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Mata de un disparo a su hermano, cuando probaba una escopeta robada

La policía ha detenido a los dos presuntos autores de la muerte, por disparo de escopeta, de un joven en las proximidades del Cerro de los Angeles, hecho ocurrido el jueves pasado y del que EL PAIS dio cuenta ayer. Se da la circunstancia de que uno de los detenidos, como presunto autor material del homicidio, es hermano de la víctima.Según la reconstrucción de los hechos realizada por la investigacion policial, inicialmente se creyó que los autores del homicidio pudieran ser cazadores furtivos, pero las inexactitudes detectadas en el relato de las personas presentes hicieron pensar que la explicación fuera otra.

En virtud de los interrogatorios practicados, se ha sabido que el fallecido, José Antonio Picazo, de diecinueve años, y su hermano Ignacio Jacobo, de dieciséis, habían robado, por el sistema del palanquetazo, una escopeta con su correspondiente munición en un chalé de la urbanización Perales del Río, situada en el término municipal de La Marañosa. Utilizaron para ello un Renault 5 robado.

El jueves pasado, los dos hermanos escondieron el arma en el maletero del coche de su padre, sin que éste lo supiera. Acompañados de sus padres, de otro hermano de corta edad y de un amigo, Francisco Sáez, de diecisiete años, se dirigieron al Cerro de los Angeles con el propósito de tomar el sol.

Cuando los padres y el pequeño se alejaron para dar un paseo, los tres muchachos decidieron probar el arma, con tan mala fortuna que el primer disparo alcanzó a José Antonio Picazo en el cuello, causándole un orificio de unos diez centímetros de diámetro, con abundante desgarro de tejidos internos y fuerte hemorragia. El tiro había sido efectuado involuntariamente, casi a bocajarro.

Los padres del joven y Francisco Sáez trasladaron al herido a la residencia sanitaria Primero de Octubre, donde no pudieron hacer otra cosa que certificar su muerte. Entre tanto, Ignacio Jacobo, que se había quedado en el lugar del suceso en compañia del otro hermano pequeño, excavó el suelo con la propia escopeta y enterró ésta y la munición.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de diciembre de 1979