España hunde a Croacia y luchará por el oro en el Mundial de waterpolo

La selección liquida la semifinal con solvencia (10-5) espoleada por un infranqueable Aguirre y un determinante Granados, autor de cuatro goles. Se medirá a Italia en la final del domingo

Los jugadores de España celebran una acción durante la semifinal de este viernes ante Croacia en Budapest (Hungría).
Los jugadores de España celebran una acción durante la semifinal de este viernes ante Croacia en Budapest (Hungría).Szilard Koszticsak (EFE)

Los croatas surcaron la piscina como un comando de lobos marinos. Estaban en crisis. Estaban hambrientos, después de completar el segundo cuarto sin poder marcar un solo gol, y estaban a punto de experimentar los primeros síntomas del agotamiento que sorprende irremisiblemente a los nadadores corpulentos tras media hora de actividad frenética. Resueltos a sacar adelante el partido o naufragar allí mismo, se lanzaron a remontar el 5-3 sin más cartas en la baraja que sus grandes tiradores. A todos los detuvo el portero Unai Aguirre, con 19 años, consagrado en el agua de Budapest como el hombre que ganó la batalla decisiva y allanó el camino hacia la plata en el Mundial de waterpolo. Este domingo a las 20.00 (https://aquatics.eurovisionsports.tv/) España se medirá a Italia —la Bestia Negra por antonomasia— para intentar conquistar su tercer oro después de Perth 1998 y Fukuoka 2001.

La exhibición de Aguirre comenzó con una parada a Franko Lazic. Prosiguió con un mano a mano insólito. La única situación de esa naturaleza en un partido muy táctico y muy cerrado. Marko Zuvela capturó un balón largo de su portero y se fue solo contra el meta español, que primero retrocedió y luego le encimó en un rapto de ingenio que desconcertó al croata en el momento en que se disponía a rematar. Hubo un forcejeo, un chapuzón, espuma y borbotones. Cazado el balón, Aguirre pasó de los gritos a los aullidos. No estaba eufórico. Estaba en éxtasis. No era dueño de sus gestos. Un espíritu lo había poseído. Gesticulaba, celebraba, besaba la pelota, besaba a sus compañeros, se encaraba con Lazic de nuevo y tras otro remate fallido le miraba y le decía con el dedo índice que “no”.

El partido prosiguió sin freno y Croacia tuvo una última oportunidad. Pero Josip Vrlic, el boya, fundido como estaba, no reaccionó rápido. La pelota fue otra vez a poder de Aguirre, que lanzó el ataque al borde del paroxismo. Con los croatas desmoralizados, disuadidos, cansados, los brazos de los defensores se estiraron un palmo menos y Sanahuja encontró un hueco para meter el tiro por debajo del sobaco de un defensa desesperado. El 6-3 llevó implícito un mensaje de capitulación por parte de Croacia. Con otra parada del portero español antes del último cuarto España se encontró ante un escenario difícil de prever ante potencias como Croacia: con el parcial de 7-4, la semifinal estaba virtualmente cerrada.

“¡Rotamos y contrarrotamos!”

No suele ser frecuente. Pero en ocasiones contadas los balcánicos también se rinden. España presionó y defendió con tanta eficacia que su rival vivió de las migajas, de algunos errores puntuales, sobre todo en la primera parte, hasta que poco a poco se hizo evidente que la lucha sería en vano. “¡Rotamos y contrarrotamos!”, mandó David Martín, el seleccionador, en un tiempo muerto, y el balón y los nadadores circularon de lado a lado de la zona que delimita la línea de cuatro metros de la portería croata en un remolino de vértigo.

Croacia, fuerte pero pesada, no siguió el ritmo. Cuando no se les interpuso Unai Aguirre surgió la figura elástica de Álvaro Granados, autor de cuatro goles que constataron el desánimo de sus adversarios, exhaustos de tanto nadar piscina arriba y abajo, de tanto ataque frustrado, de tanta velocidad en los repliegues españoles, de tanta habilidad del flaco del gorro rojo que no paraba de gritar bajo los palos.

“La clave es disfrutar jugando”, dijo el portero, al salir del agua. “Sabía que este Mundial sería mi momento y me siento con confianza, que es lo mejor que puede tener un portero. Si mi defensa no hubiera estado como estuvo hoy yo no habría parado como paré”.

España jugará su tercera final mundialista después de 2001. Tras los oros de la generación de Rollán y Estiarte, el equipo no ha conseguido subirse a lo más alto del podio. Su último asalto, en la final de Gwangju, en 2019, acabó 10-5 en favor de Italia. La legendaria piscina Alfred Hajos, entre los brazos del Danubio, será escenario de la revancha.


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Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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