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Un informe oficial revela que cerca de 240.000 italianos, la mayoría de ellos menores de 18 años, son adictos a alguna droga 'dura'

El ministro del Interior de Italia, Luigi Scalfaro, presentará hoy a la Prensa el informe más completo conocido hasta ahora sobre el problema de la droga en ese país. El estudio ha sido elaborado por el CENSIS, el centro nacional de estadística más importante de Italia. Por primera vez, este cáncer de la droga se ha estudiado desde todos los puntos de vista, y el resultado, concentrado en 250 folios, puede poner los pelos de punta a cualquiera. Basta un dato: el número de drogadictos que usan la droga dura habitualmente es, oficialmente, de 240.000, cifra proporcionalmente superior a la de EE UU.La radiografía social de estos drogadictos italianos revela que los que entran en este túnel dramático "son cada vez más jóvenes". La mayoría están comprendidos entre los 15 y los 18 años de edad. En las últimas semanas ha sido precisamente un joven de apenas 15 años quien, para procurarse dinero para la droga, ha atracado él solo un comercio en pleno centro de Roma, y no habiendo conseguido nada, ya en la calle, mató a tiros con una pistola a un ciudadano que se negó a darle la cartera. Ya casi no hay drogadictos habituales de entre 25 y 30 años, mientras muchos empiezan incluso antes de los 15 años.

Crecen las víctimas

El número de víctimas ha ido creciendo vertiginosamente. El primer muerto por droga se produjo en 1973, y aquel año fue el único. Empezó enseguida a crecer el número, y en 1978 los muertos fueron ya 78. Al año siguiente aumentó a 126, y en 1982 se llegó a la cifra de 252. En los últimos meses, el salto ha sido vertiginoso, registrándose una media de dos muertos al día.Según el informe, lo que ha cambiado mucho en los últimos tiempos es la motivación que empuja a los jóvenes hacia la droga. Si en 1961 el motivo principal era la búsqueda. de nuevas experiencias, y en los años setenta la contestación a la sociedad de los adultos o la respuesta dramática a la crisis de la familia y de la escuela, en los últimos años la característica es que no se puede ya identificar una motivación que sirva como común denominador. Dice el informe que los drogadictos italianos pertenecen hoy a todas las categorías: desde las familias más ricas a las más pobres, pasando por la tranquila clase media. Pertenecen a todas las profesiones; se hallan en familias progresistas y en las de derechas, en autoritarias y en permisivas; en la paz de los pequeños centros de provincia y en las grandes aglomeraciones urbanas; en los ambientes religiosos como en los laicos. La única característica común, como ya hemos indicado, es que los que se drogan son cada vez más jóvenes y empiezan a drogarse cada día antes.

No obstante, de las respuestas de los drogadictos que se han sometido voluntariamente a una cura desintoxicante, los motivos que han alegado para refugiarse en el paraíso de la droga han sido los siguientes, por orden de preferencia: la pérdida de valores fundamentales y la imposibilidad de sustituirlos por otros; la crisis de la convivencias familiar; la pérdida de seguridad y la falta de perspectiva en el futuro; los modelos de consumo creados por la sociecad; la incoherencia de los adultos y los valores contradictorios en la sociedad; el bienestar económico y la falta de responsabilidad y de vías seguras. Y, por último, una educación demasiado permisiva.

Más de la mitad de los drogadictos habituales son jóvenes sin trabajo o, por lo menos, sin trabajo fijo, pero no es posible saber si esto es una causa o un efecto de la misma droga.

Según el informe del CENSIS, el fenómeno de la droga ha cogido completamente de sorpresa a este país, que se creía, hace sólo unos años, inmunizado contra este virus. Por eso Italia se ha encontrado desprovista de estructuras suficientes y eficaces para hacer frente a un drama tan grande. Existen hoy 452 centros para la asistencia a los drogadictos, de los cuales 312 públicos, 106 comunidades terapéuticas y 34 clínicas privadas. En general, los jóvenes prefieren para recuperarse las comunidades terapéuticas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 6 de febrero de 1984

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