Popovici despide a Dressel con un oro histórico en los Mundiales de Natación

El rumano de 17 años se convierte en el primer nadador en medio siglo en ganar los 100 y los 200 libres el día que el estadounidense, que en abril confesó que luchaba contra la depresión, se da de baja por “razones médicas”

David Popovici, izquierda, batalla con Maxime Grousset en los últimos metros de la final de 100 libre.
David Popovici, izquierda, batalla con Maxime Grousset en los últimos metros de la final de 100 libre.FRANCOIS-XAVIER MARIT (AFP)

David Popovici se convirtió en el primer nadador en medio siglo que se proclama campeón mundial de 200 y 100 metros libre. Su predecesor fue el estadounidense Jim Montgomery en 1973, en el neolítico de la natación profesional.

A pocos técnicos les sorprendió. El rumano tiene solo 17 años y su trayectoria desde que comenzaron a registrarle las marcas, hace un lustro, indica una progresión insólita en la historia del deporte acuático. Su aguerrida defensa del oro en los últimos metros de la final del 100, ayer en los Mundiales que se celebran en Budapest, demostró que además de un fenotipo y una genética privilegiada para el deslizamiento, posee la clase de ambición que consagra a los más grandes. “Los 100 metros sacan tu lado salvaje”, dijo, “y eso también me gusta”.

Popovici se subió al poyete de la piscina del Duna Arena y estiró su cuerpo de 1,90 de longitud con la flexibilidad de un faquir. Estaba a punto de comenzar la final de la prueba reina, los 100 metros libres, y a su lado no figuraba ninguno de los finalistas de los Juegos de Tokio. Ni el estadounidense Caeleb Dressel, repentinamente de baja por razones médicas sin especificar, ni el australiano Kyle Chalmers, ni el ruso Kliment Kolesnikov, vetado junto con todos sus paisanos tras la invasión de Ucrania. Toda la presión recaía sobre él. Un joven rumano en edad júnior representante de un país de los márgenes económicos y políticos, sin grandes infraestructuras y sin apenas tradición en la natación, héroe nacional de repente, ante el reto de su vida.

Desde que Ian Thorpe se convirtió en el campeón mundial más joven de todos los tiempos, con 15 años en Perth, en 1998, no surgía un nadador de libre más prematuramente autoritario que Popovici. Más extraño resulta su origen: el club Navi, una piscina sin demasiada tradición en Bucarest, en un país que queda muy lejos de la órbita de las grandes potencias de este deporte.

Popovici venía de ganar el 200 con la segunda mejor marca de siempre con bañador textil y el martes había completado la semifinal de 100 en 41,13 segundos. Nunca un chico menor de 18 años nadó tan rápido los 50, los 100 y los 200 metros libres. Con 13 años había nadado el 50 en 22,22 segundos. Gigantes de la velocidad como Ben Proud (22,65s con 17 años), Alex Popov (22,87s con 19), Gary Hall (23,40s con 17) o Florent Manaudou (21,80s con 19) no habían sido capaces de ir a su ritmo en edades más maduras.

Todo hacía pensar que se comería al cardumen que le rodeaba en la final de 100 de Budapest. La presión por bajar de 47 segundos, sin embargo, le pasó factura. Si en las semifinales hizo el primer largo en 22,81 segundos, en la final se lanzó a por todas y tocó la placa del primer 50 en 22,72s. Nueve centésimas pueden ser demasiado combustible cuando se trata de un adolescente en formación. La vuelta se le hizo empinada: regresó en 24,86s. “Se me hizo muy largo”, reconoció al salir del agua. Tocó la pared en un tiempo relativamente mediocre después de que el francés Maxime Grousset le adelantase por un instante. Logró el oro como los depredadores. Dio el zarpazo en la última brazada y tocó la pared en 47,58s. Grousset se quedó en 47,64s.

Popovici sufrió para lograr su hazaña pero jamás perdió el estilo y el equilibrio que le caracterizan. Prodigio de eficacia en los empujes, dio 30 brazadas en la ida y 32 en la vuelta. Cesar Cielo, el hombre que ostenta el récord mundial vigente (46,91s) desde 2009 gracias a un bañador que le ayudaba a flotar, dio 30 brazadas en la ida y 36 en la vuelta, síntoma de hundimiento. Dressel en los Mundiales de 2019, cuando bajó de 47s, dio 19 brazadas en la ida y 35 en el segundo largo.

”Es como una pelea”

”Disfruto nadar más el 200 que el 100 porque el 200 es más táctico, aunque entrenarlo es mucho más duro”, dijo Popovici, con un inglés académico y articulado, tras la prueba. “En el 100 tenemos que salir muy fuerte y volver tan rápido como podamos. Entra más en juego el instinto animal. No es potencia pura como el 50, tiene un punto de táctica, pero el segundo 50 del 100 es salvaje, y eso te hace sufrir, pero me gusta”.

“Los últimos metros de las pruebas de 200 suelen ser menos disputados”, reflexionó. “Ese último largo en el 100 es como una pelea. Pero me gusta la presión, me gusta que la gente grite. Me gusta la excitación. Habría preferido que hoy estuvieran aquí Caeleb Dressel, y Kyle Chalmers y Kliment Kolesnikov. Habría sido un honor y un desafío nadar con ellos. Pero entiendo a Caeleb. ¡No somos máquinas!”.

David Popovici ganó el oro mientras Caeleb Dressel, la gran estrella de la natación, volaba hacia Estados Unidos, repentinamente dado de baja, según anunció la federación de Estados Unidos, “por razones médicas” “sin relación con la covid”. En abril, Dressel confesó que se trataba para superar una depresión.


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Sobre la firma

Diego Torres

Es licenciado en Derecho, máster en Periodismo por la UAM, especializado en información de Deportes desde que comenzó a trabajar para El País en el verano de 1997. Ha cubierto cinco Juegos Olímpicos, cinco Mundiales de Fútbol y seis Eurocopas.

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