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Ary Borges eclipsa a Marta

La futbolista brasileña recoge el testigo de su compañera al marcar un ‘hat-trick’ y dar una asistencia ante Panamá

Mundial Fútbol Femenino
Ary Borges, celebra su tercer gol durante el partido entre Brasil y Panamá, durante el Mundial de Australia y Nueva Zelanda, el pasado lunes.MATT TURNER (EFE)
Jordi Quixano

A finales de junio, Ary Borges (São Luís, Brasil; 23 años) apareció en la concentración de Brasil de la Granja Comary en Teresópolis con la sonrisa puesta y una camiseta negra en la que aparecía silueteada la cara de Marta. Un guiño a su compañera, la mejor jugadora del país y por mucho tiempo del planeta porque por algo ha ganado seis veces el premio FIFA, máxima goleadora de la Verdeamarelha (115) y de los Mundiales (17 en 20 partidos). En Australia y Nueva Zelanda, sin embargo, es Ary la que se pide ser su relevo tal y como demostró en el primer encuentro ante Panamá (4-0), ya que firmó un hat-trick y dio la asistencia del otro. Todo eso en 75 minutos, momento en el que fue sustituida... por Marta.

En el estadio Hindmarsh, en Adelaide, la magia la puso Ary Borges, la jugadora más joven en marcar un hat-trick con Brasil en un Mundial, logro que también hicieron Sissi y Pretinha (1999), y Cristiane (2019). “Es un honor ser parte de este selecto equipo de grandes jugadoras. También estoy agradecida por todo lo que han hecho por la selección brasileña porque si hoy soy parte de esta renovación es porque estas mujeres lucharon mucho por el fútbol femenino”, esgrimió la 17 de Brasil. Ella también luchó por llegar ahí.

De niña vivía con su abuela en Maranhão, donde descubrió su pasión por el esférico. Resulta que detrás de su casa había una cancha de fútbol, donde su tío entrenaba un equipo de chicos. Entre ellos sus primos, que siempre la llamaban para que se uniera. Pero al cumplir los 10 años, Ary se trasladó a São Paulo para vivir con sus padres, que también atendieron a su apetito de balón, pues la apuntaron a un equipo de chicos, en Meninos da Silva, que solo la aceptaron para entrenarse. En la primera jugada, recuerda, hizo gol. Al año siguiente, en cualquier caso, su padre vio en el Centro Olímpico un grupo de chicas con la palabra fútbol en la camiseta y la apuntó. Ahí comenzaría a forjar su carrera.

Tras alcanzar el primer equipo del Centro Olímpico, al tiempo que pasaba por las categorías inferiores de Brasil, en 2017 fue contratada por Sport Recife para vencer el campeonato de Pernambuco dos temporadas consecutivas. Suficiente para que la fichara el São Paulo al crear —por orden de la federación brasileña, que lo exigió a todos los clubes profesionales de Primera— el equipo femenino. En 2020 marchó al Palmeiras y en la temporada anterior dio el salto al Racing Louisville de la NWSL de Estados Unidos. Ya era una estrella. Una de la que no se apaga ni dentro ni fuera del campo.

Su carácter alegre lo descorcha con los goles, pero su lado reivindicativo lo muestra en las redes sociales, donde siempre se ha mostrado crítica con la falta de apoyo al fútbol femenino. “Estoy para que la gente entienda y abrace nuestra causa. Me gustaría que otros jugadores famosos defiendan más este deporte, porque pesaría mucho más que lo que yo pueda decir”, reflexiona. Aunque también es de lo más atenta porque, admite, una vez al día trata de responder a los seguidores que la requieren. Algo, es de suponer, que no podrá hacer ahora que ha puesto su nombre en la historia de Brasil. “Esperé mucho este momento. Es un sueño poder estar aquí y participar en un Mundial”, reflexionaba la jugadora sobre el césped del estadio; “realmente es uno de los mejores días de mi vida. Estoy muy feliz. Obviamente, por los tres goles, pero principalmente por el estreno”.

Minutos después, la FIFA le notificó que, lógicamente, le habían designado como la mejor jugadora del partido. El trofeo MVP se lo entregó la propia Marta. “Evidentemente, marcar tres goles en un debut no es tan fácil, y ella fue bendecida. Además, dio una asistencia. Me sentí honrada de haber entrado en su lugar”, dijo la estrella de la heredera.

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