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Reagan inicia una "luna de miel" con el régimen surcoreano

El presidente norteamericano, Ronald Reagan, confirmó ayer la «firme» decisión de su Gobierno de mantener la ayuda militar a Corea del Sur y la permanencia en este país asiático de los soldados estadounidenses, unos 39.000, en el transcurso de una entrevista en la Casa Blanca con el presidente surcoreano, Chun Doo Hwan, que visita ofícialmente EE UU en una gira de once días.Chun es el primer jefe de Estado extranjero que visita la Casa Blanca desde la toma de posesión de Reagan, lo que, a juicio de observadores, representa el carácter de realismo político que la nueva Administración norteamericana da a su política exterior.

Después de la frialdad que reinó en las relaciones Washington-Seúl durante la Administración Carter, Estados Unidos y Corea del Sur se disponen a abrir una nueva era de cooperación, caracterizada por el apoyo militar y económico de la Administración Reagan al régimen del presidente Chun Doo Hwan, informa desde Washington Ramón Vilaró.

El asesinato del presidente Park Chung Hee, hace catorce meses, en Corea del Sur, dio paso a la subida al poder de Chun Doo Hwan, que aplicó una política dura contra los oponentes, en particular contra los estudiantes de Kwangju, cuya protesta concluyó con la intervención del Ejército y la muerte de unas 1.200 personas.

Kim Dae Jung, principal líder de la oposición en Corea del Sur, fue condenado a muerte y el país sometido a la ley marcial. Todo ello contribuyó a un enfriamiento de las relaciones entre Washington y Seúl, debido a las denuncias de la Administración Carter por la violación de los derechos humanos en aquel país del noreste asiático.

Más pragmático que su antecesor, el presidente republicano Ronald Reagan inicia una nueva etapa de restauración de las «buenas relaciones» entre EE UU y Corea del Sur. Como gesto de distensión, Chun Doo Hwan conmutó la pena de muerte por la de cadena perpetua a Kim Dae Jung y canceló la ley marcial desde el pasado 24 de enero, a una semana vista de su gira de once días por Estados Unidos.

«No hay ningún contencioso que impida las buenas relaciones entre ambos países», declararon oficiales del Departamento de Estado en Washington.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 3 de febrero de 1981