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Editorial:

La sangre del IRA

LAS EXPLOSIONES que tuvieron lugar ayer en varios puntos de Londres constituyen la acción más sangrienta de las que ha llevado a cabo el IRA provisional en la capital británica. Con una macabra regularidad, la rama terrorista del Ejército Republicano de Irlanda (el IRA provisional) descarga cada año sobre Londres una cadena de bombas que, sin embargo, nunca habían alcanzado el grado de indiscriminación hacia la población civil puesta de manifiesto este martes., El lenguaje terrorista ha seguido su dialéctica de violencia cada vez más atroz, hasta alcanzar la locuacidad de estas decenas de cuerpos lanzados por los aires, reventados y despedazados.La última insurrección de Irlanda contra la dependencia británica surge el lunes de Pascua de 1916, en verdaderos motines callejeros que se saldan con numerosas muertes. Desde entonces, con pausas más reales que aparentes, la subversión no ha dejado de creceren el Ulster, la provincia británica nacida de la partición decretada por Londres en 1920. Sobre la base de una discriminación efectiva de una parte de la población, en su mayoría católica, por otro sector, predominantemente protestante, la reivindicación de los primeros ha dado lugar a una lucha, en la que los enconos se alimentan de elementos étnicas (celtas contra sajones), religiosos (católicos contra protestantes) y de simple lucha de clases, entre oprimidos y opresores. Para el IRA provisional además, y según se deduce de su último comunicado en el que se parodian las declaraciones de Margaret Thatcher a propósito de la guerra de las Malvinas e invocando el derecho ¡de los pueblos a la autodeterminación, agrega a este conglomerado de oposiciones el énfasis en una situación de colonialismo del Ulster a cargo del Reino Unido. Prácticamente pues, toda una explosiva carga emocional e ideológica se encuentra de* antemano montada antes de que estalle materialmente la metralla mortal de los terroristas. Así, sobre un punto de partida que cabe en los planteamientos de la razón política, las organizaciones terroristas levantan un edificio de oscurantismo y sinrazón, como la única materia capaz de hacer coherente la tenebrosidad de su acción y la locura.

Los procedirnientos del IRA son los mismos por los que se ideñtifica. a otras bandas armadas de su naturaleza. La extorsión o el asesinato sobre personalidades representativas han sido actos del IRA provisional, concretados en marzo de 1979 con el acribillamiento de sir Richard Sykes, embajador del Reino Unido en los Países Bajos, y los asesinatos con bomba del portavoz conservador para el Ulster, en el mismo mes, y de lord Mountbatten en agosto del mismo año.

Tras la larga lista de enfrentamientos violentos, de cuyo final el balance más seguro y recurrente es siempre la muerte, los miembros del IRA siguen acusando a Londres de dos hechos fundamentales. Uno, que nunca ha tenido el Gobierno británico una verdadera voluntad de negociación, y otro, base de las huelgas de hambre en las prisiones que han llevado a la muerte a varios terroristas, que no les reconozca la condición de prisioneros políticos, es decir, y al margen de sus acciones sanguinarias, hombres encarcelados por sus ideas.

Sin duda que el problema del Ulster es genuino y obedece a unas razones concretas, aunque éstas se hayan mezclado y adulterado con otros factores. Un tercio de la población, de profesión católica, se siente sojuzgada por la dominación británica. La depuración de ese sentimiento y los caminos para solventarlo no han de estarexentos de complejidad política y de emociones encontradas. Pero lasangre aqui, como en otras partes, hace más viscosa la oportunidad de una salida. Y sirve también de dramático ejemplo respecto al hecho de que el terrorismo es hoy una plaga de las sociedades libres casi sin excepción. Una plaga contra la que los países democráticos y sus instituciones han de saber enfrentarse sin la renuncia a los ideales superiores de la democracia. Sin duda que esto puede y debe servir de, meditación a aquéllos a quienes el terrorismo de ETA empuja, culpable o estúpidamente, en nuestro país a propagar y defender las tesis del terrorismo de Estado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 21 de julio de 1982