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CARTAS AL DIRECTOR

El divorcio y González Ruiz

En EL PAIS del 9 de marzo viene un amplio resumen, firmado por Karmentxu Marín, cuyo título es «Abogados, teólogos, feministas y partidos de izquierda se muestran a favor del dívorcio». Uno de los teólogos es el que esto suscribe, José María González Ruiz. A más de que mi intervención no fue, sin más, «a favor del divorcio», como si éste fuera un bien en sí, la corresponsal cita, desconectadas de su contexto coloquial, algunas frases mías, como: « ... cuandolos obispos meten su pata episcopal» y «monseñor Barrachina sabe mucho de matar rojos, corno él mismo me contaba una vez. pero sabe poco de la Igleisa». Así dicho, yo misnio protestaría por la demagogia y la falta de delicadeza de las frases. Pero no fue así.En cuanto a lo primero («la pata episcopal») se trataba de contestar a la eterna pregunta sobre la postura de la Iglesia; a lo que yo respondía que.la Iglesia es un inmenso colectivo de 2000 años de existencia y espaciada en múltiples ámbitos, que en mi exposición había intentado dar una panorámica, a base de textos y documentos, según la cual en la Iglesia desde siempre -desde Jesús y San Pablo- se ha intentado y se ha logrado dar una solución a los matrimonios irreversiblemente rotos: y que si en algún momento un grupo de hombres de iglesia no son felices en recoger plenamente esta herencia, ellos también son humanos y pueden meter la pata, incluso la episcopal. Todo, como es lógico, en tono festivo, como corresponde a un andaluz que saborea las mieles de la rehabilitación de su pueblo.

Por lo que se refiere a monseñor Barrachina, obispo de Alicante, contestaba a unas declaraciones suyas aparecidas en la prensa absolutamente condenatorias de todo intento de arreglar matrimonios rotos. En la misma intimidad del coloquio dije que de nuestros años de coexistencia en el Colegio Español de Roma recuerdo muy bien cuando él nos hablaba de sus hazañas bélicas en la «cruzada de liberación», en la que se enroló entusiásticam ente, y de cómo nos hablaba de matar rojos con el mismo talante sagrado como tantas veces hemos presentado a Santiago matando moros; pero que, por lo que deducía de sus declaraciones, estaba ahora muy alejado de la enorme literatura católica que existe al respecto, según la cual nadie, ni un obispo, puede hacer tan lindamente declaraciones tan maniqueas, entre otras cosas, porque se expone a chocar con expresas y recientes declaraciones pontificias, que, por cierto, yo cité literalmente.

Dicho esto, creo que el,resto del resumen es exacto, aunque no puede lógicamente incluir la cantidad de matizaciones que hay que hacer en un asunto tan delicado.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 29 de marzo de 1980