Asier Martínez, bronce en el Mundial de Atletismo de Oregón: “Desde crío dicen que soy un saco de nervios”

El atleta navarro del 110m vallas, primera medalla española en Eugene, asegura que no visualizaba la presea ni siquiera cuando se quedó con dos rivales menos

Asier Martinez celebra el bronce logrado en los 110m vallas del Mundial de Eugene, el domingo.
Asier Martinez celebra el bronce logrado en los 110m vallas del Mundial de Eugene, el domingo.JEAN-CHRISTOPHE BOTT (EFE)

Despierta Asier Martínez a la fuerza, golpes en la puerta del departamento de prensa, porque le esperan para entrar en directo en televisión. Es la primera vez que amanece como medallista mundial, y anoche, la cabeza todavía envuelta en un torbellino de emociones e imágenes, tuvo que ayudarse de una pastilla para conciliar el sueño, por lo que le cuesta arrancar el día. El joven navarro (Zizur Mayor, 22 años), estudiante de cuarto curso de Ciencias Políticas en la Universidad del País Vasco, se benefició en la final de un inusual doble accidente: la lesión en el calentamiento del jamaicano Hansle Parchment y la descalificación del estadounidense Grant Holloway.

Ni siquiera entonces, cuando solo había seis hombres y tres medallas, se le pasó por la cabeza acabar en el podio. En esos segundos en que aguardaba por fin la salida, sus cálculos eran otros pese a la caída de dos favoritos. “No visualizaba la medalla, pero sí hice cálculos de mejorar el sexto puesto de Tokio, porque ya sabía lo que era competir contra el polaco, el bahameño y el británico. Me dije, bueno, no medalla, pero un buen puesto”.

El resto es historia. Martínez corrió en 13,17s, marca personal y récord sub 23. La carrera de su vida. “La he visto varias veces, no lo asimilo, no me lo creo”. Empezó tirando la primera valla, pero sin consecuencias. “Al entrar con mucha velocidad, ese toque de valla no lo siento tanto. Aunque la toco y me descoloca, no noto que me saque de la carrera. Sigo con fuerza, sigo aprovechando esa entrada fuerte a esas vallas para concluir en un final rápido”, recuerda.

Cuando gira la cabeza y ve al polaco por detrás y solo a los dos americanos por delante, y se sabe medallista, grita y libera tensión. Pero luego, una vez pasa por el podio y habla con los medios, asume la felicidad de la victoria sin estridencias, con una calma pasmosa. “Soy hablador, muy nervioso, aunque muchas veces intento aparentar lo contrario porque así me han enseñado. Siempre me han llamado desde crío un saco de nervios”.

La descalificación de Devon Allen, ídolo local, por solo una milésima de segundo, ha desatado una controversia sobre la medición de los tiempos de reacción. Pese a que sacó ventaja de ello, Martínez admite que han sucedido cosas poco comunes. “Viendo los vídeos entiendo la polémica. Algo extraño estaba pasando porque veíamos que había atletas reaccionando en 104 milésimas, 103, 101... [por debajo de 100 supone la eliminación]. Esas reacciones no son normales. Ningún atleta estaba reaccionando así en campeonatos anteriores”.

De padre químico y madre médica, él eligió estudiar Políticas. “Me interesaba tener las herramientas para analizar realidades estructurales desde una perspectiva más teórica”, dice pasando por unos segundos del Asier atleta al Asier alumno. Alguien que no se encierra en esa burbuja, a veces tan repetitiva y alejada del mundo real, de series en la pista, pesas en el gimnasio y obsesión por el físico y el resultado, y abre la mirada al exterior: ahora acaba de empezar a leer un libro sobre las maras, las pandillas latinas centroamericanas.

Su intención es seguir estudiando mientras lo compagina con el atletismo, un dueto que cree que combinan perfectamente. Pero, ¿cómo seguir mejorando? “En la comparativa que hacemos frente al resto de competidores vemos que hay un escalón físico todavía, parámetros de fuerza y potencia que condicionan esas dos primeras vallas”. Ese comienzo es su punto débil, reconoce. “No me veo inferior ni técnicamente ni en la última parte, pero sí me veo inferior en las dos primeras vallas”.

El jueves a las 9.05 de la mañana aterrizará en Barajas, medalla al cuello y con muchas ganas de comer por fin bien tras estar a base de pollo y pasta la última semana —y de casi un kilo de jamón serrano que llevó desde España— por la falta de variedad del comedor del campus de Oregón, en el que echaba en falta verduras, ensaladas y carne de mejor calidad.

Pero no habrá tiempo para descansar demasiado. En menos de un mes empieza el Europeo de Múnich. Y sus rivales ya no verán a un joven talentoso pero recién llegado, sino a un medallista en un mundial. “Los objetivos para mí no han cambiado. Quiero entrar en la final, que no va a ser tan cara como la del mundial. Y una vez allí pegarme por los puestos altos. No sabría decir si medalla, cuarto puesto o primero”.

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Sobre la firma

Álvaro Sánchez

Redactor de Economía. Ha sido corresponsal de EL PAÍS en Bruselas y colaborador de la Cadena SER en la capital comunitaria. Antes pasó por el diario mexicano El Mundo y medios locales como el Diario de Cádiz. Es licenciado en Periodismo por la Universidad de Sevilla y Máster de periodismo de EL PAÍS.

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