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El Rey aceptó el lunes la dimisión de Torcuato Fernández-Miranda

La dimisión de Torcuato Fernández-Miranda como presidente de las Cortes, aceptada por el Rey y que se hará efectiva después de las elecciones -según informó ayer el propio interesado-, abre un periodo de expectativa sobre la figura del próximo presidente de las Cortes que surja de las urnas el 15 de junio. La dimisión del señor Fernández-Miranda parece el resultado de altas decisiones sobre el papel de las próximas Cortes, aceptadas por el presidente.

Las declaraciones que se habían formulado en los últimos días -de forma destacada por el primer secretario del PSOE y por nueve partidos canarios- sobre la improcedencia de que Torcuato Fernández-Miranda continuara al frente de las Cortes después de las elecciones, tuvieron ayer respuesta al máximo nivel posible, a través de la rueda de prensa convocada por el propio presidente de las Cortes, si bien el señor Fernández-Miranda manifestó que su dimisión había sido presentada el día 23, es decir, con anterioridad a las citadas manifestaciones.El señor Fernández-Miranda se reunió con los informadores acreditados ante la Cámara Legislativa a primera hora de la tarde de ayer. Les anunció su deseo de ser lo más preciso y claro posible, no aceptar preguntas e invitarles a tomar una copa, con cuya ocasión contestaría a las que se le hicieran.

Seguidamente, formuló una observación sobre la naturaleza de la prórroga de las Cortes, que, en principio, habría de terminar el 30 de junio, si bien para el señor Fernández- Miranda el plazo no es determinante, sino una garantía añadida, «para que la prórroga no quede indefinida». El verdadero motivo de la naturaleza de la prórroga está -añadió, citando el artículo 2 del Reglamento y el 7 de la ley Orgánica del Estado- «en las elecciones, que han de celebrarse para la normal renovación de las Cortes».

Recordó que la actual prórroga de las Cortes se produjo a petición del Gobierno, con el fin de «no celebrar elecciones hasta que la anunciada reforma se aprobara, para que las elecciones pudieran realizarse conforme a la reforma entonces proyectada». «Por tanto -agregó-, si el día 15 se celebran las elecciones, del propio contexto de la norma que rige la prórroga se deduce que el funcionamiento de las Cortes actuales termina. El que el plazo llegue hasta el día 30 podrá planear algunas cuestiones de tipo formal, o podrá hacer referencia a determinados status de los anteriores procuradores, pero no afecta para nada al verdadero sentido de la prórroga de las Cortes, que indudablemente termina cuando las elecciones se celebran. »

A continuación, el señor Fernández-Miranda se refirió a su reciente respuesta sobre cuándo empezarían a funcionar las nuevas Cortes. «Cité las fechas del 22 o del 23 de junio, para comienzo de la serie de reuniones previas constitutivas que tienen que realizarse forzosamente. Como ustedes saben -manifestó-, las Juntas Provinciales tienen que comunicar a la Junta Central el resultado de las elecciones, y ésta tiene la obligación de comunicarlo a estas Cortes, según el artículo 71 de las normas electorales, y estas Cortes empiezan a funcionar, pero no se constituyen hasta que hayan cumplido los trámites sucesivos. »

El lunes 23, a las once de la mañana

Torcuato Fernández-Miranda, tras esta introducción, soltó la bomba informativa: « El lunes 23, a las once de la mañana, he presentado mi dimisión a Su Majestad el Rey, quien la ha aceptado. Me ha comunicado su aceptación ayer. »

Seguidamente, el todavía presidente de las Cortes añadió: «Hay varios hechos que quiero subrayar y que explican claramente el sentido de mi conducta. En primer lugar, hoy más que nunca, cuento con la confianza con que SM el Rey me ha distinguido desde el año 1960. Desde entonces, como Príncipe, como Príncipe de España, después como Rey, ha sido para mí un honor contar con esa confianza y le he servido con absoluta lealtad y entrega, y le serviré de por vida. Es el servicio a mi pueblo y al Rey lo que me ha decidido a presentar esta dimisión. »

« En segundo lugar -prosiguió el señor Fernández-Miranda- quiero destacar otro hecho para entender con claridad mi conducta. El Rey, cuyas cualidades van conociendo los españoles, pero en las que todavía no han calado en toda su hondura, es, en su función como titular de la Corona, el primer cumplidor de las leyes, y por tanto, con respecto a la ley para la Reforma Política, su voluntad es muy clara: cumplirla, no solamente en su mecanismo normativo, sino en su espíritu. »

A continuación, Torcuato Fernández-Miranda se refirió a que la ley para la Reforma Política «es una ley muy sencilla, pero una. ley de mucho alcance, que concibe unas nuevas Cortes y, consecuentemente, un nuevo presidente de las Cortes y no sólo un nuevo nombramiento que puede recaer sobre el presidente actual». Recordó que cuando se discutió en las Cortes el artículo de la ley para la Reforma Política que se refería al presidente, «se tendía a entender que era una especie de maniobra, en virtud de la cual Fernández- Miranda pretendía pasar de una orilla a otra y continuar como presidente de las nuevas Cortes».

«Dije entonces -continuó- que estuvieran tranquilos, que ese precepto no me afectaba, que ese precepto estaba hecho para mi sucesor. Se entendió que no me afectaba porque yo había sido nombrado por seis años, cuando era obvio, y lo es ahora, que ese precepto del nombramiento del anterior presidente y de la duración de su mandato quedaba expresamente derogado en el instante en que se celebrasen las elecciones, como se deduce con toda claridad de la propia ley para la Reforma Política. Desde entonces me acompañaba la clara conciencia de que mi servicio al Rey y al pueblo estaba en que la aplicación de la ley fuera nítida y clara.»

El señor Fernández- Miranda continuó ofreciendo explicaciones en torno a su dimisión. «El nuevo presidente de las Cortes -dijo tiene una significación muy clara. No es que sea una institución fácil, pero tiene una función radicalmente positiva, y estoy convencido de que funcionará. La nueva presidencia de las Cortes descansa sobre la presidencia del Congreso y sobre la del Senado, que son electivas. Si se estudia la ley se ve que cuando hay discrepancia entre ambas Cámaras, en último término el que decide es el Congreso, pero que antes hay que buscar una armonía entre ambas Cámaras a través de la comisión mixta, y que eso le corresponde a la nueva presidencia. En determinados casos, la comisión mixta puede conducir a una reunión conjunta de ambas Cámaras. »

«Para todo esto -declaró el actual presidente de las Cortes- está clarísimo que Fernández-Miranda no era la persona más indicada. Estoy orgulloso y muy tranquilo ante la misión que he cumplido, a costa, naturalmente, de incomprensiones más o menos justificadas. Cuando se hablaba de Mazzarino y de Richelieu, del conde duque de Olivares, cuando se decía si era el valido del Rey, creí que estaba clarísimo que mi permanencia en el cargo confundía el claro y nítido papel de la Corona. En mi lealtad estaba claro que jamás podría continuar. Nunca he utilizado al Rey, le he servido. »

Torcuato Fernández-Miranda insistió en que eran éstas las «únicas razones» de su dimisión, y declaró que el Rey le había rogado que continuara «unos días en torno a las elecciones».

Por último, tras expresar su orgullo por la confianza del Rey y asegurar que le seguirá sirviendo, añadió: « ... buscar otras causas en mi dimisión será entrar en un terreno de falsedades. Con muy pocas palabras, pero con toda la entidad que ellas tienen, quiero decir que me siento solidario y responsable de la política del presidente Suárez. Después de estos meses de colaboración, tengo hacia él una profunda amistad, una sincera estima y una no pequeña admiración. Insisto en que me siento responsable con él en su política, en la medida que me corresponde como presidente de las Cortes».

Durante la reunión con los informadores, el señor Fernández-Miranda no permitió ser interrumpido por el secretario

técnico del Consejo del Reino, quien intentaba hacerle saber que le llamaba por teléfono el Rey. Terminada la rueda de prensa, Torcuato Fernández- Miranda llamó a La Zarzuela.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 1 de junio de 1977

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