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Nuevos planteamientos ante los trastornos mentales

El miedo a la locura, un temor irracional y generalizado

El miedo a la locura y el rechazo o aislamiento de los locos es un hecho frecuente en todas las sociedades y culturas. Se trata de un temor generalizado e irracional que impidió en otras épocas de la historia el acercamiento científico y estudioso a la locura y su mundo. Este conocimiento, sin embargo, se abre camino en la cultura occidental moderna, cuando personalidades como Sigmund Freud empiezan a atreverse a dialogar con el loco tratando de comprender su lenguaje restableciendo la comunicación rota, allí donde la medicina tradicional —científica en otros sectores, pero no en este— sólo trataba de quitarse al loco del medio o acallar su conflictiva voz mediante el empleo de productos farmacológicos o técnicas de electroshock, tendentes a la aniquilación del impulso mismo vital en lugar de a su comprensión o traducción. Ronald Laing, fundador del movimiento denominado antisiquiatría, recoge buena parte de la herencia sicoanalítica y transforma la metodología freudiana en una valiente crítica de las instituciones siquiátricas, rechazando el tradicional tratamiento de la locura y basando su «ayuda al hombre que sufre por percibir la realidad de otra manera» en comunidades de apoyo y diálogo, con éxito en un gran tanto por ciento de los casos. Alfonso García Pérez realizó una información sobre el acercamiento científico al problema de la locura, en colaboración con Lola Galán, entrevistando a Ronald Laing y contando también con la colaboración del doctor González Duro, responsable de una comunidad terapéutica.

Uno de Ios más profundos temores de los seres humanos, según constatan tanto la evidencia come las investigaciones sicoanalíticas, es el temor al cambio, la angustia frente a la situación nueva. La inminencia del cambio, bien en el exterior, en el mundo de los otros, o en la propia interioridad, es vivida como algo terrible que explica buena parte de los temores que la locura y el loco suscitan.

Según el fundador del sicoanálisis, existe una angustia real y una angustia neurótica en la mente humana. La primera sería la que aparece en situaciones de peligro real, mientras la neurótica correspondería a situaciones irreales. ¿Qué es lo real y qué lo irreal? ¿Quién lo define?

El consenso establece, por ejemplo, que temer un rayo en situación de tormenta vivida en un campo abierto es algo que responde a un peligro real, mientras temer constantemente la caída de un rayo sobre uno mismo, en el propio domicilio, sin causa exterior atmosférica que lo justifique, es un temor neurótico. Lo que sucede es que el neurótico o persona afectada justifica siempre sus temores con hechos más o menos científicos: la posibilidad de formación de tormentas repentinas la constante electricidad atmosférica etcétera.

La diferencia se complica cuando los temores y angustias se refieren a enemigos, a lo que el sicoanálisis llama objetos persecutorios. En este caso existe un profundo temor a ser dañado por personajes externos: compañeros de trabajo, jefes, policías, jueces, gobernantes..., o personajes internos, seres del pasado que continúan viviendo en el interior de la mente: padres autoritarios, individuos familiares represivos, etcétera. Los objetos persecutorios no son necesariamente personas, sino, en ocasiones, aspectos de las personas.

Miedo a la creatividad

La locura suscita también el temor a lo desconocido. En ese sentido, no sólo se tiene miedo del loco, sino de todo individuo creador. Artistas o intelectuales suscitadores de nuevos lenguajes expresivos son habitualmente recibidos con pánico, hasta que el consenso social transforma en habitual y normativo lo que comenzara siendo extraordinario, descargándole así de su aspecto alarmante y sancionando positivamente -— tranquilizadoramente— el cambio producido.

La sociedad trata mediante leves, normas y reglas evitar que las ideas nuevas sean disruptivas para el medio o el grupo social. Tras ese mecanismo de defensa colectiva el grupo podrá reaccionar mejor acogiendo el nuevo impulso. Se compensa así ese miedo a la catástrofe que está detrás del rechazo de artista genios y locos...

Tras un primer no dirigido al impulso creativo, tiene lugar un posterior si, una vez que el impulso ha sido desposeído de sus aspectos más peligrosos para el conservadurismo del grupo. Sucede también que estos mecanismos producen altas inhibiciones en los miembros de las sociedades, siendo muy pocos los individuos capaces de realizar el esfuerzo psíquico de afirmar su creatividad o su locura ante los demás de un modo válido, condenándose a la mayoría de las personas a llevar una existencia de creatividad reprimida, mientras otras caen en la locura.

Constelaciones fantasmáticas

Según los sicoanalistas, otros importantes factores desempeñan un papel activador del miedo a la locura. Se trata del temor a ser dañados por esos objetos persecutorios internos y externos que se proyectan y se ven en el loco. «El ser humano —se asegura— es un ser que mantiene un equilibrio a duras penas porque tiene varios núcleos en su personalidad. Todas las personas tenemos núcleos sicóticos, núcleos neuróticos y núcleos sanos.»

Los núcleos sicóticos son descritos como «zonas que se pueden llamar constelaciones constituidas por fantasmas, presentes en todas las personas y que pueden reactivarse en cualquier momento de la vida bajo condiciones de regresión y que, por tanto, presentan una virtualidad patológica imposible de elaborar del todo». La percepción de esta situación tan frágil de la mente de todos nosotros justifica ese miedo a la locura como pérdida del equilibrio y como resurgimiento de esas constelaciones fantasmáticas. Estas constelaciones fantasmáticas, a su vez, tienen varios orígenes: angustias confusionales, muy en relación con los problemas de identidad, en las que el individuo no sabe realmente quién es él mismo y quién es el otro; estados de perplejidad y pérdidas de identidad o sentimientos profundos de envidia a la identidad de los otros.

Mientras los núcleos o zonas sicoticas de la personalidad están constituidos por trozos de identidad, por fragmentos, las zonas neuróticas, más evolucionadas que aquéllas, son capaces de realizar totalidades y síntesis. La salud mental no vendría entonces a ser otra cosa sino un momento o conjunto de momentos, una isla, en la constelación neurótica. Es la parte creadora que se realiza y logra adecuadas síntesis entre el mundo interno y el mundo externo, entre el subfondo de las emociones y los afectos y las relaciones reales establecidas en la cultura y sociedad en la que se está viviendo.

Síntesis

La síntesis lograda es distinta para cada individuo. Unos la logran a base de mantener altamente reprimidos sus impulsos, mientras otros la consiguen afirmando y desarrollando una constante tensión y manifestando sus emociones ante el entorno represivo. Entre unos y otros, el loco fracasó en la consecución de su síntesis, generalmente porque el medio social y familiar no se lo permitió.

El individuo que ha logrado una actitud sana es capaz de hacerse cargo de sus ansiedades más primitivas —temores persecutorios, etcétera—, siendo capaz de no colocar en los otros los aspectos negativos propios ni tampoco de idealizar la realidad inexistente, viendo en todo momento la relatividad de una realidad que es, a la vez, buena y mala. A diferencia de la actitud sicótica, la actitud sana, más o menos neurótica, no ve lo bueno y lo malo en el otro con carácter de absoluto ni divide a las personas en amigas o enemigas. Advierte que todos los seres humanos tienen aspectos amigos y aspectos enemigos, y acepta el esfuerzo constante de percepción y de no simplificación que supone vivir en esa ambivalencia.

Rechazo del loco

La postura de la colectividad ante la locura resume, por tanto, estas fantasías de todas las personas, este miedo de cada uno a su locura interior y no asumida. Ante los individuos que regresan a sus partes más sicóticas, la psiquiatría tradicional actuaba represivamente desarrollando unos métodos —fármacos, etcétera—, que convierten el proceso en irreversible, mientras posturas como las de Laing o la sicoanalítica lo consideran un viaje del que puede haber regreso.

Sólo la pérdida del miedo a la propia locura puede abrir una vía científica, en opinión de los especialistas, en el tratamiento del problema. Mientras la angustia ante lo irracional no deja de ser la más irracional de las posturas, fomentando con el miedo de padres, amigos, etcétera, las angustias y terrores del loco, la aceptación de la propia locura y la transformación de los contenidos irracionales en aportaciones válidas: arte, sentimientos, creaciones, elimina la etiquetación de los locos como seres distintos de los demás, recuperando para ellos su verdadera condición: la de hombres y mujeres, como todos los demás, con idénticos conflictos emocionales a los de todas las personas, sin otro elemento diferenciador, psíquico u orgánico, sino el haber experimentado una evolución diferente de las de los demás, casi siempre a causa de no haber sido escuchados, comprendidos ni respetados en sus más profundos anhelos humanos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 9 de diciembre de 1977