Mbappé planta al Madrid y condiciona su plan de futuro

El club blanco, que colocó en el centro de su proyecto a largo plazo a Mbappé ante el próximo final de su vieja guardia, recibe el no del francés a una semana de la final de la Champions en París

Benzema y Modric, durante un partido de la Liga de Campeones, en marzo.
Benzema y Modric, durante un partido de la Liga de Campeones, en marzo.David Ramos (Getty Images)

La jornada siguiente al Día de los Enamorados, el 15 de febrero, los madridistas desplazados a París para asistir a la ida de los octavos de final de la Champions recibieron a Kylian Mbappé en el Parque de los Príncipes como si ya fuera suyo. Una hora antes del partido, el equipo local inició el calentamiento junto a la esquina donde se ubicaban los aficionados españoles y estos desplegaron un amplio catálogo de cánticos para un futbolista que, según su convencimiento, solo el tiempo le separaba del Bernabéu. El público francés asistió con indiferencia a la escena y el delantero continuó a lo suyo. Tres horas más tarde, en el minuto 94, Mbappé abatía al Madrid desde ese mismo córner de los afectos después de un largo asedio personal, pero ni siquiera la derrota en el último segundo (1-0) pareció afectar al amor de la hinchada blanca por el chico de Bondy. Seguía siendo cuestión de tiempo que fuera suyo, pensaron.

El mayor culebrón de los últimos tiempos, salpimentado con generosas dosis de show y propaganda, continuó su curso durante meses, con los inevitables giros de todo serial, pero en el Bernabéu la muchachada nunca dudó, hasta el final, del futuro blanco de Mbappé. Se fantaseaba con las dimensiones de la presentación… Así fue hasta muy poco antes de que el desenlace dejara al Madrid como una novia plantada en el altar. La bomba le ha explotado en la cara en el peor momento y la onda expansiva tiene consecuencias muy notables a corto y medio plazo para el club, que además no consigue arrebatarle el jugador a su némesis de estos tiempos, el club-Estado del PSG.

De entrada, el giro inesperado de guion sucede a una semana de la final de la Champions, con la erosión y el ruido que eso implica, y pase lo que pase en París, el no de Kylian compromete su planificación deportiva. En los dos últimos cursos, todos los croquis de Valdebebas colocaban al atacante como vértice del proyecto de un equipo que asiste a la recta final de su vieja guardia, con Modric (36 años) y Benzema (34) a la cabeza.

En el mundo hay dos jugadores llamados a dominar el fútbol y el marketing de la próxima década, Erling Haaland y Mbappé, y el Madrid tenía al francés como cuestión prioritaria. Sin embargo, en julio, cuando la plantilla vuelva a la actividad, ninguno de los dos cruzará la puerta de la ciudad deportiva. El noruego, por quien también mostró interés la entidad de Chamartín, lo hará en el City. Hace dos semanas se anunció el aterrizaje del goleador del Dortmund en Mánchester y nadie se inmutó en la Castellana. Mbappé, entonces, era cuestión de tiempo.

La llegada de la pandemia y sus graves consecuencias económicas obligaron todavía más a marcar las prioridades, y el Madrid dejó claro que la suya jugaba en el PSG. Durante dos campañas, los gastos en fichajes se redujeron casi a cero y todo lo recaudado en ventas, que no fue escaso (180 millones), se destinó a engordar el cerdito para suavizar pérdidas y poder acometer la operación. Apenas hubo una excepción de 30 millones, la llegada de Camavinga el pasado verano, y solo cuando en el último día de mercado se dio por descartada en ese momento la adquisición de Mbappé debido al muro negociador de Qatar, dueño de la entidad parisina.

Pese al grave inconveniente de la covid, el plan de ahorro había dado sus frutos y la cúpula blanca, en la última semana del pasado agosto, lanzó una ofensiva sin precedentes: tres ofertas consecutivas por 160, 180 y 200 millones por un jugador que terminaba contrato dentro de un año. La decisión, además de para exhibir músculo financiero en un momento de grave crisis mundial, sirvió para medir el grado de importancia que otorgaba el Madrid a la llegada de Mbappé. Un termómetro ahora de la decepción que deja el plante del futbolista, agravado por el instante tan sensible en que se produce.

Ante el inminente e inevitable declive físico de varios de sus hombres clave, el epicentro de la próxima década debía ser Kylian, el hombre para recoger el testigo de su amigo Benzema, que no ha parado de cortejar al joven cada vez que han coincidido en la selección. El nueve galo vive la mejor campaña de su carrera (44 tantos y 15 asistencias), pero cada curso que pasa es una bala menos en sus piernas. Desde el pasado verano, además, su regreso con Francia aumenta el estrés sobre su carrocería, que esta campaña ya ha dado muestras de alguna debilidad pese a su exuberancia anotadora (casi 10 partidos perdidos por lesión o descanso frente a seis de la pasada). La cercanía del Mundial y la frustración acumulada por su ausencia de la selección durante cinco años descartan a corto plazo cualquier posibilidad de renuncia de Karim al equipo nacional.

Esta temporada, bajo la mirada suave de Carlo Ancelotti, los blancos han encontrado al fin frutos en su política de adquisición de jóvenes talentos. En el ataque, Vinicius ha explotado y Rodrygo ha ofrecido grandes picos, sin embargo, la edad de Benzema obligaba a pensar en movimientos de calado porque, en la actual plantilla, por detrás de estos solo hay un enorme desierto, con Mariano, Jovic y el extravío de Hazard. El elegido era Mbappé, el nombre al que se fio todo y cuya continuidad en París obliga a repensar el plan deportivo del Madrid a medio, e incluso corto, plazo.

Un serio contratiempo deportivo que se une a la victoria en los despachos del PSG de Qatar. Derrotado en el campo en marzo en la Champions por la primera de las remontadas del Madrid, caída que afectó a la imagen de solidez del proyecto, ahora su fuerza económica y el despliegue diplomático y político del club y de Francia han concedido a la entidad parisina una victoria institucional nada menor frente a su declarado enemigo.

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