TENIS | MASTERS 1000 DE MONTECARLO

Tsitsipas borda su primer Masters 1000

El griego barre a Rublev (doble 6-3, tras 1h 11m) y se adjudica Montecarlo sin ceder ningún set

Tsitsipas besa el trofeo de campeón, este domingo en Montecarlo.
Tsitsipas besa el trofeo de campeón, este domingo en Montecarlo.SEBASTIEN NOGIER / EFE

El sello de Stefanos Tsitsipas en la cámara, “en Montecarlo empezó todo”, invita a retroceder hasta 1981, cuando su madre Julia, hoz y martillo en su bandera, triunfó en el torneo del Principado siendo una júnior. Cuarenta años de un extremo a otro. De alegría a alegría, el hijo recoge el testigo e inscribe su nombre por primera vez en el palmarés de un Masters 1000, después de un cruce que se preveía de alto voltaje y acaba convirtiéndose en un delicioso soliloquio porque él lo borda y Andrey Rublev, ya justo de gasolina, contrariado de la primera a la última bola, no encuentra el mapa del partido y se pierde en el laberinto que dibuja el demoledor tenis del campeón. Doble 6-3, tras 1h 11m de recital, y un nuevo estirón competitivo del griego, que cada día que pasa se encuentra más cerca de su espacio natural. La gloria.

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Subraya Montecarlo el tenis que viene, ese mañana que se resistía y que, a tenor de los últimos acontecimientos, parece estar ya aquí. Se elevan los jóvenes conforme la vieja guardia se concentra en sus dominios, así que el presente destapa las genialidades de la nueva generación. Y en esto tiene mucho que decir Tsitsipas, quien después de unos cuantos devaneos, demasiadas redes sociales y demasiados despistes durante un par de años, remonta el vuelo y a sus 22 años enfila poco a poco esa dimensión a la que apunta desde que asomase la melena en la élite, teniendo ya una Copa de Maestros y su primer 1000 en el bolsillo. Él es, de hecho, el tenista más regular de la temporada, que no el que más victorias suma (22) porque ahí manda Rublev (24).

Sin embargo, llegada la final de este domingo el ruso (23 años) perdió la inspiración. Acusó el exigente trazado de toda la semana (Bautista, Nadal…) y se topó con la exquisita propuesta de Tsitsipas, mucho más entero y con un par de marchas más. Le sacudió el griego de principio a fin, explorando desde todos los ángulos y posiciones; demostrando, otra vez, que además de competir en dura también disfruta sobre la arcilla, y que aquel pelotazo de hace dos años contra Rafael Nadal en la Caja Mágica no fue ni mucho menos fruto de la casualidad. Tiene argumentos de sobra. También la voluntad. Aguerrido, ofensivo y con un repertorio de tiros excepcional, si consigue mantener el foco y controlar el nervio puede deparar pronto noticias más trascendentes.

Se le negaba la recompensa en un Masters 1000. Cedió en las finales de Montreal (2018) y Madrid (2019), y en Montecarlo tenía este domingo la oportunidad de rematar una semana de oro en la que fue abriéndose paso con autoridad (Karatsev, Garín, Davidovich, Evans…) hasta la embestida final contra Rublev. A este lo despellejó en un santiamén, arrebatándole el servicio a la primera y cediendo solo cinco puntos en el primer set con el suyo. Imponente al saque (86% con primeros), el cinco del mundo olisqueó el destemple anímico y táctico de su adversario, y fue a por él (siete de la ATP) con todo. Gobernó con la derecha y el revés; escuadra y cartabón a una mano, con el reverso. Una segunda rotura en el tercer juego del segundo parcial desniveló definitivamente el duelo y le concedió el laurel del torneo, adjudicado sin entregar un solo set.

Que no le pille a nadie de improviso. Tsitsipas tal vez tenga algo importante que decir durante el próximo mes y medio: Barcelona, Madrid, Roma... y París.

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