Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Tribuna:

Una alternativa democrática para Irán

El vacío político creado por el sha y la dictadura cincuentenaria de los Palileví prepararon el terreno para una revolución social en Irán, cuya dirección fue usurpada por un anciano perteneciente a otra edad. Es cierto que éste exhortó los valores originales del islam comunes a todas las religiones: la generosidad, el perdón, la justicia, la fraternidad, la libertad; en resumen, una cierta democracia.

A su vuelta a Irán, en su carrera hacia el monopolio de¡ poder, el demagogo de Teherán olvidé sus promesas en detrimento de la unidad popular. Desde entonces, Jomeini y su entorno han desafiado este principio de la historia según el cual "sin la democracia y sus mecanismos propios los pueblos no conseguirán jamás conquistar ventajas permanentes". Una veintena de organizaciones para la represión fueron creadas. Los encarcelamientos arbitrarios, las torturas y las ejecuciones sumarias volvieron a comenzar gradualmente hasta generalizarse por doquier.La represión golpeaba particularmente a las organizaciones progresistas y democráticas. Las minorías étnicas y religiosas, en particular los casi seis millones de kurdos iraníes, representados por el Partido Demócrata del Kurdistán Iraní (PDKI); los partidos políticos, en especial la organización de los Muyahidin del Pueblo de Irán (OMPI), han sido los principales objetivos y víctimas.

Al día siguiente de la revolución Jomeini calificó públicamente a los muyahidin como "el enemigo principal a abatir".

Es cierto que éstos se habían opuesto de un modo categórico al voto de su Constitución, llamada islámica. Desde la revolución de febrero de 1979 hasta el 20 de junio de 1981, el régimen ejecutó en las filas de los Muyahidin tantas personas como el sha durante los 10 últimos años de su reinado. Esto no impidió a la organización de los Muyahidin, el grupo guerrillero de pasado prestigioso, cuya historia se confunde con la de la revolución y la resistencia de todo un pueblo, sufrir una doble transformación: en un principio se transformó en una organización de masas.

En seguida, tras el derrocamiento-dimisión del presidente Banisadr -cuando el régimen, saltando por encima de su propia Constitución, reprimió sangrientamente una manifestación de más de medio millón de personas organizada por los Muyahídin del Pueblo en Teherán, el 20 de junio de 1981-, tomó la iniciativa de formar el Consejo Nacional de Resistencia (CNR).

Creado en el mismo Irán, el CNR está compuesto por numerosos partidos políticos, organizaciones, grupos y personalidades políticas de diversos horizontes y de los distintos sectores sociales iraníes. Entre ellos, la OMPI, el PDKI, el Frente Nacional Democrático, el Consejo de la Unión de la Izquierda, el partido del Trabajo, la Unión de los Comunistas Iraníes, la organización del Ejército, la Unión de las Asociaciones Profesionales, la Asociación de los Religiosos Progresistas, la Asociación de Escritores, Artistas e Intelectuales, el presidente Banisadr, entre otros.

A pesar de su lucha frente a un poder sin piedad, en el interior del país el CNR funciona desde hace dos años y medio de una manera democrática. Más allá de la democracia, la independencia, el no alineamiento para el país, los estatutos del CNR garantizan a todas las minorías nacionales étnicas y religiosas la autodeterminación y el libre ejercicio de sus creencias en el cuadro de la unidad y soberanía nacionales. Aseguran todas las libertades individuales y sociales, la igualdad de los sexos y todos los derechos reconocidos por la carta de las Naciones Unidas, la coexistencia pacífica y el mantenimiento de la paz.

De cara a una alternativa real, sólidamente establecida, tanto en el interior como en el exterior del país, el régimen iraní no tiene más que dos opciones: o bien terminar la guerra o bien prolongar su existencia por la crisis. La detención prolongada de los rehenes norteamericanos, la continuación de la guerra, la propaganda relativa a la exportación de la revolución, lo concerniente al cierre del estrecho de Ormuz, etcétera muestran la evidencia que han optado elegir los dirigentes: ¡existir por la crisis!

Si no, ¿por qué este encarniza tan mortífera y destructiva? Ésta, después de tres años, ha costado al pueblo iraní 300.000 muertos, 600.000 enfermos o heridos y dos millones de refugiados y desempleados, que se suman a cuatro millones de parados. Ha provocado destrucciones materiales evaluadas en 250.000 millones de dólares, es decir, alrededor de cinco veces el producto interior bruto iraní.

Al borde de la destrucción

El aparato productivo se encuentra al borde de la destrucción total. La industria y la agricultura no funcionan y no producen más del 20% y 50% de sus capacidades respectivas. Todos los productos alimenticios de primera necesidad están racionados. Una familia de cinco personas no puede obtener más que un kilo de carne por mes, y un kilo de arroz iraní cuesta 10 dólares en el mercado negro. Hay una inflación anual del 400%. La falta de higiene, de productos farmacéuticos, medicinas, agua y electricidad, la exportación de unos dos millones de iraníes, el cierre durante tres años de la mayoría de las 21 universidades del país han sepultado a la sociedad iraní en un estado de descontento y de cólera, sin precedentes.

De cara a esta situación y a la inmensidad de los problemas a resolver, ¿qué hace el régimen iraní? Por un lado, consciente de la pérdida de su legitimidad, reprime cada vez más violentamente. El número de ejecuciones durante los dos últimos años se eleva a 30.000, y el de prisioneros políticos, a 100.000. La mayoría de las víctimas (mujeres, niños, ancianos...) son muyahidin.

Recientemente la OMPI ha publicado una lista detallada de las 8.000 ejecuciones sumarias, de las cuales la mitad han sido clandestinas. De otra parte, el régimen de Teherán ha rechazado sistemáticamente las propuestas de paz iraquíes y las de la Conferencia Islámica, de la Organización de Países No Alineados, las recomendaciones de paz de la Internacional Socialista, las resoluciones de la Asamblea General y del Consejo de Seguridad de la ONU.

Durante este tiempo, el Consejo Nacional de la Resistencia iraní -tras el encuentro de Masud Radjavi, responsable del CNR, y Tareq Aziz, - viceprimer ministro iraquí- ha presentado un proyecto de paz sobre la base del acuerdo de 1975, que ha sido aceptado por Irak y por gran parte de la comunidad internacional.

Por el momento, el régimen iraní se mantiene gracias a la venta barata y al pillaje del petróleo, algunos apoyos extranjeros, la guerra y la represi6n. La primera justifica la segunda, y viceversa.

Sin duda, este, régimen no es más que un corto paréntesis en la historia del pueblo iraní. Éste, sosteniendo su alternativa democrática, avanzará sobre la vía de la libertad, de la democracia, como todos los pueblos. El amanecer no está lejos. En estas condiciones, ¿no es normal esperar la solidaridad del pueblo español, la de sus partidos políticos e instituciones democráticas con la causa del pueblo iraní oprimido?

representante del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán, fue primer embajador del régimen jomeinista en la, ONU en Ginebra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de diciembre de 1983

Más información

  • TRIBUNA LIBRE