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El mejor triple de Ainhoa López, la jugadora del Barça que superó un cáncer

La escolta, que sufrió un linfoma de Hodgkin, disputa desde este viernes la Copa de la Reina

Ainhoa López
Ainhoa López, jugadora de baloncesto del Barcelona, en el Pabellón Municipal de Deportes Juan Carlos Navarro de Sant Feliu del Llobregat.MASSIMILIANO MINOCRI
Jordi Quixano

Se hizo un tac por la mañana un lunes de enero del año pasado y desde el hospital tardaron pocas horas en llamarla para citarle al día siguiente. “Hemos visto cosas…”, le dijo el doctor, ya en la consulta. Y ahí se vino abajo el mundo de Ainhoa López (Barcelona; 25 años), pues tenía cáncer, un linfoma de Hodgkin. “Fue muy duro porque cuando eres joven no piensas en la muerte como algo cercano. Fue un choque emocional”, admite ahora la escolta del Barça CBS. Lo fue para ella pero también para su familia y pareja, sobre todo para su madre, que, presa de la ansiedad, tuvo que coger un tiempo la baja. Pero era un cáncer con buen pronóstico y Ainhoa, luchadora, se recuperó. Ahora está dispuesta a jugar este viernes los cuartos de la Copa de la Reina -hasta el domingo en Zaragoza-, donde este viernes se medirá en cuartos con el Perfumerías Avenida (20.30, Tdp). “Es uno de los rivales más fuertes, con un gran presupuesto y que está en los cuartos de la Euroliga. Pero competiremos”, dice Ainhoa. De eso sabe un rato.

La jugadora de baloncesto del Barcelona Ainhoa Lopez, en el Pabellón Municipal de Deportes Juan Carlos Navarro de Sant Feliu del Llobregat.
La jugadora de baloncesto del Barcelona Ainhoa Lopez, en el Pabellón Municipal de Deportes Juan Carlos Navarro de Sant Feliu del Llobregat.MASSIMILIANO MINOCRI

De niña siempre tenía una pelota cerca, de tenis, fútbol o baloncesto. Le gustaba todo. Pero con cuatro años, paseando por la calle con sus progenitores -su madre, Loly, jugó a fútbol en el Barça a inicios de los años 80 y su padre, Manuel, se dedicó al aro en el Santiago Apóstol de Hospitalet-, vieron un cartel en el que ponía: ‘Escuela gratuita en el club Barna’. Poco después, ya estaba apuntada en el equipo, capaz de hacer virguerías con el balón, por más que estuviera rodeada de chicos. Y fue quemando etapas, convocada con las inferiores de la selección -una plata Mundial y tres oros Europeos- hasta llegar a Primera. Al tiempo, era una estudiante modélica, pues sacó matrícula de honor en el bachillerato y le ofrecieron varias becas en la NCAA norteamericana, que acabó por rechazar. Le gustaba su carrera deportiva en España y, además, pensaba en matricularse en psicología. “Ahora me quedan muy pocas asignaturas”, admite con orgullo. Pero, de repente, tuvo que dejar todo, también la pelota naranja.

Resulta que le salieron unos ganglios en el cuello. Y aunque al principio no le dio mucha importancia, se los fue a mirar. Pero los médicos, de inicio, en época de covid, no atinaron con el resultado, al punto de que no sabían si podía ser una infección vírica. Ainhoa, en cualquier caso, solo notaba algo más de fatiga que atribuía a los entrenamientos. “Hasta que me empezó a doler un poco y le hicieron más pruebas”, recuerda. Y llegó el mazazo. “Me vino de golpe y me cambió la vida. Lloré, era lo normal y hacía lo que mi cuerpo sentía. Aunque había momentos para todo e intentaba transmitir estar bien, con energía. Mi lema era Vamos con todo y me decía que yo había venido a este mundo para jugar al baloncesto”, añade, al tiempo que agradece todo el apoyo de sus padres, de su hermana Lorena y su pareja Laura, además del equipo y el mundo del basket y el deporte en general. Pero le quedaba mucho por delante. Sesiones de quimioterapia y después de radioterapia, días muy duros que aliviaba con el deporte que podía hacer en el gimnasio los días que no estaba mal, además de las visitas asiduas al pabellón para ver a sus compañeras. “Nos retroalimentábamos. Ellas luchaban por ascender y yo por salir del túnel”, cuenta. Y lo consiguieron. El Barça llegó a Primera y ella, el 8 de julio, lloró otra vez. “Pero en esta ocasión de felicidad porque el diagnóstico era remisión completa”, desliza, a la vez que recuerda que tardó segundos en comunicárselo a sus seres queridos, además de enviar una nota de audio al equipo en la que les decía que estaba curada, que ya podía volver a la cancha.

“¿Qué, te estás emocionando?”, le preguntó el míster Isaac Fernández cuando fue al primer entrenamiento de pretemporada de este curso. “Sí”, acertó a decir Ainhoa. “Es que volvía a sentirme una más, a ponerme mis colores porque soy culé de cuna”, señala. Y aunque de inicio notó un cambio físico a nivel de cardio y muscular, también de cabeza porque se acordaba de la Ainhoa del pasado -”Había pasado por cosas traumáticas y debía procesarlas”, admite-, pronto recuperó su juego. “Ya lo veo como el pasado. Me siento jugadora y estoy perfecta”, resuelve, ahora casi más preocupada en lograr que el baloncesto femenino emule a sus compañeras del fútbol. “Tenemos envidia sana porque lo hicieron muy bien, porque se plantaron en su día para pedir condiciones mínimas para ser profesionales y rendir mejor. Al baloncesto le quedan muchos pasitos por dar en cuanto a condiciones, en profesionalizar la liga… Se tiene que mejorar. Poco a poco vamos mejorando y sabemos que si vendes bien el producto, la gente lo compra. Como cuando jugamos en el Palau”, esgrime. Si se lo propone, ya ha visto que puede con todo. Aunque lo primero es el Perfumerías. Y para Ainhoa, que jugará su tercera Copa de la Reina, es especial. Pero también para el resto del equipo porque quieren dedicársela a su compañera Itziar -su pareja es el portero de balonmano Gonzalo Pérez de Vargas-, que hace poco anunció que está embarazada. Porque Ainhoa ya está a otras cosas.

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