgada

Sarajevo se ha esforzado al máximo para los Juegos. Al margen de cómo se desarrollen las competiciones, no se puede discutir el mérito a esta pequeña ciudad, que ha jugado muy fuerte en una empresa arriesgada. En un país en desarrollo, con graves problemas económicos y hasta políticos, ha ido llevando el reto con toda dignidad. "Lo único que no podernos controlar es la meteorología", contaba un alto encargado de la organización, "pero hemos, hecho todo lo posible, incluso en la programación previa, para contentar a la mayoría".En un radio de 35 kilómetros están todas las instalaciones olímpicas. Se han construido la mayoría y se han arreglado otras con habilidad, como la pista de descenso de Bjelasnica, a la que le faltaban unos metros para tener los 800 de desnivel mínimos que exige una competición olímpica. ¿Solución? Se construyó un edificio de cuatro plantas en lo más alto de la montaña y la salida actual se hace desde el equivalente a la terraza de un tercer piso. El desnivel es ahora de 803 metros. Hasta hace poco tiempo, sin explotar turísticamente, en las faldas de la Montaña Blanca, su nombre en castellano, había ciervos y lobos, como el simpático Vucko, mascota de los juegos.

Sarajevo, con la presión de cinco siglos de dominación turca, es más islámica que austrohúngara, como lo demuestran sus 73 mezquitas.

Con la llegada de los turcos, en 1435, comenzó, precisamente, la historia moderna de esta ciudad que debe su nombre precisamente a la palabra turca Seraj, equivalente a palacio. Punto de reunión de las civilizaciones oriental y occidental, Sarajevo fue ocupada en 1878, al término del Congreso de Berlín, como toda Bosnia-Herzegovina por el Ejército austro-húngaro.

El 28 de junio de 1914, como señala la placa colocada en la esquina de una calle, enfrente de uno de los puentes que cruzan el canalizado (en escalones) río Miljacka, el servio, Gavrilo Princip, miembro del Grupo Progresista e Independentista, Mlada Bosna, asesinó a tiros al príncipe heredero de Austria, Francisco Fernando. Unas huellas de pies en el cemento, al estilo de las del Teatro Chino de Hollywood, señalan exactamente la posición en que disparó Princip, de cara al coche que venía por la calle parelala al río, para matar también a la esposa del príncipe, que recibió las balas destinadas al gobernador. El pretexto para la Segunda Guerra Mundial era un hecho.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 8 de febrero de 1984