Italia se pone seria

Con un gran Spinazzola, la selección de Mancini derrota a una corajuda Austria que se resistió hasta en la prórroga, y jugará los cuartos con Bélgica o Portugal

Federico Chiesa celebra el primer gol de Italia a Austria.
Federico Chiesa celebra el primer gol de Italia a Austria.Frank Augstein (AP)

Italia ha descubierto el desmelene en esta Eurocopa, pero no ha perdido un gramo de su vieja autoridad. En Wembley, Austria, una novata en las eliminatorias, se le resistió y logró arrastrarla a la prórroga, pero allí se levantó el viejo gigante y se plantó en cuartos con dos zarpazos de Chiesa y Pessina. Si los octavos constituían un territorio desconocido para la selección centroeuropea, no digamos la prórroga, y más contra Italia. Esas regiones sobre el filo siempre las han manejado con naturalidad, incluso cuando se han despeñado. Lo hacía sin arrugas en el traje. Cualquiera que entra en compañía de Italia en el tiempo extra lo hace con la sospecha de que va a ser desvalijado, aunque esté convencido de llevar el control. Aunque no tenga intención de rendirse, como el equipo de Foda, que llegó incluso a acortar distancias. Pero Italia todavía les queda lejos.

ITAItalia
Italia
2
Gianluigi Donnarumma, Leonardo Spinazzola, Di Lorenzo, Bonucci, Acerbi, Jorginho , Verratti (Manuel Locatelli, min. 66), Barella (Matteo Pessina, min. 66), Immobile (Belotti, min. 83), Berardi (Federico Chiesa, min. 83) y Insigne (Cristante, min. 107)
AUT Austria
1
Austria
Bachmann, Hinteregger, Alaba, Stefan Lainer (Trimmel, min. 113), Dragovic, Laimer (S. Ilsanker, min. 113), M. Sabitzer, Florian Grillitsch (Schaub, min. 105), Christoph Baumgartner (Schopf, min. 89), Xavier Schlager (Gregoritsch, min. 105) y Arnautovic (Sasa Kalajdzic, min. 96)
Goles 1-0 min. 94: Federico Chiesa. 2-0 min. 104: Matteo Pessina. 2-1 min. 113: Sasa Kalajdzic.
Árbitro Anthony Taylor
Tarjetas amarillas Arnautovic (min. 1), Di Lorenzo (min. 49), Barella (min. 50), Hinteregger (min. 102) y Dragovic (min. 120)

Austria no quería pegarse un resbalón nada más pisar los octavos por primera vez, así que se lanzó enseguida a colonizar el centro del campo, a intentar discutirle la pelota a Italia, y ver si sufría menos. Le funcionó en el arreón del inicio, mientras fue capaz de desactivar a Jorginho y Verratti, y conservó posiciones manejando rápido el balón, sobre todo entre Sabitzer y Grillitsch. Ni rastro de tembleque les asomaba. Tocaban con la esperanza de encontrar en algún momento al volcánico Arnautovic. El delantero, un trotamundos políglota, ahora en China, buscaba el cuerpo a cuerpo con los centrales y después de una carrera en la que midió velocidad y empujones con Bonucci a punto estuvo de sorprender a Donnarumma.

Ese tramo permitió a Austria vivir en zona neutral un tiempo, pero fue fugaz. Italia, a quien no gana desde 1960, conserva el aplomo de siempre, al que en esta Eurocopa ha añadido mucho apetito por el picante, y sin apenas ponerse freno. Nunca había marcado más de dos goles en un partido de un Europeo, y en este lo ha hecho ya dos veces. Exprime el ataque sin aquel viejo pudor que veneraba el 1-0, mientras no ha dejado de proteger la portería, en la que hasta anoche enlazó once partidos a cero.

Las primeras cargas de la rebelión contra el breve mando austriaco las lanzó desde su banda izquierda Spinazzola, una pesadilla, el mejor del encuentro. El primer tiro, los primeros balones al área, los primeros regates que abrían espacio. El lateral de la Roma ha explotado en la selección como una de sus mayores amenazas ofensivas, muy bien ligado con Insigne, feliz en el área contraria.

Por ahí se fue sacudiendo Italia ese pequeño dominio austriaco de la pelota, que terminó de morir cuando apareció Verratti para reclamarla para él y para Jorginho, hasta entonces muy vigilado. Fueron masticando al rival con una combinación de la antigua parsimonia calculadora y de las ansias de gol de una línea frontal apabullante e incansable.

El partido era de Verratti, que apoyado en Jorginho, decidía todo. Tanto, que sobre el césped no había señales de David Alaba, el futbolista más influyente en el juego de su selección. El último fichaje del Real Madrid es capaz de manejar un encuentro desde su lateral izquierdo, o desde donde se le antoje cuando se descamisa el partido. Su ascendente en la selección es gigantesco. También por eso, cuando no aparece, el vacío es más notable.

Hasta que el propio Alaba le rompió la cáscara al encuentro. Lo hizo a partir de un lance aislado, una aventura con Arnautovic, cada vez más solitario, una boya a la deriva. Una pelota voló al área de Donnarumma, Alaba se la dejó de cabeza a su compañero y el siete acertó con la red. El VAR lo descubrió fuera de juego, anuló el tanto y encendió el partido. La reunión de expatriados italianos que mandaba en la grada de Wembley celebró la anulación como si hubieran marcado. El choque hervía.

Al entrar en esa zona caliente, mientras la eliminatoria se acercaba al punto en el que uno de los dos equipos se despeña sin remedio, los novatos de Foda no recularon. Pegaron enseguida, antes que los italianos. El partido se había desordenado y Mancini retiró a Verratti para introducir a Locatelli. Después metió a Belotti y a Chiesa. Pero Austria no se arrugaba.

Estiró el orgullo hasta la prórroga, y un poco más allá. Cuando después de los 90 minutos el árbitro llamó a jugar, varios austriacos seguían desperdigados por la hierba mientras los fisios trataban de reanimarlos. Enseguida los remató Chiesa, que controló con la cabeza otro pase venenoso de Spinazzola, siempre él, recortó y marcó. Poco después pareció matar el encuentro Pessina con el segundo, pero Austria no quería que terminara la noche y recortó distancia Kalajdzic. Pero nada iba a detener a Italia, que había enfilado ya los cuartos, donde espera a Bélgica o Portugal.

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Sobre la firma

David Álvarez

Redactor que cubre la información del Real Madrid en EL PAÍS, donde ha sido redactor jefe de la sección de Deportes. Ha cubierto los Juegos Olímpicos y la Eurocopa. Antes trabajó en ABC, El Español, ADN, Telemadrid, y La Gaceta de los Negocios. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Navarra.

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