Toque de queda y patrullas del somatén en Andorra

ENVIADO ESPECIAL El Gobierno andorrano decretó ayer el toque de queda, a partir de las nueve de la noche, en casi todo el Principado, como consecuencia del aumento del hurto y el pillaje en Andorra. Miembros del somatén, institución de voluntarios que también existe en Cataluña, patrullan por las noches las calles y ayudan al reducido cuerpo de guardias municipales y de tráfico con que cuenta Andorra, país que no dispone de Ejército propio y que dedica una partida casi ridícula de su presupuesto para temas de Defensa.

La situación en todo el Principado no experimenta síntomas de vuelta a la normalidad y lo que no se ha llevado el agua en los establecimientos comerciales, lo intentan robar las bandas que siempre surgen en estas ocasiones, aprovechando el caos reinante. El lodo y los árboles se encuentran en todas las calles de este pequeño país y la mayoría de los establecimientos, desde Andorra la Vella hasta la frontera con Francia (Escaldes, La Massana y el Pas de la Casa), ha quedado destruida o permanece cerrada.

Toda la población andorrana dedica sus esfuerzos a la limpieza de las calles de un país arrasado que tardará semanas, o quizás meses, en ser el paraíso turístico y comercial para miles de barceloneses, valencianos y madrileños.

Las comunicaciones por carretera de Andorra con España siguen totalmente cortadas y no hay previsiones fiables sobre su reparación. Mientras tanto, se intenta poner a punto un camino vecinal conocido como La Rabassa, utilizado frecuentemente por los contrabandistas españoles.

La población del Principado se encuentra totalmente abatida. El número de muertos puede ascender ya, en estos momentos, a diez y el de desaparecidos es de difícil cálculo, ya que las poblaciones de Andorra pueden comunicarse entre sí con dificultades. Los propietarios de los establecimientos arrasados intentan obtener ayudas oficiales, difíciles de conseguir, ya que Andorra no tiene estipulado ningún tipo de legislación en esta materia, ni hay precedentes en una catástrofe de esta magnitud.

Muchas familias han dormido la noche pasada por primera vez en sus domicilios desde las inundaciones, intentando superar el temor evidente a una explosión de propano, hecho que se ha producido ya en algunas casas. Los alimentos de primera necesidad se encuentran racionados y se producen llamadas a la población para que compre únicamente lo imprescindible. Los españoles que se encontraban pasando el fin de semana en Andorra, están siendo trasladados al aeropuerto de La Seu por helicópteros franceses.

En el Alt Urgell, la situación sigue siendo preocupante. Los vecinos de Tolodiu, población de unas cincuenta personas, tuvieron que abandonar ayer sus casas urgentemente ante el peligro de que la montaña, en cuya cima se encuentra el pueblo, cediera.

Las primeras estimaciones de las pérdidas en la zona que va desde Organyà hasta Martinet, en el pirineo leridano, (unos cincuenta kilómetros en línea recta) ascienden, según el Ayuntamiento de La Seu, que centraliza toda la información, a más de 6.000 millones de pesetas. El teniente de alcalde del ayuntamiento y diputado al Parlament, Juan Ganyet, manifestó ayer a EL PAIS que "la situación es extremadamente difícil; de auténtica emergencia. Muchas carreteras han desaparecido parcial o totalmente. La bolsa del Alt Pirineu está en claro peligro de desertización. Sorprende que la dificultad extrema de la situación no haya sido recogida suficientemente por la televisión y la radio, que han dado prioridad a otras zonas menos damnificadas".

* Este artículo apareció en la edición impresa del miércoles, 10 de noviembre de 1982.

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