Tribuna:DIARIO DE UN SNOB
Tribuna
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La leal oposición

En vista de que ya no podemos vivir haciéndonoslo nosotros todo, como unos cocinillas de la política, en vista de que la oposición es tan necesaria en política como los anticuerpos en biología, los señores de derechas, que no saben mucha biología, pero que de política se las saben todas, han decidido que lo mejor contar con una oposición.Lo malo de la oposición es que no basta con que sea leal. Conviene, a ser posible, que sea real. Cánovas y Sagasta lo hacían muy bien, eran algo así como los hermanos Quintero de la política, y cada uno interrumpía su ristra de versos para dejar que el otro hermano político soltase la otra ristra. Pero Cánovas está camp y Sagasta está kitchs, que lo ha dicho Susan Sontang al verles en el Museo de Cera, de Colón. Ahora la oposición tiene que ser de verdad.

Una oposición no canovista ni sagastina será la que pida ya mismo la lista de los sobornados de la Lockheed, aquellos chalados con sus locos cacharros. Y ahí es cuando Cánovas y Sagasta empiezan a darse de bofetadas y cruzarse la cara con el guante de honor. Una Cosa como de Visconti, pero con Romanones de por medio. El otro día dieron por la tele el famoso Senso de Visconti, que resultó un rollo importante, en contra de lo que sostiene Pedro Crespo y a favor de la esquela sangrienta que Alvaro del Amo le hizo a don Luchino en la hora de su muerte.

Encontré a Alvaro del Amo en el restaurante donde cena Bergamín:

-Qué palo le das al difunto, macho.

Sonrió satánico, porque Alvaro del Amo es satánico. O sea la oposición contracultural de verdad. La que nos haría falta. Ahora la oposición contracultural es don Gonzalo Fernández de la Mora, recibido por el presidente Suárez. Entre Visconti y Fernández de la Mora me quedo con Lo que el viento se llevó.

Una oposición no teledirigida ni crepuscular pediría ya mismo las listas de los que se llevan el dinero a Suiza por cielo, tierra y mar.

-¿Usted cree?

No, hombre, era sólo por seguirle la corriente a Nat King Cole.

Aunque yo creo que la Armada suiza, si Suiza tuviese una Armada, tendría que estarles muy agradecida a los capitalistas españoles. Y la Bolsa, hombre, que no acaba de subir. Y cómo va a subir, si la pasta está toda enterrada bajo los tilos de Zurich, que cubren líricamente las cajas fuertes de los Bancos. La que sube es la Bolsa suiza, a ver.

Ya que parece que no va a haber más remedio que aceptar una oposición democrática, los señores de orden, esos caballeros tan rectos de toda la vida, piden como mal menor una oposición leal, en sus saunas políticas de agosto. Cuando dicen leal quieren decir que no incordie en exceso. Hasta el negocio de los taxis, tan complejo y donde tanto se ha explotado al obrero del taxi y al usuario, tendría que ponerlo en claro la oposición, porque andan por ahí señores muy formales que tienen una flotilla de taxis trabajándoles el kilometraje. Ya comprendo que no es lo mismo vivir de un taxi que vivir de un avión Lockheed, y que cada uno vive de lo que puede, pero la oposición verdadera e hipotética tendría una prensa propia, es un suponer, como la va teniendo ya en periódicos altruistas como éste. (Si yo no fuese altruista no escribiría en este periódico, con lo mal que pagan.)

Y una oposición verdadera con una prensa propia puede ser el Watergate que no cesa.

-Calle usted, por Dios, que se me abren las carnes.

O sea que cuando se pide una oposición leal se está soñando el sueño de una noche de verano con Cánovas y Sagasta bebiendo en el mismo botijo, por la calor. A eso es a lo que van plurales maniobras de agosto. A asegurarse una oposición leal para prevenir el octubre rojo.

La levita de Sagasta puede ser como el zapato de Cenicienta: que se la prueba a unos cuantos líderes de asociaciones del Movimiento, y al que mejor le siente, ése es la oposición leal.

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