El Gobierno británico y los sindicatos negocian contra reloj
A lo largo de todo el día de ayer prosiguieron en la capital británica los contactos entre miembros del Gabinete Callaghan y representantes sindicales para tratar sobre, la fórmula de contener el alza desmesurada de los salarlos, conforme reclaman ciertos sindicatos que desean de esta forma poner fin al «contrato social».Sobre este punto, el premier británico, James Callaghan, fue explícito ante la Cámara de los Comunes al explicar que de llevarse a cabo el aumento salarial EL 20%, propugnado por ciertos sindicatos, las consecuencias podrían ser «trágicas.». El primer ministro agregó ante los parlamentarios británicos que «en un momento de nuestra historia, cuando el índice de inflación está a punto de invertirsel el Gobierno no podría de ninguna manera mantener su firme intención y su convencimiento para poder volver a un nivel de inflación no mayorque el de nuestros competidores».
Ahora bien, la postura de reivindicaciones sindicales no es homogénea. Así, el Sindicato nacional de los Empleados de Ferrocarriles se pronunció ayer, en el transcurso de su congreso anual, en favor de «un ordenado y gradual abandono del contrato social». Una postura idéntica a la que sostiene el constructor de dicho «contrato social» Jack Jones, líder del poderoso sindicato de transportistas, y que fue rechazada hace unos días por su propio grupo laboral.
Una fórmula que, por otra parte, es en realidad la única que le queda al Gobierno para prolongar el pacto para la contención de salarios que expira a finales de este mes y a cuya prorrogación se oponen los dos sindicatos más importantes de Gran Bretaña, el ya citado de Transportes y el de los Mineros, este último autor material de la caída del Gabinete conservador en 1973.
Además de hacer frente a la discusión laboral sobre el "contrato social" el Gobierno británico debe hacer frente al problema que suponen los 1.450.000 parados que hay en el Reino Unido conforme a un estudio laboral publicado ayer en Londres, lo que supone cerca del 5% del total de la población laboral británica.
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