La mística de ‘Mor-ti-ro-lo’ en el Giro
El periodista Marcos Pereda reúne en un libro algunos de sus mejores artículos sobre la carrera italiana


Hay accidentes geográficos cuyo nombre parece un ejercicio perfecto de marketing. Y eso que fueron bautizados mucho antes de que existiera el marketing. Son lugares que, solo con ser citados, evocan aventuras y leyendas. A la fuerza de las palabras se van sumando, con el paso del tiempo, las interacciones humanas con el lugar. Una única hazaña, una sola jornada de gloria, pueden instalar para siempre una montaña en la memoria sentimental de una generación. Especialmente si coincide con la adolescencia.
Para los aficionados al ciclismo, el Mortirolo —1.300 metros de desnivel que se recorren en algo más de 12 kilómetros, con una pendiente media del 10% que en algunos puntos alcanza el 18%— se quedó grabado a fuego en aquel Giro de Italia de 1994. Fueron los ciclistas los que añadieron la épica necesaria a una sonoridad -mor-ti-ro-lo- que solo necesitaba de una tarde histórica que la alojara para siempre en los recuerdos de los niños que, aquel 5 de junio, vislumbraban en el horizonte las vacaciones de verano. Porque ese día, frente al televisor, miles de personas observaban cómo Miguel Indurain ascendía aquella montaña de sugerente nombre y, en cada pedalada, impulsaba la ilusión de una afición que lo creía invencible. Y lo fue durante el ascenso. Quedaba descender y emprender la subida al Valico de Santa Cristina, que ni suena igual que el Mortirolo, ni es tan duro como el Mortirolo, pero que venía después de haber subido el Mortirolo. Y entonces sucedió que toda una generación entendió que la vida no es eterna y que hay que disfrutar de los momentos según vienen. Lo comprendió a posteriori, claro, porque en directo no hubo tiempo para asimilar que al gran Indurain le estaba dando una pájara. Que todas las certezas existentes hasta la fecha se estaban disolviendo en directo.
El giro de Italia (Libros de Ruta) recoge las crónicas escritas sobre la ronda italiana por el periodista Marcos Pereda. Una combinación de historia y actualidad que transmite brillantemente las sensaciones que la prueba lleva décadas generando. Una forma de asomarse al alma de Italia a través del ciclismo y la magia de las palabras. Mortirolo. Cómo suena.
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