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Colegio estatal cerrado por amenazas en la Alameda de Osuna

El colegio estatal de EGB Ciudad de Zaragoza, ubicado en la madrileña Alameda de Osuna, y con capacidad para mil alumnos, se encuentra cerrado por tiempo indefinido a consecuencia de las amenazas que pesan sobre una de las dos hijas de la directora, Blanca de Felipe, y sobre dos alumnos del centro. Uno de éstos fue el receptor material de las últimas amenazas.

La decisión de cerrar el colegio, adoptada anteayer por los profesores, ha sido corroborada por los padres en asambleas celebradas estos dos días.Hasta el pasado lunes, el colegio había recibido varias amenazas telefónicas de bomba, nunca confirmadas posteriormente. La serie de llamadas se inició el pasado 12 de enero. Julián Castaño, secretario del colegio, recibió casi todas las llamadas. «No puedo precisar la edad del comunicante», dice, «a veces parecía más joven y otras veces, mayor. Las amenazas eran leídas siempre apresuradamente y casi siempre hablaban de goma-2 o de que tenían un rehén. Si no se cerraba el colegio, decían, estallaría una bomba o el rehén sería decapitado después de ser sometido a torturas. »

El lunes pasado, uno de losalumnos salía de su casa en el pueblo de Barajas, a las 9.20 de la mañana, su hora habitual para ir al colegio, cuando fue abordado por dos hombres, cuyas edades ha calculado en veinticuatro y cincuenta años. El más joven, de aspecto inquietante, llevaba una larga melena y un atavío que ha sido calificado de anormal. El mayor prácticamente se cubría el rostro con el pelo, también muy largo, y vestía una túnica negra.

El alumno trató de huir, pero en última instancia lo sujetaron los dos asaltantes. La directora del colegio recuerda así el suceso: «Le retuvieron por la fuerza y le dijeron que habían fabricado dos muñecos: uno representaba a una de mis hijas, y el otro a un alumno. En el caso de que el colegio no fuese cerrado durante una semana, las dos personas representadas por los muñecos y el alumno que recibía la amenaza padecerían horribles sufrimientos. Antes de liberarle, hicieron una última precisión: el mensaje debería serme transmitido personalmente, y habría que guardar secreto ante las restantes personas. El colegio debería estar cerrado desde las once de la mañana, porque si no se cumplía la instrucción, también sufriría una catástrofe a las cuatro de la tarde. Reiteraron que no se avisara a la policía, y luego desaparecieron. »

La última serie de amenazas telefónicas llegó después de un largo período de calma, que se había iniciado el curso anterior. Al fin, «los padres de alumnos han corroborado el acuerdo de que el centro sea cerrado. Dimos aviso al gobernador civil, nos prometió que enviaría un delegado, y hasta ahora solamente ha enviado a la policía, que presta guardia a la entrada. Nosotros compartimos una opinión con la mayoría: este colegio estatal tiene un cierto prestigio en la zona. Pensamos que alguien quiere cargarse la enseñanza estatal».

A última hora de la tarde de ayer estaba convocada una asamblea de padres para decidir las medidas a adoptar. Algunos padres, antes de que comenzara el acto, aún no concluido a la hora de cerrar esta edición, hablaban de crear piquetes de vigilancia, aunque otros opinaban que tal medida no garantizaba totalmente la seguridad de los niños.

Tanto la directora como los padres se encuentran muy afectados por este asunto y aunque, en general, se piensa que las amenazas no se llevarían a cabo, la duda de que puedan cumplirse hace muy difícil adoptar una posición. La disyuntiva que planteaba la directora del centro era la misma que pesaba sobre todos los asistentes a la asamblea: o continuar las clases, asumiendo el riesgo de que las amenazas no sean ciertas, o cerrar el colegio durante dos semanas, lo que tampoco asegura que la coacción no vuelva a repetirse. En cualquier caso, la decisión definitiva depende del claustro de profesores, aunque es lógico que se tenga en cuenta el resultado de la asamblea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de febrero de 1980

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