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Reportaje:

Más de quinientos boxeadores han muerto en lo que va de siglo

Periódicamente, algún desgraciado suceso pone sobre el tapete el tema de la peligrosidad del boxeo. Aunque no existen estadísticas exactas, cabe decir que este deporte se ha cobrado más de medio millar de víctimas en lo que va de siglo. El punch drunk, como bautizaron los críticos americanos la hemorragia cerebral de los boxeadores, no perdona. Y según especialistas, el guante es el mayor culpable de todo. La última víctima ha sido el púgil argentino Gregorio Martínez, que el día 16 sufrió un durísimo castigo ante Eugenio Salazar, en combate dentro de la categoría de los ligeros. Según las informaciones, Martínez flotó «groggy» por el ring desde el tercer asalto hasta el sexto, en el que sus cuidadores se decidieron a arrojar la toalla. Después, en estado de coma, fue internado en un hospital, donde murió al cabo de una semana. Alfredo Relaño ha preparado un informe sobre un tema que ensombrece el panorama de un deporte, muchas veces dudoso.

Una estadística que se abre con el mismo nacimiento del boxeo, y que acumula ya el medio millar de hombres fallecidos, aparte de los muchos que, una vez terminada su carrera, tienen que enfrentarse a la vida con graves disminuciones. La lista de los fallecidos está salpicada de nombres espectaculares, como Ernie Schaaf, Jimmy Doule, Sah, Baroudi, Sonny Boy West, Lavern Roach, Eddie Sanders, Harry Campbell, Kid Paret, Davey Moore, Jupp Elze, Ulric Regis... Pero por desgracia, este puñado de hombres, que habían alcanzado la fama y cuyas muertes provocaron intenso eco, no han sido, ni mucho menos, los únicos. Muchos otros fallecieron en sus comienzos, o encontraron la muerte cuando ya se encontraban «de vuelta», sin haber conseguido ni siquiera la pobre satisfacción de dejar tras de sí un palmarés brillante. Sólo en el año 1953, veintiún boxeadores dejaron de existir. En el 1949, diecinueve. En el 1952, diecisiete. En el 1962, catorce...¿Qué es lo que mata a un boxeador? Los rivales, naturalmente.

Más concretamente, los golpes. En general, se estima que todo boxeador es un candidato a esa terrible enfermedad que, hace ya muchos años, los críticos norteamericanos bautizaron con el nombre de punch drunk, que podríamos traducir por «borrachera de golpes». El punch drunk no es otra cosa que la hemorragia cerebral. La repetición de los golpes en la cabeza hace que el cerebro golpee contra la pared interior del cráneo. Cuando un golpe es suficientemente violento, puede hacer que esa reverberación entre el cráneo y el cerebro ocasione la rotura de algún vaso sanguíneo.

La muerte se ocasiona cuando la hemorragia es muy intensa. En ese caso, todo el espacio que queda entre el cerebro y el cráneo se llena de sangre, que oprime las meninges y presiona al cerebro. Este experimenta un desplazamiento en el único sentido en el que tiene una salida: hacia el orificio inferior del cráneo, oprime el bulbo raquídeo e imposibilita sus funciones. Cabría decir que el boxeador muere apuntillado.

Naturalmente, la hemorragia cerebral, la borrachera de golpes, el punch drunk, no tiene por qué producirse en un solo golpe. Las más de las veces, las primeras lesiones no son lo bastante graves como para ocasionar la muerte, pero sí dejan secuelas. Son muy frecuentes las pequeñas hemorragias que se traducen después en un coágulo de sangre en el cerebro, con la consiguiente lesión. El mayor de los males, en ese caso, reside en el hecho de que, contrariamente a lo que sucede con las del resto de los tejidos del cuerpo, las células del cerebro no se regaran.

Esto hace que cualquier boxeador que haya sufrido un número suficiente de golpes es un enfermo de punch drunk, un hombre con el cerebro alterado negativamente de forma irreversible. Y, naturalmente, es un candidato a la muerte en el ring, que se producirá en el momento en que alguna de sus cicatrices cerebrales se abra, dando lugar a una hemorragia más intensa, que le producirá el efecto mortal.

La muerte por punch drunk no suele actuar de forma instantánea. Son frecuentes los casos de boxeadores que terminaron el combate en condiciones aparentemente normales, en ocasiones incluso como vencededores, y que tomaron tranquilamente el camino de su casa, sin sospechar que iban mortalmente heridos. La hemorragia en pocas horas, bloqueó sus funciones cerebrales y les hizo morir. Otros pasaron varios días en estado de coma hasta entregar su vida, como ha sido el caso de Martínez.

Peligros concluyentes

Los peligros del boxeo profesional han preocupado a muchos especialistas de la medicina cerebral. Tal vez el estudio más profundo del tema fue el llevado a cabo en el Royal College of Phisicians, de Inglaterra, bajo la dirección del doctor A. H. Roberts. El Royal College investigó acerca de 229 boxeadores que practicaron este duro deporte, desde 1929 hasta 1975. Se comprobaron algunos hechos impresionantes. Por ejemplo, que el 45 por 100 de los boxeadores que tuvieron una carrera de diez o más años padecen lesiones cerebrales de cierta gravedad. Del grupo de los que boxearon durante más de cinco años y menos de diez, sólo el 17 por 100 padece estas lesiones. Y sólo el 13 por 100 entre aquellos que cortaron su carrera antes de cinco años de práctica.Se comprobó, asimismo, que el mal no se detiene en el mismo momento en que el boxeador abandona la práctica de este deporte, sino que las lesiones cerebrales tienden a agravarse, nunca a mejorar. Muchos hombres que abandonaron el boxeo en condiciones aparentemente buenas han sufrido después una degradación progresiva de sus funciones cerebrales, ya sea con tendencia a la parálisis, la demencia o la epilepsia, que parecen ser los destinos más frecuentes de estos hombres.

De entre los 229 hombres observados por el Royal College, trece estaban absolutamente imposibilitados para la vida normal, y 37 sufrían lesiones de mucha gravedad. En total, el doctor Roberts estimó que un tercio de todos aquellos hombres acusaban su profesión anterior, es decir, que estaban «sonados». como se dice en el argot. Un «sonado» es un boxeador que acusa una disminución de su facultades mentales a consecuencia de su carrera deportiva. Jaquecas, pasos vacilantes, sordera, visión defectuosa, intolerancia al alcohol e irritabilidad son algunos de los síntomas por los que se detecta este estado.

Los guantes son el peor enemigo

Asimismo afirman los especialistas que el peor enemigo para el boxeador son los guantes, en la forma en que están concebidos actualmente. Por sorprendente que parezca, el guante de boxeo es más dañino que la manopla de tiras de cuero que empleaban los gladiadores de la antigua Roma. El guante de boxeo, en su concepción actual, sirve para proteger la mano que golpea, y no la cabeza que recibe el golpe, y permite que los impactos sean mucho más fuertes sin que por ello se fracturen los huesos de la mano.La manopla de cuero de los gladiadores producía cortes, deformaba la cara, pero no producía lesiones de cerebro, porque no ocasionaba esa reverberación de la caja craneal que se produce con el guante actual. Este facilita una mayor potencia del golpe, pues preserva a la mano de la fractura, y ofrece una mayor superficie de impacto. La disposición de la crin por debajo del cuero es la causa de que el golpe haga trepidar el de la cabeza y ocasione la hemorragia cerebral. En la actualidad se realizan estudios para la creación de unos guantes de aire comprimido que tengan un efecto más benigno que los actuales, de crin. Estos guantes se hallan en período de experimentación y pueden ser la solución para este deporte.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de julio de 1976

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