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Entrevista:

"La crisis urbana de Madrid depende de su estructura política y económica"

Madrid ve cómo su infraestructura urbana es cada día más insuficiente para atender las necesidades de los cuatro millones de madrileños. Estas deficiencias han originado una crisis urbana reconocida tanto por las autoridades municipales como por los propios madrileños. Para analizar las causas de esta crisis y ver sus posibles soluciones, EL PAÍS ha entrevistado a Manuel Cástells, profesor de Sociología Urbana en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales de París, vicepresidente del Comité Internacional de Investigación en Sociología Urbana, colaborador del CEU de Barcelona y de la recién creada sociedad Deincisa, de Madrid.

EL PAÍS: ¿Cuáles son, a su juicio, los factores que han llevado a la actual crisis urbana que padece Madrid?M. Castells: Son causas sociales, ligadas a la forma de organización de la vida cotidiana y que dependen de la estructura económica y de las instituciones políticas. Existe una contradicción entre el desarrollo del capitalismo, y, en particular, del capitalismo monopolista, que conduce a una concentración de actividades y población en las grandes ciudades y, por tanto, la necesidad de producir toda una serie de bienes y servicios de tipo colectivo como son las viviendas, transportes, equipamientos, escuelas, salud, etc., sin que,, por otro lado la misma lógica de la sociedad capitalista pueda producir y distribuir estos bienes y servicios, salvo cuando le son rentables. Por un lado, está la necesidad de producir estos bienes y, por otro, la incapacidad de producirlos. Esto lleva a una intervención necesaria ,del Estado en la producción y distribución de los servicios; pero dicha intervención está determinada por los intereses sociales fundamentales que en nuestra sociedad están ligados al gran capital. Se produce así una situación en que la intervención del Estado, en lugar de resolver, agrava la crisis urbana.

Trabajo y residencia

EL PAÍS: Los transportes colectivos madrileños, a juicio de los usuarios, son muy deficientes. Las autoridades municipales están siguiendo una política que obliga al madrileño a dejar el automóvil en casa, para después encontrarse con que los metros o autobuses en los que se ve forzado a viajar comportan más problemas de los que puedan surgir con el automóvil. ¿Cuál sería la solución a esto?M. Castells: En el caso del transporte, la evolución de la gran ciudad lleva a una separación creciente en el espacio de la residencia y del lugar de trabajo, por un lado, y, por otro, de los equipamientos comerciales o culturales. La residencia se desarrolla allí donde es rentable a los promotores inmobiliarios construir casas y en particular, para los sectores populares, en terrenos lejanos que disminuyen el precio del suelo y en grandes conjuntos habitacionales poco equipados. En cambio, el trabajo está concentrado espacialmente, en el caso de las oficinas, en el centro de la ciudad, en el caso de las fábricas, en terrenos periféricos en los que pueden implantarse grandes extensiones a precios mucho más bajos. Mientras, los equipamientos están en el centro de Madrid.

Para el relazamiento urbano se necesita un sistema de transportes; pero en Madrid, éste sólo se ha desarrollado por medio del capital privado en la medida en que le ha sido rentable, lo que ha convertido al automóvil en forma imprescindible de transporte. Los transportes colectivos no han sido desarrollados, lo que ha hecho que la gente crea que comprando un automóvil puede escapar a la incomodidad e insuficiencia de los transportes colectivos. Es un círculo vicioso: como lo rentable es producir y vender automóviles, se centran las inversiones en este sector, y como, por tanto no hay inversiones. privadas y muy pocas inversiones públicas para los transportes colectivos, éstos son cada vez más deficitarios y están más en crisis, con lo que se ha empujado a la gente a la necesidad de comprar el automóvil. Pero ésta no es una solución al transporte urbano, porque hay una incapacidad para saturar la ciudad con la masa de automóviles y para responder a esta demanda. De hecho, habría que abrir una serie de vías de circulación que destrozarían la ciudad. Se ha calculado que una gran autopista a cinco vías por cada lado. es capaz de llevar seis veces menos gente que un sistema metropolitano equivalente, cuando dicha autopista destroza además e¡ conjunto del tejido urbano de la ciudad. La necesidad de la gente de trasladarse de un lado a otro es utilizada para desarrollar el negocio del automóvil.

Sólo existe una solución: en la medida en que hoy ya no se puede cuestionar la permanencia del automóvil, dada la enorme importancia de su industria en nuestra economía, es preciso buscar una solución en la que se organice una relación nueva entre el automóvil y el transporte colectivo; concretamente éste debiera ser el transporte que se utilizara para los viajes del domicilio al trabajo, cada día, a horas fijas mediante un sistema de metro y autobús que fuera capaz de establecer durante esas horas un método adecuado entre los distintos barrios residenciales con las zonas de trabajo y el centro de la ciudad. El automóvil se utilizaría para el conjunto de desplazamientos que se hacen durante el día, la noche, o el fin de semana a través de un sistema en que las grandes zonas de la ciudad fueran prohibidas a la circulación de automóviles y servidas por transportes colectivos, luego las vías en las que se puede ir de un lado a otro de la ciudad y pequeños minibuses que pueden transportar rápidamente dentro de zonas absolutamente reservadas a esta circulación. Este tipo de política requiere una gran inversión pública, urbanismo controlado y un freno relativo al desarrollo del automóvil como único instrumento de circulación posible.

En cuanto a la solución municipal, recientemente anunciada, de promover atascos para forzar a los usuarios del automóvil a que dejen su vehículo en casa, pienso que no se puede hacer responsable a la gente de lo que es una política urbana de la Administración. Cuando las únicas inversiones se han hecho en construir algunas vías y no se han desarrollado los transportes colectivos, decir que la culpa es de la gente, que sigue tomando el coche, es confundir la víctima con el asesino, porque si la gente sigue con los automóviles es que el sistema de transportes colectivos, es tan malo que resulta absolutamente imposible desplazarse de otra forma, que en coche, en una ciudad como Madrid. Antes de forzar a la gente a dejar el automóvil hay que crear un sistema de transporte colectivo válido, zonas peatonales y entonces habrá una reconversión espontánea de la gente para utilizar el medio que más le convenga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 15 de diciembre de 1976

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  • Manuel Castells, vicepresidente del Comité Internacional de Investigación de Sociología Urbana