El caso de las 'tragaperras'
( ... )Hasta que aparecieron las máquinas tragaperras clase B en la reglamentación, que quiere decir que no dan derecho a seguir jugando, como las de la clase A, sino a cobrar. Hay dinero por medio. El éxito fue espectacular, y en 1981 las tragaperras superaron en número de pesetas a los casinos y hasta a las quinielas, y sólo cedieron ante el poderoso bingo y la arraigada lotería. Era el juego del pobre, juego de bar, improvisado, incontrolable, de ocioso, nada familiar ni social como la quiniela, y sin rastro del buen corazón que mueve al que compra el cupón de los ciegos.El éxito fue, todo hay que decirlo, también industrial. Algo consolador hay ewe1 dato: visto el negocio, la inversión acude, el empresario surge de la tierra, como un hongo, y el espionaje industrial y los pleitos consiguientes se improvisan con presteza. Resultó que España, sí, España, se convertía en el tercer país del mundo constructor de tragaperras, detrás de Estados Unidos y Japón.
Y ahora las fábricas amenazan con cerrar el lunes, todo el tinglado se viene abajo y se oyen ayes por todas partes. Flaco consuelo representa que puedan mantenerse las tragaperras el tiempo que dure la concesión.
La moraleja más clara es que pecó la Administración -el Gobierno, puestos a ser claros- en el momento de establecer una norma tan liberal que luego no podría mantenerse, a la vista del abuso, y acaso también que no se atinó en arbitrar un canal fiscal de ingresos, como suele hacerse con el juego.
En 1977 se permite instalar: tragaperras. En 1979 se aprueba una reglamentación provisional de esas máquinas recreativas, y en 1981, otra, definitiva, en que no aparecen mayores limitaciones. En abril de este año de 1982.ya, se precisa que el bar que tenga tales artilugios debe destinar veinticinco metros cuadrados a cada máquina, lo que es una limitación importante. La prohibición del juego a menores no resulta de fácil aplicación, porque las tragaperras están instaladas también en locales con futbolines y otras máquinas recreativas. Y surge así, de pronto, el reciente decreto de 8 de mayo de 1982, que corta por lo sano, o por lo enfermo, y limita las tragaperras a casinos, barcos, bingos y salas de juego.


























































