La dictadura del miedo
«(...) En otro terreno muy diferente, dos o tres diarios y media docena de semanarios han alcanzado una capacidad de coacción tan grande que no pocos intelectuales, y políticos actúan pendientes sólo de conseguir sus bendiciones. Por miedo a que los acusen, desde esas publicaciones, de fascistas o reaccionarios hay directores generales que se encogen hasta ensuciarse en el principio de autoridad; hay gobernadores civiles que no gobiernan, sino desgobiernan; hay escritores que afirman lo contrario de lo que piensan; empresarios que se dejan arrollar; sacerdotes que toman actitudes indignas para el decoro de su ministerio; catedráticos que tiran la esponja sin luchar contra la subversión universitaria; artistas del más vario género que politizan su arte y lo adulteran al modo y a la moda de una progresía exacerbada y mugrienta.Da vértigo la carrera en pelo de no pocos de aquellos antiguos falangistas valerosos para instalarse en la nueva situación. ¡Qué tino el suyo para introducir las cinco flechas en el carcaj de la Historia! ¿Y qué decir de los franquistas adictos a la vieja caravana de las cifras triunfales? A muchos de ellos las flechas les han sido útiles para metérselas a Franco por la espalda. (...)
Aunque el miedo sólo beneficie a los ultras de uno y otro signo, se equivocan los agoreros de la catástrofe. (...)
La zozobra que produce en el español medio el incierto futuro se tomará en seguridad creadora.
Vuelta la confianza a los empresarios e inversores, se enderezará la economía. Nos esperan, eso sí, largos y difíciles tiempos en los que habrá que derrochar flexibilidad y, sobre todo, energía. (...)
Y bien. El pueblo desea ciertamente la joven libertad recobrada, con su nueva Monarquía. Pero sabe que para conservarla es necesario ahuyentar el fantasma de la anarquía. Sabe que el Gobierno quebrantará la incipiente dictadura del miedo sólo si lo pierde él mismo y gobierna con la energía que exige la imponente erosión sufrida por la vida nacional. Por eso, si hoy levantáramos la piel del pueblo español, enamorado sin duda de su libertad recobrada, encontraríamos grabada a fuego, sobre la carne viva, esta sola palabra: autoridad, autoridad, autoridad.
12 noviembre
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