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Djokovic y Mannarino, doble elogio a la veteranía

Nole alcanza el centenar de partidos en Melbourne, el primero que lo consigue en los cuatro grandes, y el francés le reta en los octavos como una excepción de 35 años

Mannarino, durante el partido contra Shelton en Melbourne Park.
Mannarino, durante el partido contra Shelton en Melbourne Park.ISSEI KATO (REUTERS)
Alejandro Ciriza

Djokovic, por fin, parece ser Novak Djokovic. Después de dos compromisos con la lengua fuera, de haber invertido siete horas en el aterrizaje en la tercera ronda y de haber cedido dos parciales —uno frente a un desconocido croata de 18 años y el otro contra el local Alexei Popyrin—, el serbio empieza a enseñar las cartas en Melbourne. Ahora sí, cuando se avecinan las rampas y es necesario subir de piñón, Nole luce músculo en la pista y entra en calor: la crítica le alimenta. “Sé que a Federer”, introduce, “no le gustaba la manera en la que me comportaba. No le sentaba bien, y no sé qué sentían los otros. Imagino que no era el favorito de los top, ya que nunca tuve miedo de decir que quería ser el mejor del mundo, pero yo tenía confianza y sentía que jugaba para ello. Nunca le falté al respeto a nadie”, expone tras batir a Tomás Martín Etcheverry (6-3, 6-3 y 7-6(2) y subrayar el elogio a la veteranía que viene haciendo desde hace tiempo.

Camino de los 37 años, el balcánico profundiza en la huella estadística que está dejando y el último triunfo obtenido habla de una exclusividad: él, aquel joven bravucón que sacaba de sus casillas al genio suizo, contenido siempre pero fuego por dentro el de Basilea, se ha convertido en el único tenista que alcanza al menos el centenar de partidos en los cuatro grandes escenarios. Celebra ahora el hito en Australia, donde hasta el momento solo habían franqueado la barrera Federer (117) y Serena Williams (105); con un 92% de efectividad, supera la de ambos (87%). Y salda alguna que otra cuenta pendiente: “Si cometía algún fallo lo admitía o pedía perdón, pero si la crítica era sin motivo, seguía la dirección que yo quería. No le puedes gustar a todo el mundo, eres como eres, juegas como juegas y ya está. Siempre reconocí al rival. El respeto debe estar siempre ahí. Luego, en un partido, pueden pasar muchas cosas…”.

Después de dos jornadas a trompicones y sufriendo, Nole gana oxígeno y desembarca en los octavos. Le espera en la estación un rival que a ojos del gran público es un semidesconocido, pero que en mundillo se ha granjeado un merecido reconocimiento. Se llama Adrian Mannarino, zurdo, francés, 35 años. Un artista. Y cuenta ahora (7-6(4), 1-6, 6-7(2), 6-3 y 6-4 ante el joven Ben Shelton, 14 años menos) que el secreto de su prosperidad actual viene de México. “He empezado a beber tequila, te ayuda a no pensar”, bromea a pie de pista, convertido ya en el quinto jugador que, desde 1980, hace cuatro décadas ya, logra acceder a los octavos del major de las antípodas una vez alcanzada su edad. Solo Federer, Rafael Nadal, Gael Monfils y el propio Djokovic lo consiguieron previamente.

De talento innato, creativo y de buena muñeca, con cierto aroma al tenis de antes, Mannarino progresa en Australia a ritmo de maratoniano. Poco importa la edad. Hasta ahora, el galo ha resuelto todos sus partidos al límite de los cinco sets, este último después de 4h 46m. Antes apeó a Stanisas Wawrinka y al español Jaume Munar. Fuera del foco habitualmente, no luce ninguna marca en la indumentaria, no suele saber quién es su adversario hasta una hora antes del cruce y juega con el cordaje de menor tensión del circuito, 11-12 kilos, con lo que gana potencia, profundidad y mayor velocidad con menor esfuerzo. Se enfrenta ahora a un desafío superior. Nada más y nada menos que Djokovic, que encadena 31 victorias en suelo australiano y no pierde desde 2018, cuando fue desbordado por el surcoreano Hyeon Chung.

“He tenido algún tipo de virus, pero ahora está en la etapa final”, precisa el de Belgrado, renqueante desde hace unos días por una especie de enfriamiento. “Estoy contento de cómo he jugado y cómo me he sentido esta noche, definitivamente mucho mejor que en los dos primeros partidos”, cierra el número uno, que ganó su primer partido en el Open de Australia en 2007, hace ya casi una eternidad, contra el chileno Nicolás Massú. Ya son 100, por los 108 de Roland Garros (85,2%), los 103 de Wimbledon (89,3%) y los 101 del US Open (87,1%). Señor centenario Nole.

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Sobre la firma

Alejandro Ciriza
Cubre la información de tenis desde 2015. Melbourne, París, Londres y Nueva York, su ruta anual. Escala en los Juegos Olímpicos de Tokio. Se incorporó a EL PAÍS en 2007 y previamente trabajó en Localia (deportes), Telecinco (informativos) y As (fútbol). Licenciado en Comunicación Audiovisual por la Universidad de Navarra. Autor de ‘¡Vamos, Rafa!’.
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