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Siempre robando
Opinión
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos

Kroos sigue señalando el camino a Vini

La asistencia del alemán al brasileño, conexión deslumbrante en el Madrid, dejó al Bayern tocado medio partido

Toni Kroos celebra la victoria del Real Madrid ante el Bayern.
Toni Kroos celebra la victoria del Real Madrid ante el Bayern.FILIP SINGER (EFE)
Manuel Jabois

Después de 23 minutos de asedio alemán en un estadio enfebrecido, el clásico europeo por excelencia, el partido más disputado en el continente, Toni Kroos deambulaba sin sentido aparente por el campo del Bayern, en una zona sin compañeros y sin atacantes, como si los rivales le concediesen poco peligro, poco riesgo: un hombre al que dejarle metros sin miedo. Y así Kroos se movía en horizontal primero y en vertical después, reclamando rupturas con la mirada. Aquí hay que detenerse un momento.

Hace cuatro años, en el Santiago Bernabéu, con el balón en juego, y durante un clásico, Toni Kroos agitó el brazo a Vinicius para mostrarle un desmarque. Levantó el dedo con desesperación porque Kroos veía el hueco, pero Vini aún no. Después de señalarle el pase a media España, el brasileño echó a correr por la banda y se quedó solo con Piqué por detrás y el gol por delante. Este verano, en pretemporada, Kroos le metió tal pase a Vini que Bellingham, a su espalda, se llevó las manos a la cabeza mientras corría Vini y empezó a aplaudir, el inglés, antes del gol.

El maestro sigue enseñando y el alumno aún necesita claves, pero más discretas. Este martes en Munich, con toda la presión del mundo, Kroos conducía fingiéndose desganado y movió el dedo de golpe, señalando un vacío en la defensa alemana: no fue un gesto ostentoso como el del Bernabéu, pero sí tan claro como para que Vini, espoleado, rompiese a correr entre los defensas del Bayern con el cuchillo en la boca.

El pase que le metió Kroos fue asombroso por lo que parecía un efecto óptico sin serlo: puso a circular el balón no sólo a la velocidad perfecta sino con un delicado efecto que lo iba separando del defensa del Bayern y dejándoselo a Vini en los pies, casi de billar, a la altura del punto de penalti, en la zona de nadie para el portero: no había que controlarlo, no había ni que mirarlo, sólo pegarle a gol. En la memoria otra conexión alemana-brasileña de Champions, la que hizo adulto a Vini: la del golazo al Liverpool en cuartos de final de 2021.

Lo que pasó después de eso fue pura Copa de Europa. El Madrid pudo meter el 0-2 en la segunda parte con remate primoroso de Kroos, gigante toda la noche con el balón, y el Bayern le sacudió las solapas al Madrid y le recordó en su casa que si hay un club parecido al Real, es él. Dos bofetones seguidos, dos golpes de la nada, dos goles que congelaron al madridismo y pusieron a los de Ancelotti contra las cuerdas. Un estadio levitando y el Bayern creyéndose lo que es, el Bayern de siempre. Los dos gigantes se cruzaron la mirada de forma temeraria en los últimos treinta minutos y el Madrid, empapado en gasolina no se sabía si para arder o para quemar al rival con él, tiró de escudo y arrancó un penalti y un empate que pone al Bernabéu en vilo para la vuelta, el partido más importante otro año más, la primavera en Chamartín y un equipo creyéndoselo todo y en disposición de hacerlo. Contra lo más parecido a un gemelo que tiene en Europa. Nadie sabe nada ahora, todos sospechan todo.

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Sobre la firma

Manuel Jabois
Es de Sanxenxo (Pontevedra) y aprendió el oficio de escribir en el periodismo local gracias a Diario de Pontevedra. Ha trabajado en El Mundo y Onda Cero. Colabora a diario en la Cadena Ser. Su última novela es 'Mirafiori' (2023). En EL PAÍS firma reportajes, crónicas, entrevistas y columnas.
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