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GENTE

Carmelo García de Diego

escribe en el boletín de la diócesis de Sigüenza-Guadalajara que los instintos sexuales convierten al hombre en un esclavo de su propia animalidad si no se les ordena rectamente conforme a la razón y quedan sometidos al dominio del hombre. Añade que el sexo se ha convertido en valor supremo, cuando debe ser situado en un lugar más secundario.

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