Gran Premio de España de Fórmula 1

La carrera se disputa esta tarde, con las ausencias de Renault, Ferrari y Alfa Romeo

El Gran Premio de España de Fórmula 1 se disputará, definitivamente, esta tarde en el circuito del Jarama. Pese a las polémicas y controversias de los últimos días, que prosiguieron durante toda la mañana y parte de la tarde de ayer, la carrera se celebrará. Sin embargo, tres equipos, Renault, Ferrari y Alfa Romeo, no tomarán parte en la misma, pese a que a última hora de ayer, y tras un paso atrás en la intransigente postura de la federación internacional, quisieron hacerlo. Pero, para entonces, era demasiado tarde.

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El conflicto que había puesto en peligro el Gran Premio de España de Fórmula 1 parecía definitivamente terminado en la tarde del viernes, anque aún no se conocía la decisión de las tres escuderías antes citadas sobre su participación en la carrera. Varios pilotos habían sido multados en el Gran Premio de Bélgica -disputado el 4 de mayo- por no haber acudido a una reunión previa a la carrera. Estos pilotos se negaron entonces a participar en una reunión que ellos consideran absurda, inoperante y que se realiza en un momento -45 minutos antes de la salida- en la que ellos están nerviosos, pasan miedo y quieren estar concentrados y lejos del bullicio. Los pilotos proponían que esas reuniones sólo se realizaran cuando hubiese algo nuevo o importante que comunicarles. Si no, se negaban a romper su concentración, cruzar un terreno atestado de gente que les empuja, les pide autógrafos, les hace preguntas, para oír consejos que conocen sobradamente.Al negarse a abonar el importe de las multas -150.000 pesetas-, según la reglamentación, esos pilotos perdían su licencia deportiva. Pero eso habría puesto en peligro la carrera de Montecarlo, por lo que el presidente de la FISA, el francés Balestre, hizo una extraña maniobra para eludir los tiempos, trasladando el problema a la carrera española, donde, además, dadas las vinculaciones del organizador -el RACE- con el presidente de los pilotos y constructores, el británico Ecclestone, el resultado podía ser doblemente beneficioso.

Pero Balestre no contó con la capacidad negociadora del organizador español, el RACE, que, para solucionar el problema, se ofreció a pagar el importe de las multas -incrementado ya por la inasistencia a la reunión de Montecarlo-. Fue entonces cuando el presidente de la FISA exigió que los pilotos firmasen un escrito aceptando el pago, algo que no está previsto en ningún reglamento.

Tras las largísimas negociaciones, salpicadas siempre de rupturas -muchas veces por culpa de las intransigentes posturas de algunos federativos españoles, todos ellos lamentablemente puestos del lado de la FISA y en contra de la carrera y el organizador español-, a última hora de la mañana de ayer se presentaron en el circuito los miembros de la federación española, acompañados de tos representantes de la internacional, para proponer justamente lo que el RACE había solicitado dos días antes. El temor del francés Balestre de que la carrera francesa, próxima en el calendario, no se disputase, había sido definitivo.

A partir de entonces, en una larga serie de apresuradas reuniones, se trató de poner de acuerdo a los tres equipos que hasta entonces se habían negado a tomar parte en los entrenamientos. Pero las pretensiones de éstos, en el sentido de exigir que se disputasen, a partir de entonces, cuatro horas más de entrenamientos, declarando nulos los ya disputados, no fue aceptada por el resto de los equipos. Estos dijeron que los motores de sus coches, muy fatigados, no soportarían el esfuerzo de cuatro horas más de entrenamientos. A partir de ese momento, la ruptura de las negociaciones era ya definitiva, por lo que la carrera española deberá disputarse sin contar con la participación de Renault, Ferrari y Alfa Romeo. El deporte, una vez más, sufría las consecuencias del enfrentamiento de dos hombres cuyas posturas son irreconciliables. Y, una vez más, la carrera española pagaba estas consecuencias.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 31 de mayo de 1980.

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