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Entrevista:

Jorge Cesarsky culpa de su condena a cuatro testigos falsos

Pendiente en estos días de que el Tribunal Supremo confirme o anule la sentencia que le condenó por terrorismo en relación con la muerte del estudiante Arturo Ruiz, el súbdito argentino Jorge Cesarsky, afincado en España desde hace doce años, no quiere que le llamen ultra o terrorista. «Soy justicialista en Argentina, y en España sería joseantoniano», dice. En un alarde de imaginación, añade que su ideal político sería «una síntesis del PSOE, de Fuerza Nueva y de Falange». Del primero admira su sensibilidad social y de los dos últimos, su patriotismo.

Extrovertido, hablador por los codos, Jorge Cesarsky no ahorra esfuerzos para dar su versión de lo que ocurrió en la mañana del día 23 de enero de 1977, en la calle de la Estrella, de Madrid, donde una bala terminó con la vida de Arturo Ruiz, tras haber participado en una manifestación proamnistía en la Gran Vía madrileña.«En lo de Arturo Ruiz no se ha descubierto nada ni se ha hecho nada», asegura Cesarsky, dando la impresión de que él sabe o sospecha más de lo que se ha dicho o investigado. Si se duda de lo que dice, Cesarsky recurre como argumento supremo a la prueba del pentotal. «Que traigan un médico, que me inyecten pentotal y que me interroguen», casi grita en un intento desesperado de probar su inocencia.Pregunta. Pero ¿qué hacía usted en la mañana del día 23 de enero de 1977 en la calle de la. Estrella, esquina a Silva?

Respuesta. Me habían dicho que la guerrilla urbana iba a matar ese día policías y yo tengo muchos amigos policías. Los conocí al hacerles seguros de Sanitas y son amigos, casi hermanos. Fui allí para evitar que matasen policías. En la noche anterior estuve recorriendo Madrid hasta las seis de la madrugada buscando unos coches que me dijeron habían robado los GRAPO. Había seis o siete coches famosos a los que habían cambiado la matrícula.

Con Fernández Guaza, ni a misa

P. El día anterior usted preparó la acción durante una reunión a la que asistieron también, entre otros, algunos neofascistas italianos residentes en España y algunos ultras españoles. Concretamente Fernández Guaza.R. Yo no conozco a esa gente, y con Fernández Guaza no voy ni a misa. Reitero que nada tengo que ver con esa gente. Que hayamos coincidido con el mismo objetivo en un momento determinado, pues sí, aunque eso no quiere decir nada.

P. Usted ha presentado su detención y el proceso que se le abrió a raíz de la muerte de Arturo Ruiz como un acto de venganza de ciertos servicios.

R. Creo que nunca dije exactamente eso. Que hay gente lopezregista en sectores del poder español, es cierto. Que pertenezcan a la masonería o a la internacional negra, no lo sé, pero seguro que están conectados. No creo que fuera un acto de venganza, simplemente me tomaron a mí como un chivo expiatorio. Es la técnica que siguen actualmente. Se produce un hecho terrorista grave y siempre aparece algún detenido por otra cosa o se descubren células nuevas. Hay que conformar a la opinión pública. Como no puedan dar con los autores del hecho que conmueve a la opinión pública en ese momento, inventan cualquier otra cosa.

P. ¿Qué motivos pudo haber para que usted fuese elegido como chivo expiatorio?

R. La casualidad. Que ese día estuve allí y que ese día hice un disparo al aire.

P. Pero ¿qué necesidad había a principios de 1977 de que esos servicios buscasen un chivo expiatorio, fuese usted u otra persona?

R. Es una pregunta que habría que hacer a esos servicios. Simplemente, que siempre necesitan tener una persona sobre la que cargar las culpas y yo era la persona ideal para ello, por la hucha que di a Olof Palme, porque era argentino, porque había tenido una larga militancia no comunista. Dio la casualidad de que ese día estuve allí y tuve que hacer un disparo al aire. Coincidieron todos esos factores para echarme el muerto a mí.

P. ¿No cree que en su caso esos servicios cambiaron de táctica, ya que hasta entonces habían venido protegiendo a sus colaboradores?

R. Primero tengo que decir que yo nunca colaboré con ellos. Que podamos haber coincidido la policía y los que simpatizábamos con cierto Gobierno es casualidad. Los servicios no tienen ideología, sirven al Gobierno de turno. Entonces yo no acuso a ningún servicio en particular. Pienso que querían demostrar que ya no eran franquistas. Hicieron un grupo con mucha gente de la que ellos llaman de extrema derecha para luego entregarla a los leones, llámese prensa o cárcel.

P. Pero usted fue colaborador de los SCOE (Servicios de Coordinación, Organización y Enlace), ¿no?

R. Reitero que no tengo nada que ver con ningún servicio.

P. ¿Por qué marchó a la entonces sede de estos servicios, en la calle del Rey Francisco, tras haberse producido la muerte de Arturo Ruiz?

R. Porque yo defiendo un ideal y lo hago de forma integral. Aquel día, además de la manifestación proamnistía, había guerrilla urbana. Había tres coches dirigiendo la guerrilla urbana. Yo tomé las matrículas y, como no tenía ni idea de que se había matado a Arturo Ruiz, antes de ir a mi casa pensé que debía darles a estos amigos las matrículas de los coches que estaban armando el follón.

P. Pero uno de esos amigos, un tal Antonio Lama, le vio a usted una pistola y vio cómo se le caía una bala.

R. Ese no es amigo ni conocido. Ese señor dice que me vio una pistola y yo digo que fue un detonador. Yo pregunto: si dice que me vio una pistola, ¿por qué no me detuvo?

P. No sería porque usted era un colaborador de los servicios y había que protegerle?

R. Y después me denuncia.

"Mis amigos policías no pudieron hacer nada"

P. Seguramente se debió a una orden superior.R. A mí lo que me dijeron algunos amigos de la policía es que no pudieron hacer nada. Que todo eso se produjo porque había una orden de muyarriba. Ahora bien, yo no sé cuál es ese mago misterioso, que desde tan arriba me hizo pagar una culpa que yo no tenía.

P. ¿Conoció a los procesados por la matanza de Atocha con anterioridad a coincidir con ellos en la cárcel de Ciudad Real?

R. No. No los conocía.

P. Sin embargo, en una carta publicada en algún periódico en diciembre pagado, Fernández Cerra declaró que el que disparó al aire poco antes de producirse la muerte de Arturo Ruiz fue «un hombre con loden verde, sin gorra ni sombrero», y parece que ese hombre era usted.

R. Sí, pero también dice Fernández Cerra en esa carta que él había sacado una pistola y que fue a él al que le arrancaron esa pistola. Esa carta fue entregada al fiscal de Ciudad Real y éste la mandó al fiscal de la Audiencia Nacional. El acusador particular en el caso de Arturo Ruiz se está ensañando conmigo y no con el posible autor o colaborador de la muerte de Arturo Ruiz. ¿Por qué la acusación particular no hizo nada cuando Fernández Cerra publicó esa carta, confesando que había sido la persona a la que arrancaron la pistola? Aquí, quiero hacer también una acusación directa al abogado Mohedano, el cual preparó la acusación de los testigos contra mí. Estos testigos son los que dicen que el autor del asesinato me arrancó a mí la pistola y esto es falso, ya que el mismo Fernández Cerra dice que fue a él. En cuanto el Tribunal Supremo resuelva sobre mi caso, pienso entablar una querella contra esos testigos falsos, que dijeron que yo fui la persona a la que arrebataron la pistola con la que se mató a Arturo Ruiz. Y no se dan cuenta de que hay dos testigos que dicen que la persona a quien arrancó la pistola el que mató a Arturo Ruiz no tenía el loden verde, tenía un gabán gris, que es lo que dijo Fernández Cerra que llevaba ese día y que, además, llevó al día siguiente en Atocha. Porque los testigos dicen que Fernández Cerra andaba con un gabán gris y con una capucha.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de junio de 1979

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