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Tribuna:TEMAS DE NUESTRA ÉPOCA

Payos y gitanos

Los conflictos entre payos y gitanos, acrecentados en los últimos cuatro o cinco años, hacen pensar en la existencia de unas circunstancias nuevas que potencian una agresividad de carácter racista, no desaparecida a lo largo de varios siglos de la historia española. Desde 1979, aproximadamente, según se expone en este trabajo, han cundido las reyertas y enfrentamientos de barriada, con choques, a veces, de virulencia extrema. La localización de estos conflictos preferentemente en las barriadas obreras de las ciudades industriales, sugiere la existencia de fenómenos de desintegración cultural, pérdida de referencias y debilitamiento de antiguas normas de comportamiento grupal que presidían la conducta de los colectivos gitanos. La siempre latente discriminación racial contra esta minoría parece encontrarse avivada allí donde las condiciones de vida son más hostiles y donde, por ello, converge una parte de la agresividad importada desde otros ámbitos, laborales o familiares.

Los conflictos entre payos y gitanos están creciendo de forma alarmante en los últimos años. Los medios de comunicación social nos hacen despertar periódicamente a un mundo de relaciones sociales que creíamos, hipócritamente, ausente (le nuestros suelos patrios: el racismo. Los últimos acontecimientos de Zaragoza y el incendio, en Jaén, de una vivienda gitana, con dos mujeres y tres niñas dentro, ha avivado, una vez más, el fuego de la discusión sobre el problema payogitano, un problema. que tiene una larga historia de cinco siglos, marcada por el etnocidio, la persecución y el desprecio. En 1499 se promulgaba en Medina del Campo, por los Reyes Católicos, la primera Pragmática antigitana, que ordenaba que tomaren "asiento en los lugares y sirvan a señores que les den lo que hubieren menester y no vaguen juntos por los reinos; o que, al cabo de 70 días, salgan de España, so pena de 100 azotes y destierro la primera vez, y que les corten las orejas y los tornen a desterrar la segunda vez que fueren hallados". Luego vendría el intento de extirpar su cultura "y que no puedan usar el traje, nombre y lengua de gitanos y gitanas, sino que, pues no lo son de la nación, quede perpetuamente: este nombre y uso confundido y olvidado", como ordena la Real Cédula de 1619, de Felipe III. De la discriminación cultural se pasaría al genocidio y extirpación de personas, ordenando "cazar a los gitanos por el hierro y por el fuego" (Felipe IV, 1633), llegando a decretar la pena de muerte contra los gitanos ambulantes (Carlos 11, 1695), siendo "lícito hacer sobre ellos armas y quitarles la vida" (Felipe V, 1745). Las Ordenanzas de 1942 de la Guardia Civil contenían un artículo que mandaba la "vigilancia escrupulosa sobre los gitanos", siendo anulado por el voto unánime del Parlamento español. Hoy no existe en España ninguna legislación discriminatoria contra los gitanos, pero, ¿cuáles son los hechos?En los últimos años el tema gitano es noticia frecuente en los periódicos, y con muy diversas valoraciones. Cuando existen delitos, reyertas y muertes entre gitanos, los periódicos, automáticamente, añaden el apelativo de raza gitana, ensombreciendo aún más la ya deteriorada imagen gitana. A su vez, los mismos medios de comunicación social, particularmente la Prensa y la radio, ofrecen sus espacios a la denuncia de la marginación social gitana y a la defensa de su singular cultura. Un tercer tipo de noticias con los conflictos payos-gitanos complementa el espacio simbólico-semiótico de la imagen colectiva que la sociedad española tiene sobre los gitanos. Todo este cúmulo de señales, aunque contrapuestas en sus significaciones parciales y en sus actitudes de aprecio o desprecio, han logrado un efecto muy positivo en la opinión pública española, como es enfrentarnos ante una realidad tan evidente como es que los gitanos existen y existirán entre nosotros, viven entre nosotros y son ciudadanos españoles como nosotros. Ya no se puede por más tiempo seguir autoengañándonos, escondiendo la cabeza como la avestruz o pensando que se trata de problemas marginales y anecdóticos, que pueden resolverse con orden público, remiendos administrativos o gestos de piadosa tolerancia mutua. El problema es estructural y sólo puede resolverse atacando a las raíces.

Una saga de conflictos

Los enfrentamientos en los barrios de los payos con sus vecinos gitanos son un botón sociológico de muestra en esta trama estructural de la sociedad española. Esos conflictos son algo más que explosiones accidentales de sentimientos de grupo; responden a ciertas pautas estructuradas y a específicos patrones de conducta colectiva, que vienen enmarcados en un nicho ecológico determinado y en unas condiciones socioeconómicas específicas. Los conflictos son los síntomas de un problema que esparce sus raíces por niveles más amplios y profundos.

Pero primero partamos de los datos; aunque sean repetitivos y cansinos, ellos nos proporcionarán pistas orientativas. Hagamos un poco de historia sobre los conflictos de los últimos cinco años que fueron noticia en la Prensa nacional. En 1979, mientras Televisión Española nos presentaba Holocausto y Raíces, los gitanos de la Lonja de Murcia eran víctimas del repudio ciudadano por parte de sucesivos barrios, que se oponían a la instalación de 15 casas prefabricadas para los gitanos; hubo cortes de tráfico, duros enfrentamientos y manifestaciones de asociaciones de vecinos. En el verano de 1980 el tema gitano ocupó el récord de su aparición en la Prensa; en los meses de julio y agosto fue noticia en 350 ocasiones; de ellas, 150 estuvieron referidas al caso Hernani. El 8 de julio de 1980 el Ayuntamiento de Hernani acuerda expulsar a unos gitanos de la localidad, provocando en los dos meses siguientes una catarata de réplicas, cartas y protestas en los medios de comunicación social. Para algunos, este escándalo público fue un poco farisaico, ya que en esos mismos meses se producen acciones antigitanas en los más diversos puntos de España. En el mes de mayo unos vecinos de Lugo se manifiestan pidiendo protección frente al poblado gitano de Carqueixo; en agosto, los vecinos de Alcantarilla, de Madrid, protestan ante las posibles viviendas gitanas en su barrio; en Santander, los residentes del Zapatón de Torrelavega no quieren por vecinos a los gitanos; en esos mismos meses de agosto y septiembre tiene lugar en Bilbao la protesta del barrio de Churdínaga, y surgirán conflictos vecinales en Campanar, de Valencia; en barrios de Avilés y Oviedo, en Asturias; en Peñafiel, de Valladolid, y en El Prat, Torre Romeu y San Cosme, de Barcelona. ¡Un verano realmente caliente!

En 1981, el tempo más conflictivo va a ser la primavera. Se inicia, en febrero, en Valencia, al expulsar a cuatro familias gitanas del barrio de Nazaret; pero es en el mes de abril cuando tiene lugar una punzante floración de cardos sociales; en la Rioja, de Logroño, se oponen a que los gitanos construyan casas; en el barrio de La Carisa de Oviedo se oponen a que se instalen allí los gitanos de Matablima; en Figueras, de Gerona, se intenta llevar a cabo la operación limpieza, antigitana; en el barrio de San Antón de Elche, en Alicante, surgen problemas de convivencia, y al final de este año, en noviembre, los vecinos del Peñascal de Bilbao se oponen a que en el barrio se instalen más gitanos: "Ya tenemos bastantes con los que residen aquí". En 1982 va a tener lugar, en abril, un rechazo generalizado a la construcción de viviendas gitanas en algunos barrios de Zaragoza; en el mes de agosto surgirán conflictos contra los temporeros agrícolas gitanos en la Rioja, de Logroño, y en Palau de Anglesola, de Lérida. Pero serán los gitanos de Cataluña los que serán este año noticia nacional: en Maresme se oponen, en junio, a la construcción de viviendas para gitanos, y durante el mes de septiembre estallarán contra el barrio gitano de La Perona las violentas manifestaciones de los vecinos de La Verneda, de Barcelona, con cortes de tráfico y con intervención de la policía. En 1983 el epicentro conflictivo se situará en Madrid y en Zaragoza, aunque también retoñarán los viejos problemas de Murcia y de Logroño. En el barrio madrileño de Vicálvaro miles de vecinos cortarán, en mayo, el tráfico en protesta contra un núcleo gitano cercano, y en noviembre tendrá lugar en Madrid la batalla de San Cristóbal, con graves enfrentamientos entre payos y gitanos, habiendo pedradas y tiros, lo cual genera la intervención de 150 policías, ante una manifestación de unos 2.000 payos. La Nochebuena y la paz del Año Nuevo de 1984 fue celebrada por algunos vecinos de Zaragoza en ritual vigilancia ante la proyectada instalación de viviendas gitanas, y hace unos días, como medallón final de este holocausto, una vivienda gitana es rociada con gasolina e incendiada en Torredonjimeno, de Jaén.

¿Quién podrá, ante este repetitivo rosario de hechos violentos, cerrar los ojos, atribuyéndolos a actos fortuitos y accidentales? La anterior exposición nos revela algunas pautas estructuradas de tiempo y espacio. El conflicto puede surgir en cualquier tiempo, pero existe una tendencia a que, una vez ocasionado un choque payo-gitano, se desencadenen otros conflictos en puntos diversos, pero dentro de grupos con similares problemas. Con referencia al espacio social, en casi todas las partes parece que suceden los enfrentamientos, pero son mayores y más numerosos en las zonas urbanas y dentro de barrios de gitanos recientemente instalados. El índice menor de conflicto está en Andalucía, y eso que casi el 50%. de los gitanos viven en Andalucía y Badajoz; y en Granada y en Sevilla, que, con Barcelona y Madrid, son las ciudades de mayor concentración gitana, tampoco se dan, en las dos primeras, este tipo de enfrentamientos payos-gitanos; y esto no hay que atribuirlo sólo, ni principalmente, a los buenos sentimientos de los andaluces y extremeños -aunque esto sea un valor apreciable-, sino al largo proceso de residencia y de convivencia de payos y gitanos; es en el Sur donde los gitanos han logrado mayor integración y aceptación, aunque también sea preciso añadir que en todas partes se cuecen habas, pero en algunas, a calderadas. Dentro de esta coordenada habría que interpretar sociológicamente el hecho lamentable de Jaén, no sólo como una excepción que confirma la regla, sino como un fenómeno con características singulares, como es el de acontecer en un pueblo de 13.000 habitantes y contra una familia gitana determinada.

Y, ¿cuáles son las causas de estos conflictos? El detonante puede ser de la índole más diversa,

pero, a nivel más profundo, siempre parece repetirse la misma urdimbre. Algunos analistas sitúan este común denominador en la existencia de prejuicios étnico-raciales en una gran parte de la población española; de ahí que en casi todos los conflictos, antes de ser acusados, los vecinos dicen una y otra vez que ellos no son racistas, que no tienen nada contra los gitanos en general, sino contra los gitanos "que roban y atemorizan a nuestros barrios". En mi opinión, existen en la sociedad española ciertos estereotipos étnico-raciales contra los gitanos que dificultan la convivencia y ahondan y perpetúan la marginación. Pero la explicación psicológica no es suficiente, hay que llegar a las causas profundas sociológicas del fenómeno conflictivo payo-gitano, que se enmarca dentro de la estructura social; hay que evitar, en la comprensión de estos hechos, la manoseada y simplista historia de buenos y malos.

Clase, raza y etnia

La minoría gitana es discriminada por su peculiaridad racial y étnica; pero el factor fundamental de su marginación -no el único- es su situación estructural de clase en la sociedad española. Si aceptamos esta premisa, al menos como hipotética, comprenderemos mejor algunas claves del problema. Los gitanos han cambiado más en estas últimas décadas que en los anteriores 100 año: de tratantes ambulantes de ganado han emigrado a las grandes ciudades, buscando nuevos nichos marginales de trabajo, como la chatarrería y la venta ambulante; y ha sido contra estos grupos de gitanos contra quienes preferentemente han surgido las manifestaciones. Y debemos preguntamos: ¿qué les ha hecho cambiar a los gitanos sus modos tradicionales de vida? ¿Su voluntad individual o de grupo? Fundamentalmente, los cambios económico-sociales de la industrialización española y de la mecanización del campo, que desestructuró su segregada pero bien ajustada forma de vida nómada, controlada por el autoritarismo de la parentela. Se acabó el carro y la tienda y se asentaron en los cinturones de pobreza de las ciudades españolas, conviviendo por primera vez en barrios de payos-pobres y gitanos-pobres. Y esto nos facilita otra clave para comprender el conflicto. ¿Por qué son casi siempre los barrios proletarios los que originan estos conflictos? Sería pueril afirmar que los ricos españoles son vírgenes de racismo; sólo se pelean los que viven juntos, y los poderosos tienen formas más sutiles y eficaces de alejar a los presumiblemente molestos de su nicho ecológico.

Esta trama de explotación por clase y discriminación secular por raza y etnia engendra como resultado el cuadro de la pobreza gitana. Entre los jóvenes gitanos de Madrid, únicamente un 7% ha acabado la EGB, teniendo el 70% padres totalmente analfabetos y habiendo terminado solamente un 1 % de los padres la Primaria. Entre los jóvenes madrileños payos, un 43% está estudiando, mientras que entre los gitanos, sólo un 6%. Las casas de los gitanos están peor equipadas en 1981 que lo estaba la media nacional en 1969; la mitad, aproximadamente, de las familias gitanas no tienen Seguridad Social, de ahí la frecuencia de ciertas enfermedades, la corta vida de los gitanos y el raquitismo en muchos niños. En uno de los barrios en conflicto, un periodista entró en una chabola gitana y la describe así: "Entrar en las chabolas... es delirante. Un recinto apestoso, con dos colchones en el suelo raso, cubierto con plásticos mugrientos. Sin espacio alguno para desenvolverse, se cobijan nueve personas, los padres y siete hijos: cuatro niños en un colchón y los padres, con los más pequeños, en el otro... Y luego, las ratas, que muerden a los niños gitanos y contaminan el pan que luego se llevan a la boca". Y luego están los tristes sucesos de la muerte de una familia gitana de nueve miembros, entre ellos cinco niños, al derrumbarse, en 1979, su casucha en Logroño; y la muerte de cuatro niños madrileños, en abril de 1980, al incendiarse la chabola, en la que dormían sobre paja".

La búsqueda de soluciones

Si los niños gitanos son escolarizados, las familias tienen la debida asistencia médica, poseen una vivienda digna, se respeta su cultura, a la vez que tienen acceso a los servicios sociales y culturales básicos y no son discriminados, según manda la Constitución, entonces los gitanos habrán tenido el mayor cambio revolucionario experimentado en sus cinco siglos de marginación y discriminación en el territorio español.

Y, en primer lugar, los gitanos: en la conquista social no se mendiga ni se limosnea, se lucha y se pelea por los derechos juntos.

Por otra parte, los gitanos deben autoeducarse en ciertas pautas de comportamiento que exige la convivencia ciudadana. Los artistas gitanos y las asociaciones gitanas tienen un papel irreemplazable en esta creación de la educación y orgullo étnico, readaptando el simbolismo y ritual gitanos a los tiempos modernos, como lo ha hecho Camelamos naquerar.

La Administración y la clase

política no pueden cerrar los ojos al problema, ni contentarse con buenas intenciones y medidas coyunturales. El Gobierno de UCD, presionado por la Coordinadora de Asociaciones Gitanas, proclamó la primera ley positiva pro-gitana, en 500 años, al crear por real decreto la Comisión Interministerial para el estudio de los problemas que afectan a la comunidad gitana; pero a dicha comisión, aunque dio algunos pequeños frutos positivos, no se la dotó ni de mandato ni de presupuesto, por lo que resultó ineficaz. Felipe González fue el primer presidente español que en su discurso de investidura nombró positivamente a los gitanos; pero los gitanos ansían medidas más eficaces e integrales, esperando la proyectada ley de los Servicios Sociales. Por otra parte, han sido las administraciones autónomas y municipales las que han dado en los últimos años los más decisivos pasos en la promoción del pueblo gitano.

También los ciudadanos payos tienen un papel en este drama. En primer lugar, porque son los más afectados por el problema; los vecinos de barrios populares en general y las asociaciones de vecinos en particular, que, con alguna frecuencia, dirigen algunas de estas manifestaciones, deben convencerse -igual que los gitanos pobres- que, a la postre, todos son partícipes de las mismas circunstancias.

Los gitanos son un pueblo con una cultura singular. Si hoy la población gitana se estima en medio millón, dado su alto índice de crecimiento vegetativo y su población joven, para el año 2000 el número de gitanos será de un millón, y no es previsible, ni deseable, que los gitanos terminen en una asimilación total paya, aunque abandonen algunas de sus costumbres, ligadas a su situación de pobreza más que a su cultura. En definitiva, la piedra de toque de una democracia es el respeto a las minorías, sean éstas étnicas, raciales o ideológicas. Y el pueblo gitano tiene también el derecho, como otros pueblos territoriales o nacionalidades patrias, a tener su identidad cultural propia y su singularidad histórica, sintiéndose plenamente gitanos y españoles.

Más información en las páginas 16 y 17

Tomás Calvo Buezas es profesor de Antropología de la Universidad Complutense, ex secretario de la Comisión Interministerial para Gitanos y autor del libro sobre chicanos: Los más pobres en el país más rico.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 29 de enero de 1984