Bachmann, un portero que se lo cree

El austriaco, que se pasó tres años en el banquillo, llegó a la selección de rebote y reta a Italia a penaltis

Tsygankov, de Ucrania, trata de rematar ante la mirada de Bachmann.
Tsygankov, de Ucrania, trata de rematar ante la mirada de Bachmann.MIHAI BARBU (AFP)

Durante el último año, la dirección deportiva de la selección austriaca siguió a 10 porteros, inconformes con la seguridad que tenían bajo los palos tras el adiós de Robert Almer, retirado en 2019. Fue Almer, precisamente, quien aceptó el cargo de entrenador de arqueros de Austria tras colgar los guantes, también tener voz y voto para escoger a su sucesor. Hasta que en la terna quedaron tres. “Depende de cómo nos entrenemos”, vaticinó unas semanas antes de la Euro Alexander Schlager, que milita en el Lask austriaco; “pero el que salga titular será apoyado por los otros dos”. Así lo veía Pavao Pervan, suplente en el Wolfsburgo: “No creo que se equivoquen por poner a uno de nosotros tres”. Pero Daniel Bachmann (Wiener Neustadt, Austria; 26 años), recién ascendido a la Premier con el Watford, fue más allá. “Sin la pandemia ni el aplazamiento del torneo, no habría estado aquí. Pero estoy y quiero jugar”. Lo logró.

Le bastaron los dos últimos amistosos —frente a Inglaterra y Eslovaquia— para atornillarse como titular bajo los palos de la Eurocopa. Esta noche tratará de parar a una Italia en combustión. Y, gallardo porque ha detenido cuatro de siete en este curso, advierte: “Si nos metemos en la tanda de penaltis, pasaremos”.

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Quizá un toque exagerado de confianza para un portero que acaba de llegar a la élite. Si bien despuntó porque en juveniles y estando en Austria lo fichó la academia del Stoke, su carrera tardó horrores en despegar. En el curso 2014-15, fue cedido al Wrexham (Quinta División), donde empezó de titular para acabar en el banquillo. Al año siguiente, ya en el Stoke, no jugó un solo partido, lo mismo le ocurriría en la temporada 2016-17, suplente únicamente en un encuentro de la Copa de la Liga. Entre medio, fue cedido al Ross County escocés y unos meses más tarde al Bury (League One) para en invierno volver al Stoke sin más experiencias que contar. Pero el Watford se fijó en él, también para tenerle en el banquillo porque cumplió su tercer año en blanco. Así, en 2018, fue cedido al Kilmarnock escocés, donde al fin se hizo con el puesto. Suficiente para regresar al Watford, pero no lo bastante para jugar porque en el curso anterior solo pudo ponerse los guantes en dos ocasiones, en los dieciseisavos de la FA Cup.

Hasta este año, pues a mitad del ejercicio logró la titularidad y de paso el ascenso a la Premier. “No recuerdo ningún error que haya cometido esta temporada y no necesito publicitarme”, expuso cuando se debatía su titularidad con Austria. Más aun cuando ante Macedonia del Norte no agarró un balón —molestado por un compañero que se le tiró encima tras ser empujado por un rival— y Pandev marcó. “Soy el primero en levantar la mano cuando hago un fallo. Pero llamar a eso un error es un poco extraño... Si me quedo en el suelo con las manos en la cara, el árbitro habría pitado el silbato. Pero yo no soy así”.

Botas más pequeñas

No, Bachmann es más singular. En cada dedo de los guantes se hace un corte porque considera que así agarra mejor los balones, del mismo modo que se calza un número menos de botas porque cree que “si están apretadas, tengo más sensibilidad”. También es más bravo. “Como deportista, me gusta la presión y no hay un escenario de fútbol más grande que Wembley”, expone el portero, que al menos tiene la ventaja de tener a su esposa e hijos en el país, por lo que podrán ir a verle, no como los hinchas austriacos ante las restricciones por la pandemia.

Sabe, sin embargo, que será complicado prolongar la refrescante historia austriaca, en octavos del torneo por primera vez. “Italia, probablemente, es el mejor equipo si se mira el pack de ataque y defensa. Pero no somos una tropa cualquiera y podemos hacerle la vida difícil a cualquier equipo”. Bachmann, que vive en un cuento de hadas desde hace poco menos de un año, se lo cree.

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