Los resultados confirman el retroceso de la izquierda en Europa

«La confortable ventaja conseguida por UCD pone fin a las esperanzas del PSOE de llegar al poder en España en los cuatro próximos años.» Este escueto comentario de la Radio Nacional portuguesa parece resumir la impresión dominante en los medios dirigentes de Lisboa, después de conocer los primeros resultados de las elecciones españolas.

En primer lugar, y de común acuerdo, todos los partidos se felicitan por el ambiente sereno en que se desarrolló el comicio y por la elevada participación relativa del electorado: ambos factores son considerados muy positivos.Por lo que se refiere a los resultados relativos de las principales formaciones, puede decirse que la derecha portuguesa está muy satisfecha con la victoria de Adolfo Suárez, mientras la derrota relativa del PSOE no sorprende ni aflige a la izquierda. La primera ve en los resultados españoles la confirmación de un retroceso de la izquierda en toda la Europa, ya señalada por las derrotas de los socialistas suecos y franceses y que espera ver confirmarse próximamente en Inglaterra y Alemania Federal. La izquierda portuguesa, al mismo tiempo que subraya los éxitos de comunistas, socialistas y otras formaciones de izquierda en los grandes centros urbanos, ve en la estabilidad del electorado español un desmentido a todas las profecías de profundas y bruscas alteraciones en el panorama político portugués en las próximas elecciones.

El «alivio» que confiesan en privado los dirigentes socialistas frente a la derrota del PSOE no es fingido. Hace tres meses, un secretario nacional del PS nos decía que, en base a su propia experiencia, consideraba que lo peor que podía acontecer a Felipe González sería verse obligado a participar en el Gobierno en plena crisis económica y social, pues lo que se impone ahora en España, como en Portugal, son medidas concretas para resolver los grandes problemas nacionales, medidas necesariamente impopulares.

Un hecho nuevo es la gran importancia concedida en el pro comunista O Diario a la progresión del PCE. Esta vez la solidaridad prevalece sobre las conocidas divergencias entre los dos partidos. En cambio, causa perplejidad en todos los sectores el éxito conseguido por los partidos autonomistas más o menos radicales.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 02 de marzo de 1979.

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