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Las repercusiones para ENASA de la crisis de IH

El INI romperá definitivamente sus acuerdos con International Harvester

El presidente de la poderosa multinacional norteamericana International Haverster, Archie McCardell, dimitió ayer de todos sus cargos. Presionado por la crisis, los bancos y los sindicatos, y perdida la fe en su programa de salvación de la compañía, McCardell tuvo que dimitir. La noticia se dio a conocer ayer en Estados Unidos. Ante la evidencia de que IH no podrá cumplir sus compromisos con ENASA-Pegaso, el Instituto Nacional de Industria español, socio de IH en ENASA, firmará un acuerdo de ruptura con la multinacional norteamericana para obtener de nuevo su libertad y evitar que la crisis de IH le afecte negativamente.El acuerdo entre IH y ENASA, firmado en septiembre de 1980, preveía la creación de una sociedad mixta ENASA-IH (con el 35% y el 65% del capital, respectivamente) para la construcción de una gran fábrica de motores, dedicada especialmente a la exportación; que IH se quedaría con el 35% de ENASA, asumiría la gestión y terminaría por absorber la empresa española.

La caída de Archie McCardell, chairman de International Harvester -hasta hace poco una de las más poderosas empresas del mundo en el sector de camiones y maquinaria agrícola-, viene provocada por dos fuerzas confluyentes en un punto -él- y en un día -el 30 de abril- determinados. La primera fuerza es la ejercida por los doscientos bancos acreedores de IH, cuyo volumen de deudas se elevaba por encima de 4.000 millones de dólares. El pasado mes de octubre, al cierre del ejercicio de International Harvester, IH realizó un estudio de viabilidad, que logró que fuera aprobado por sus acreedores en diciembre. Los bancos aceptaron dicho plan, pero impusieron a McCardell que el net worth -diferencia entre el valor de los activos totales de la compañía y su pasivo- no bajara nunca de mil millones de dólares.

Según los planes de IH, en el primer trimestre de su ejercicio su cifra de pérdidas no superaría los 150 millones de dólares. Al terminar dicho plazo, sin embargo, las pérdidas reales fueron de trescientos. McCardell logró un nuevo margen de confianza por parte de los bancos acreedores, pero, nuevamente, sus cifras de resultados resultaron muy diferentes de las reales. La pasada semana, en una última reunión con sus acreedores, IH consiguió que el net worth fuera rebajado de los mil millones en que estaba situado a solamente trescientos millones; pero, a cambio de ello, los banqueros exigieron la dimisión de Archie McCardell.

La otra fuerza confluyente es la ejercida por el sindicato UAW, de trabajadores del sector de automoción. La UAW no perdonó nunca a McCardell la larga y dura huelga del primer semestre de 1980, que costó mucho dinero a la caja del sindicato. Tampoco el que el presidente de IH despidiera a 30.000 trabajadores de la compañía, dentro de su plan de salvación, lo que supuso también un elevado coste para el sindicato. Después de firmar recientemente con Ford y General Motors, en condiciones muy ventajosas para las dos empresas, al negociar la pasada semana con International .Harvester el sindicato exigió, como contrapartida a su aceptación del acuerdo, que Archie McCardell dimitiera de su cargo.

Presionado simultáneamente por los dos vectores, Archie McCardell no tuvo más remedio que dimitir. Con su dimisión termina la fulgurante carreva de un hombre fichado por International Harvester iras importantes éxitos en otras empresas, como si fuera una estrella deportiva y con un fichaje multimillonario en dólares.

Dimitido Archie McCardell, el futuro de Ifiternational Harvester se presenta aún más dificil, y su repercusión en los acuerdos con ENASA, más problemática. Cualquier tipo de sucesión presentaría siempre la dificultad añadida del desconocimiento por parte del sucesor de la situación española, lo que exigiría largo tiempo de demora para una solución. Por otra parte, el posible fraccionamiento de la multinacional norteamericana presentaría, para la parte española, la dificultad de no saber con cuál de las partes habría que renegociar la salida de IH de ENASA, puesto que la situación interna de International Harvester hace absolutamente inviable el cumplimiento de su parte en los acuerdos suscritos con el INI en septiembre de 1980.

En esas condiciones, el Instituto Nacional de Industria español pretende la ruptura rápida y total de los acuerdos con International Harvester, antes de que el tiempo aumente las dificultades. El INI necesita libertad para poder volver a controlar la gestión de ENASA y buscar a ésta cualquier salida futura. A cambio de no ejercer acciones contra IH -cuya solución, por otra parte, sería muy larga y compleja-, el INI podría conseguir de International Harvester un acuerdo de ruptura.

Mediante este acuerdo, que dejaría por cancelados y sin efecto los acuerdos anteriores, el INI recuperaría las acciones que tiene IH de ENASA; recuperaría, asimismo, al control de la gestión; se quedaría con los activos de la sociedad mixta, basados en la enajenación de los terrenos adquiridos por ENASA para lo que iba a ser la fábrica de motores; dejaría de pagar a IH los gastos ocasionados por la estancia y gestión de los técnios norte americ anos, previstos en los acuerdos inciales a cargo del INI; se quedaría con casi trescientos mil lones de pesetas, que supuso la inversión de IH en la ampliación de capital de ENASA, que tuvo que cubrir en su día; mantendría durante este año, siempre a cargo del presupuesto de IH, al actual equipo de técnicos norteamericanos -veintisiete-, para no crear un vacío de poder y para tener tiempo para proponer a algunos de ellos -ocho o diezque sigan en sus puestos después, aunque ligados a ENASA a través de contrato.s de colaboración, dado que su gestión, en líneas generales, ha sido considerada como muy positiva, tanto por el INI como por los trabajadores de Pegaso, y, finalmente, el INI conseguiría tambiénde IH que la multinacional norteamericana abriera una cuenta a favor de ENASA por valor de mil millones, con la que se pagarían los gatos de una posible asistencia técnica, royalties, etcétera. De esta forma, la ruptura por parte de IH de los acuerdos firmados con el INI no costarían una peseta a la parte española.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 5 de mayo de 1982

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