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Sheinbaum se enroca en el caso Rocha para ganar tiempo: “Es grave la estigmatización de Sinaloa”

Ante el formidable dilema que supone la acusación estadounidense contra el gobernador por vínculos con el narcotráfico, la estrategia está siendo levantar muros de contención y contraatacar con acusaciones de “injerencismo”

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Sheinbaum: "El objetivo del Departamento de Justicia es político"
Claudia Sheinbaum en Palacio Nacional, este jueves.Foto: CUARTOSCURO | Vídeo: EPV

Rubén Rocha lo solía repetir cada vez que aparecía un obstáculo en su carrera política. Durante la campaña que lo aupó a director de la Universidad de Sinaloa insistía en que Badiraguato, el pueblo serreño donde nació, tenía “un estigma” por ser la cuna de, entre otros, El Chapo Guzmán, pero que en realidad era “tierra de maestros”. Ya en la carrera para gobernador prometió “eliminar el estigma” y recuperar “la vocación sinaloense por la agricultura”. Y para enero de 2025, ya como gobernador, cuando los asesinatos superaban los 100 al mes por la guerra intestina desatada en el Cartel de Sinaloa, también dijo que la percepción de violencia era un estigma y que “en Sinaloa se vive perfectamente bien”.

Ahora, con el gobernador Rocha y otros ocho altos funcionarios del Gobierno estatal acusados de vínculos con el narcotráfico por un tribunal en Nueva York, que además pide su extradición, el contraataque del “estigma” ha vuelto. La presidenta ha dicho en su conferencia matutina de este jueves que es “muy grave esta estigmatización. Sinaloa es el granero de México”. Los prejuicios culturales han sido solo una de las líneas de defensa de la mandataria mexicana, que ante el formidable dilema que supone el caso para México, la estrategia está siendo por ahora enrocarse y ganar tiempo. En el plano jurídico, la Fiscalía pide más pruebas antes de actuar y llegar a una hipotética detención en México y extradición al norte de la frontera, como pide el Departamento de Estado. Mientras que en el plano político, Shienbaum también ha levantado la muralla, deslizando que “si no existen pruebas claras, es evidente que el objetivo de estas imputaciones es político”.

Las reacciones de los propios acusados, desde que las autoridades estadounidenses anunciaron las acusaciones, también han buscado envolverse en la bandera. El propio Rocha, epicentro de todo este terremoto, respondió que no iba “a pasar nada” en respuesta a unos periodistas en Culiacán, la capital del Estado. Desde dentro de su coche y sin dejar de mirar la pantalla de su teléfono celular, añadió que había hablado con la presidenta y que continuaría con su agenda diaria con normalidad. Horas antes había publicado un comunicado donde acusaba a la denuncia estadounidense de ser “un ataque al movimiento de la Cuarta Transformación, a sus emblemáticos liderazgos, y a las y los mexicanos que representamos esa causa”.

Otro de los imputados, el senador Enrique Inzunza Cázarez, mano derecha de Rocha y uno de los candidatos aún informales del morenismo para un futuro recambio en la gobernatura, también jugó la baza del estigma: “Nací y crecí en el municipio de Badiraguato, Sinaloa, de lo que me siento orgulloso. Hay quienes piensan que ese hecho permite suponer que quienes de ahí provenimos somos delincuentes. En nombre propio, de mi familia y de mi pueblo, rechazo esa infamia. Nos hemos alzado con el trabajo y el sudor de labrar la dura tierra y andar el monte”.

El golpe de los tribunales de Nueva York, que tensa sobremanera la relación bilateral, llega en un momento delicado en muchos frentes. La exhaustiva política de comunicación en materia de seguridad llevaba semanas remarcando la considerable bajada de las cifras de asesinatos, pese a continuar la guerra dentro del cartel, que ya supera el año y medio. En febrero, los casos registrados bajaron casi un 50%, pese a situarse todavía altos, con una media superior a los dos asesinatos diarios. En el plano exterior y económico, llega a apenas un mes de iniciar las negociaciones del tratado de libre comercio, TMEC, el escudo clave para México ante la guerra comercial de Trump.

Guardando los equilibrios, la presidenta desplegó sus líneas defensivas durante la conferencia matutina. Desde acusar al embajador estadounidense, Ronald Johnson, un halcón de la CIA y exboina verde, de “actitudes injerencistas” como respuesta a unas declaraciones donde el embajador decía que “la corrupción que facilita el crimen organizado será investigada y procesada”. Hasta recurrir incluso a las analogías históricas y recuperar unas viejas declaraciones de los diarios del expresidente Miguel de la Madrid, que prometió en los ochenta una “renovación moral” contra la corrupción y de apertura democrática que finalmente quedó en nada, para referirse a la relación con Estados Unidos: “Entre más blandito encuentran, más se van metiendo”.

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