Una España en pruebas se atasca ante Egipto
En el último test antes de la lista del Mundial, la selección se queda a cero y pierde el primer puesto del ‘ranking’ de la FIFA tras empezar el partido con diez cambios y no encontrar el camino con los habituales

A poco más de dos meses del Mundial, a España se le escapó el trofeo simbólico que Luis de la Fuente entendía que validaba la solidez del trayecto de su equipo en estos años con él, el primer puesto en el ranking de la FIFA. Para conservarlo, la Roja tenía que ganar a Egipto, pero se atascó ante un equipo que llegaba de arrasar 0-4 a Arabia Saudí, lo que provocó un tremendo seísmo en el segundo rival de la selección en la Copa del Mundo. En cierto modo, tuvo sentido perder ese sello a la consistencia en un partido en el que De la Fuente llenó el campo de pruebas para empezar. Se trataba de la última cita antes de escoger a los 26 del Mundial y quería ver a toda la tropa, como a Joan García, que debutó por fin con la selección en un campo que fue el suyo con el Espanyol, y donde un sector le recibió con resentimiento por su marcha al Barcelona. La grada manchó el último amistoso con esos silbidos a un jugador propio y con algunos cánticos xenófobos, lo peor de una noche en la que a España, cuando volvió a lo de siempre, ya no le dio tiempo para marcar.
A veces lo extraordinario de lo bueno se aprecia con mayor claridad cuando falta. De la Fuente presentó un once con diez cambios respecto al de Serbia. Solo mantuvo a Lamine Yamal. Y la transformación provocó un desajuste general, una especie de retroceso a la fase en la que los equipos empiezan a construirse. El contraste resultó especialmente llamativo en el centro del campo.
No estaban ni Rodri, que empezó el martes, ni Zubimendi, que regresó a Londres con molestias. El efecto de su falta explicó su importancia determinante en el juego de la selección mejor que todas las ruedas de prensa del seleccionador. De repente había desaparecido el espinazo de un cuerpo que funcionaba con robustez alrededor de cualquiera de estos dos mediocentros. Todos los engranajes parecían desajustados. El vacío en el medio y la pérdida de cuerpo resultaban evidentes. El peso de la pelota lo llevaban dos centrales, Huijsen y Mosquera, dos tipos recién llegados que avanzaban y avanzaban sin encontrar ni compañía ni ideas. Soler y Fornals no terminaban de agarrar el mando y Egipto crecía poco a poco sin sentirse demasiado intimidada.
La luz la ponía de manera intermitente Lamine Yamal cuando abandonaba la banda y se tiraba hacia el centro, la zona del atasco mental. El atacante del Barça se sacaba uno de sus pases filtrados, esos fogonazos de claridad en mitad de la bruma creativa, y el equipo respiraba un poco, se estiraba hacia la portería de Shobier, probaba un poco el área.

Sin embargo, el mayor susto del primer tiempo se lo llevó Raya cuando vio que Marmoush culminaba una contra con un tiro al palo. El rostro desfigurado de España propició que fueran perdiendo el miedo y comenzaran a combinar y mirar hacia delante. Tanto que la Roja se encontró compartiendo la posesión al 50% con el rival, algo desacostumbrado en la trayectoria reciente del equipo.
De la Fuente se revolvía en el banquillo, descontento con una maquinaria gripada con tanto cambio. En el descanso ejecutó cuatro de las once sustituciones que permitía el amistoso. Consiguió dos cosas de manera inmediata. Con Rodri y Pedri recuperó control, fluidez e ideas en el medio. Con Fermín y Víctor Muñoz, añadió movilidad y amenaza. En pocos minutos, el del Barça estuvo a punto de marcar en el área y el de Osasuna, esta vez por la izquierda, alcanzó la línea de fondo y puso un balón atrás con mucho picante. La transformación del equipo fue formidable, lo que no hizo más que subrayar en qué reside el alma de esta España, la batuta de Rodri y Pedri y la energía a altas revoluciones de perfiles como Fermín y Víctor Muñoz, que también contagiaron a Barrene, que debutaba, Porro y Grimaldo, adormecidos hasta entonces.
El despertar colectivo de la Roja empujó a Egipto contra su área, un guion más cercano a lo que se esperaba, sobre todo a lo que se esperaba de esta España que tanto ha dominado. Volvió a encontrarse, como muchas noches, ante una resistencia amurallada a la que iba encontrando grietas. Se asomaba, incluso con una falta al larguero de Grimaldo, pero no terminaba de sacar premio. El partido estaba tan volcado que Joan García tardó casi media hora en tocar su primera pelota. No fue suficiente. España se quedó seca pero entendió mejor el valor de lo que le funciona, con el Mundial ya a la vista.

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