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Tribuna

El pacto Gobierno Alianza Popular

El querido colega Luis Apostua se refería ayer, en Ya, a su dificultad para aceptar mi tesis sobre un pacto entre el Gobierno y Alianza Popular sobre la reforma política.En primer lugar, no se trata de ninguna tesis particular, porque, en los trabajos periodísticos a que el señor Apostua alude, éste reportero político se limitaba a suministrar información -no teorías propias- a los lectores de EL PAÍS sobre las vicisitudes de la reforma,

En segundo lugar, entre esas vicisitudes, figuraban las negociaciones entre el Gobierno y Alianza Popular, encaminadas a una transacción entre ambos, que no significa necesariamente que el señor Suárez se entregue inerme. Que en el pacto a punto de ultimarse -nunca se habló de pacto definitivamente realizado-, tuvieran muchas oportunidades de prosperar cinco puntos, no equivale a que el Gobierno aceptara las cinco exigencias. Ni eran cinco las propuestas de Alianza Popular -eran muchas más, aunque menos de las veintidós del Consejo Nacional-, ni, al menos en EL PAÍS, nunca se dijo que fueran exigencias.

Las deducciones que el señor Apostua obtiene con base en la información suministrada por este periódico, son de su entera responsabilidad. Por lo que a este reportero político se refiere -y con toda cordialidad para el maestro del comentario político Luis Apostua-, nada más lejos, de su intención y de su prosa que acusar al presidente Suárez de aceptar fatalismos.

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