TENIS

“Djokovic ahora lo tiene todo: paz y guerra”

Con 311 semanas al frente del ‘ranking’, el serbio desbanca a Federer como el número uno más dominante de la historia. García-López, Corretja y Arrese analizan su juego, evolución y personalidad

Djokovic, tras ganar la final del pasado Open de Australia. / LOREN ELLIOTT (REUTERS)
Djokovic, tras ganar la final del pasado Open de Australia. / LOREN ELLIOTT (REUTERS)LOREN ELLIOTT / REUTERS

Cuenta el manchego Guillermo García-López que en 2005, cuando se midió por primera vez a Novak Djokovic, sobre la hierba de Wimbledon en la segunda ronda de aquella edición, cerró el día con lágrimas en los ojos.

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“Sentí mucha frustración. Le había ganado a Ferrer en la primera y estaba jugando bien. Iba dos sets arriba y con 5-4 tuve una bola de partido. Entonces, hice un buen primer saque y después pegué un winner de derecha hacia el otro lado; la cal saltó y el línea la cantó buena. Él vino a la red para darme la mano, pero de repente, cuando ya estaba celebrándolo, el juez de silla corrigió la bola y la dio mala. Al volver, tuve 6-5 y 40-0, pero él le dio la vuelta a ese juego y luego fue remontándome. Ha sido una de las pocas veces que he llorado al salir de una pista”, relata el veterano jugador, que a sus 37 años (236º de la ATP) apura la última recta de su carrera y pone de relieve el inquebrantable apetito del serbio. Este último, desde ayer, rey entre los reyes.

No se cansa Djokovic de ganar ni coleccionar récords. Mientras dirime con Rafael Nadal y Roger Federer quién será el jugador con más grandes de la historia —los dos primeros, 20 por cabeza y él, 18 tras el Open de Australia obtenido hace dos semanas—, se ha asegurado ser a partir de ahora el número uno más dominante de la historia. Con la última actualización del listado, Nole acumula 311 semanas y ha dejado definitivamente atrás al suizo, obligando a recordar ese viejo vídeo del 94 en el que siendo un niño de 7 años dijera convencido, con una gorrilla hacia atrás, que para él el tenis ya era entonces “una obligación” que le requería entrenarse por la noche y que su meta era ser el jefe del circuito. Del dicho al hecho, con mayúsculas.

“En el Masters de Madrid, recuerdo que ya estaba a tope y me dejó en tres juegos”, rebobina García-López en referencia al duelo con el serbio en 2011, cuando se midieron en la Caja Mágica antes de que su rival se encaramase por primera vez a lo más alto. Entonces, 4 de julio, Djokovic tenía 24 años y 43 días, y ya amenazaba con aplicar la tiranía. “Lo que más me impresiona de él es que es prácticamente imposible encontrarle un solo hueco”, interviene Alex Corretja, exnúmero dos del mundo, doble finalista de Roland Garros (1998 y 2001) y campeón del Masters (1998).

“Es tremendamente difícil hacerle daño por ningún lado, aunque le juegues cortado, liftado, a la derecha o al revés… Cuando alguien va a jugar contra él, en cualquier lado, piensa que el partido va a ser horriblemente difícil. Cuando tenías enfrente a Sampras o Agassi, sabías que en tierra te iban a flojear, pero él no tiene fisuras. Es capaz de ganarlo todo sobre todas las superficies, a un nivel muy alto y durante tantas semanas. Es muy completo en todos lados. En ese sentido es parecido a Nadal, aunque creo que tácticamente es más difícil jugarle que a Rafa. La única opción que tienes es desesperarlo, lo único que puedes hacer es plantarle una pared tan grande que acabes sacándolo de quicio”, agrega el catalán.

Y coincide en el análisis técnico García-López: “No tiene ningún punto flaco por el que le puedas entrar. Ha ido mejorando año tras año y creo que nunca ha perdido el hambre. Eso es lo que más me impresiona de él [33 años]. Lógicamente, todos los que están ahí arriba tienen esa hambre, pero él no ha dejado de evolucionar constantemente. También, ha sido un jugador que ha sabido adaptarse como nadie a las circunstancias. Antes se jugaba de una forma y ahora el tenis es completamente distinto, y él ha sabido amoldarse muy bien, como Nadal [34] y Federer [39]”.

El que diese la alternativa al balear en la Copa Davis y a su vez lograra la plata en los Juegos del 92, Jordi Arrese, opina que el de Belgrado ha alcanzado el punto ideal. “Resta una barbaridad y, parece que no, pero saca otra barbaridad. Creo que es el que más apura las líneas. Ya no tiene tantas limitaciones con la derecha, así que puede jugar más dentro de la pista y defensivamente se protege mejor, y ha mejorado mucho el saque y también la volea. Además, ha ido aprendiendo cortar la jugada con las dejadas. Estuvo un par de años en los laureles, con demasiada paz, le faltaba guerra. Y ahora lo tiene todo: la paz y la guerra necesarias”.

Siempre en el ojo del huracán, por una razón u otra, a Djokovic le persigue una fama de la que no se consigue desembarazar. “No tanto porque rompa una raqueta o no, porque hay muchos ídolos que lo han hecho, sino por su forma de gestionar sus dolencias. La gente no acaba de comprender cómo alguien es capaz de reponerse cuando hace un momento no era capaz de andar o se le caía el hombro. Creo que tiene un umbral superior al de los demás. Yo entiendo perfectamente que se bloquee, lo que pasa es que a él le gusta exteriorizar sus problemas. Es de sangre caliente, balcánico, se enerva. Él, Nadal y Federer son almas distintas. Es un ídolo incomprendido. ¿Que debe dar ejemplo? Él debe hacer lo que cree y siente. Nadie debe actuar como un robot”, razona Corretja.

“Estamos en un país en el que está Rafa, y además somos latinos. Es decir, lo nuestro es lo mejor. Novak es un fenómeno y una buena persona. Aquí se ha perdido el norte con las críticas”, añade Arrese. “Demuestra el dolor más que otros, y eso a veces sienta mal. Recuerdo haber jugado contra él en Estoril, y estando el partido muy igualado lo paró durante diez o quince minutos porque decía que no veía bien… Ha ido por épocas. Quizá tiene poco filtro a la hora de hablar, y dice lo que se le pasa por la cabeza; a lo mejor no como se lo diría a un amigo, pero si quiere decir algo lo dice y eso a veces te pasa factura. En cualquier caso, nadie puede discutir que es uno de los mejores de la historia”, resuelve García-López.

En ese difícil terreno de la comparativa, al de La Roda (Albacete) le recuerda “estratégicamente a Borg, por ese juego de derecha y revés, y mentalmente a Connors por la garra”. Arrese, mientras, traza el paralelismo con Ivan Lendl: “Tienen un perfil similar, ese punto guerrero, de malas pulgas. Pero también sabe encontrar la tranquilidad y ha evolucionado mucho más. A Lendl no lo tragaba nadie en el circuito”.

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