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Cartas al director

Sobre el aborto

Sin entrar ni salir en las más o menos decimonónicas conclusiones del doctor Botella, quiero manifestar mi estupor por la carta firmada por R. G. M. y 96 firmas más, quienes no han encontrado mejor pretexto que su temor a la explosión demográfica para defender la legalización del filicidio.Una, en su ingenuidad, se imagina siempre a los médicos como ardientes defensores de la vida o, lo que es lo mismo, acérrimos enemigos de la muerte. Y son ustedes -los médicos, los científicos- los que nos han demostrado palpablemente a los profanos que la vida humana empieza desde el momento mismo de la concepción: es vida lo que late en el claustro materno,

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es un ser humano lo que se forma allí (¿o no?). Exactamente ese mismo ser humano, cuya vida a ustedes les enseñan a defender con palabras tales como: "...A nadie daré veneno, aunque me lo pida; tampoco daré abortivos a ninguna mujer...". ¿Les suena? Es el del juramento de Hipócrates.

De acuerdo en que no se inventó el sexo sola y exclusivamente para poblar la Tierra, pero ustedes -como estudiantes de medicina- saben mejor que nadie que hay cientos de maneras (desde el decrépito condón y el método de Ogino, pasando por la píldora, hasta el diafragrna, etcétera) para controlar -en caso necesario- la natalidad sin tener que recurrir al crimen, señores; porque crimen es. Si las mujeres para ser de verdad auténticamente libres, solamente necesitan que se les otorgue ese derecho de vida o muerte sobre otro ser humano, ¡pobres mujeres!/

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