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Psicosis de miedo en Granada ante los frecuentes terremotos

Un fuerte grito colectivo de verdadero pánico, procedente de miles de gargantas asustadas, se dejó oír por encima de los bloques del populoso barrio granadino de El Zaidín, a las doce menos cuarto de la noche del martes al miércoles, coincidiendo con una de las más fuertes sacudidas sísmicas, sacudida que alcanzó los seis grados de intensidad, según la escala de Mercalli, modificada, padecidas en Granada desde el pasado día 20 de marzo. Informa desde Granada, .

Familias enteras de la capital y los pueblos de Armilla, Churriana, Alhendín, La Zubia y muchas otras localidades de la vega granadina pasaron a continuación la noche en vela, esperando el amanecer sentadas en las aceras o acampadas en las plazas, sin atreverse a volver a sus casas, por miedo a que el terremoto se repitiera.Se trataba del segundo temblor que se producía en el mismo día, y el undécimo, en las últimas 45 horas, desde que otra fuerte sacudida, la de las tres de la madrugada del domingo al lunes, también de seis grados de intensidad, les hubiera hecho igualmente abandonar sus casas y buscar seguridad en lugares abiertos. Ya se ha perdido la cuenta, por otro lado, de cuántos terremotos van desde el 20 de marzo.

Aunque los técnicos catalogan muchos de estos temblores como simples réplicas, espaciadas y más o menos violentas, de un sólo terremoto principal, como ocurrió con los sucesivos temblores de la madrugada del lunes, lo cierto es que la gente sintió, presa de pánico en algunos casos, siete sacudidas independientes en cinco horas. Y poco podía importarle entonces a ciudadanos de a pie si se trataba de terremotos o de «simples réplicas».

El caso es que en Granada se está viviendo estos días, a pesar de que muchas personas traten de disimularlo, a base de chistes y bromas, una verdadera psicosis colectiva de miedo, que se ha adueñado de amplias capas de la población, principalmente en algunos barrios de la capital y en los pueblos de Churriana, Armilla y Alhendín.

Pendientes de los síntomas

Miles de personas desde hace días viven pendientes del más leve síntoma que haga precisar el temblor de tierra, a veces, con fundamento, como pueden ser los ladridos especiales de los perros, pero a veces también síntomas sin ningún atisbo de credibilidad, como el hecho de que haga un calor agobiante o corra un viento terral y sahariano, para lanzarse a la calle al primer movimiento.En la calle, las personas pasan ya toda la noche desvelados, formando corros, jugando a las cartas o al dominó, y algunos, los menos, durmiendo.

Anteanoche, familias enteras se trasladaron a las plazas y descampados, con sus hamacas, mantas y colchones, elevando el volumen de sus transistores para seguir por la radio las posibles incidencias.

En la capital también llegaron a instalarse tiendas de campaña en el paseo del Violón, mientras que la zona de El Zaidín y Los Vergeles, por ejemplo, parecía una barriada en fiestas, sólo que, en vez de en el circo, la gente parecía salir de una de esas casetas de feria donde se ofrece a los posibles espectadores sesiones de pánico y terror a diez duros.

Un individuo, en la plaza de Fontiveros, llamó la atención de los informadores: «Lo que pasa es que todos los años el Ayuntamiento ofrecía una misa a la Virgen de las Angustias (patrona de Granada) para proteger a la ciudad de los terremotos, y como este año el alcalde es de izquierdas, todavía no se ha hecho.» Otro de los contertulios del corro dijo, bromeando, que «mientras la Alhambra siga en pie, es señal de que aguantamos».

La verdad es que la mayoría de la gente no estaba para bromas ni chirigotas, pudiéndose leer en sus ojos el presentimiento de una catástrofe que parece amenazar esta parte de la provincia desde el mes de marzo. No todo el mundo se toma la cosa tan a la tremenda. Una señora, a la una de la noche, telefoneó a la redacción del Ideal preguntando si ya tenían «los datos del terremoto que se ha celebrado hace un rato».

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de agosto de 1979