Un servidor
se casó en plena guerra civil en la provincia de Huesca . Luego fui destinado a Madrid, donde vino mi esposa. Al caer Aragón en manos de los nacionales y no tener la partida de matrimonio para conseguir la cartilla de racionamiento, tuvimos que casarnos de nuevo en Madrid. Terminada la guerra volvimos a casarnos por la Iglesia en Aragón, y si para algún efecto fuese necesario, volveríamos a casarnos de nuevo.Pasa a página 10
Un servidor
Viene de página 9Pero con lo que no estoy de acuerdo es con esos señores obispos y cardenales que se oponen con tanta tenacidad al divorcio, ya que a nadie se le obliga a divorciarse. El mejor ejemplo que podían dar esos señores obispos es casarse ellos; quizá de esa forma meditasen mejor lo que es un matrimonio roto.
Con estas imposiciones sólo conseguirán que cada día se celebren menos matrimonios por la Iglesia y creamos menos en la religión católica.
Por último, considero peor ejemplo para los hijos un matrimonio que esté continuamente en lucha, a un matrimonio divorciado. .


























































