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Enith Salón, la portera que quería ser como Casillas

La guardameta de la selección se decidió por los guantes tras ver a su ídolo levantar la Copa del Mundo en 2010

Mundial Fútbol Femenino
La guardameta Enith Salón en un entrenamiento de España, durante el Mundial de Australia y Nueva Zelanda.RFEF/Pablo García (RFEF/EFE)

Salto, ahora por debajo de la cuerda, estirada, de nuevo de pie, sprint lateral, otro salto y estirada. “¡Buena!”, grita con pasión Carlos Sánchez, el entrenador de las porteras de la selección; “¡Eso es!”. Y mientras las tres guardametas recobran aire, entre resuello y resuello, escuchan lo que se temían. “Otra más”, suelta Sánchez. Y vuelta a empezar. Pero las tres guardametas se emplean a fondo sin perder el buen humor. Se sabe que Misa es la titular, que jugará todo el torneo salvo que Japón falle hoy de casualidad en el segundo envite ante Costa Rica. Tras ella están Cata Coll y Enith Salón (Moncada, Valencia; 21 años), que, como Jess en la película Quiero ser como Beckham, logra emular a su ídolo. En este caso, Iker Casillas.

Salón descubrió el balón en el parque que tenía cerca de casa, La Mediterránea, compartiendo partidillos con cualquiera que se apuntara. También lo hacía en el patio del colegio con los chicos de dos clases por encima, pues nunca le importó eso de llevarse un pelotazo en la cara. Le encantaba la pelota. Pero por la portería se decidió justo en el momento en el que vio a Casillas levantar la Copa del Mundo en 2010. “Estaba en casa con mis padres y mis dos hermanos, y me dije: ‘Quiero ser como él’. Desde entonces, ya que no había chicas, fue mi referente”. Y se lo ha tomado al pie de la letra, portera titular del Valencia y suplente de Misa en la selección que disputa el Mundial de Australia y Nueva Zelanda, hoy rival de Zambia (9.30, La2) en el segundo encuentro de la fase de grupos tras superar a Costa Rica en el primero (3-0).

La pasión de Enith no es que hiciera mucha gracia en casa, pues sus dos hermanos, Aitor y Fran, bastante mayores que ella, también jugaban y los padres debían dividirse cada fin de semana para llevarlos a los partidos. “Tardaron unos años en apuntarme, quizá para ver si se me pasaban las ganas, pero al final me inscribieron en el primer equipo femenino que se hizo en Moncada”, recuerda Salón, feliz porque desde entonces siempre contó con el apoyo de María Amparo, ama de casa, y Francisco, trabajador en una fábrica de productos químicos. Y se le dio de maravilla, al punto de que a los 11 años entró en el Valencia, donde ha hecho carrera. “Yo empecé en esto porque disfrutaba. Nunca pensé que pudiera llegar hasta aquí, es un sueño”, dice. El Mundial es la guinda.

Después de la concentración de Benidorm, Enith regresó a Moncada y justo antes de cruzar la puerta de casa recibió un WhatsApp. “¡Vamos!”, le escribió una compañera. “¡Felicidades!”, se sucedieron los mensajes después, a chorro. Ella se abrazó con su familia y se puso medio a llorar de la alegría, feliz y sorprendida por la convocatoria porque pensaba que la lista se anunciaría una hora más tarde. Pero pronto se puso en modo selección y Mundial, ya a las órdenes de Carlos Sánchez, que también tuvo a Casillas de pupilo.

“Es bastante exigente y nos hace mejorar. Hemos trabajado de todo un poco, quizá al principio más para coger sensaciones y ahora dependiendo del plan del partido. Pero ponemos más el foco en el juego aéreo, el de pies… Y todos los detalles cuentan. El otro día, por ejemplo, nos pedía que en las faltas nos pusiéramos un pasito más al lado contrario de la barrera”, revela.

Ocurre que Enith tiene claro que la titular es Misa, que su papel en este torneo es secundario, al menos sobre el tapete. “No voy a mentir, como a cualquier otra jugadora me encantaría tener unos minutos en un Mundial. Pero estoy muy contenta de estar convocada, tengo que aceptar el rol y sumar todo lo que pueda. Al final, todo lo que le salga bien a Misa es bueno para el equipo”, acepta con deportividad; “pero no pierdo la motivación y trabajo cada día porque sé que, por si acaso, tengo que estar lista como las otras 23 futbolistas”. La relación entre las porteras, además, es buena y fluida. “Intento ayudar a Misa como a todas”, cuenta Enith, que en pocos días ya tiene tres apodos en el vestuario: Gata, como la conocen en el Valencia; Rapu, de Rapunzel por su pelo largo; y Mariposa porque fue el emoticono que le puso Alba Redondo en una entrevista.

De jugar, Salón —el apellido lleva tilde aunque en el DNI no lo ponga— sabe que será la portera que habitúa, mandona y gritona, bien parlanchina. Un perfil que desaparece cuando se va del campo, tímida a más no poder. “Me pongo roja por ser el centro de atención”, revela. Por eso recuerda con pavor el día que le tocó bailar delante de las demás como novatada, entonces pasos torpes y tembleque al ritmo de Despechá, de Rosalía. “Espero que no me vuelva a tocar…”, sisea. Aunque siempre encuentra el apoyo y la compañía de Athenea —con la que compartió las categorías inferiores de la selección—, además de Alba y Aitana, con quienes ha congeniado de fábula. “Pero yo soy una tía muy sencilla y me llevo bien con todas, ¿eh?”, aclara. Incluso con Alexia, quien al principio le imponía un poco por ser dos años consecutivos la mejor jugadora del mundo. “Es muy simpática”, resuelve.

“¡Otra más!”, se escucha entonces de nuevo en el campo de entrenamiento. Y Enith vuelve al trabajo. Quién sabe, puede que también sea como Casillas.

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